Qué privilegio poder correr, pagar un gimnasio, comprar comida saludable, tener trabajo, pagar las cuentas, tener piernas que caminan, ojos que ven y una mente que funciona.
A los 30s ya no somos el primer amor; con suerte, podemos ser el segundo. A los 30s nadie se muere por nadie, porque ya hemos muerto por alguien antes. No nos entregamos al amor por completo y sin miedo, porque ya sabemos qué pasa después. A los 30s el amor ya no es más una idea