Ojalá no olvidemos lo que hemos visto estos días.
Miles de españoles celebrando juntos, con orgullo y sin preguntar a quién vota el de al lado.
España unida siempre será mucho más fuerte que quienes viven de enfrentarla.
Llevan años diciéndonos que necesitamos más inmigración.
Quizá la pregunta es otra:
¿Qué han hecho para que los españoles puedan independizarse, acceder a una vivienda y tener hijos?
Porque esa sigue sin tener respuesta.
Las democracias no caen de un día para otro, se debilitan paso a paso cuando se tensionan los contrapesos del Estado. Sentar el precedente de que instruir una causa de alto perfil político puede acarrear represalias disciplinarias es una señal alarmante para el Estado de derecho.
Alegrarte de la derrota de Topuria y desear que tu país no consiga nada en un Mundial… denota la charca en la que se está convirtiendo España.
Destaca alguien de aquí, compite España en algo…
y aparecen los mismos de siempre.
Los que no celebran nada.
Los que solo están cómodos cuando algo sale mal.
Los que tienen una alergia rarísima a ver a España ganar.
Y ojo, no hablo de que te guste más o menos Topuria.
Ni de que te importe más o menos el fútbol.
Ni de que tengas que ir por la vida con la bandera en la frente.
Hablo de alegrarte.
De ver perder a alguien que representa a tu país y sonreír.
De querer que tu selección caiga.
De necesitar que a los tuyos les vaya mal para confirmar tu discurso.
Eso ya no es opinión.
Eso es resentimiento.
La supervivencia humana siempre ha dependido del éxito en grupo.
De entender que, aunque no todos pensemos igual, si a los tuyos les va bien, algo de eso también te pertenece.
Pero en España hemos llegado a un punto en el que parece que estar orgulloso de tu país está mal.
De tu bandera.
De tus deportistas.
De tus tradiciones.
De las hazañas que hemos conseguido.
De lo que fuimos, de lo que somos y de lo que podríamos volver a ser.
Y a mí me cansa.
Me cansa que en España haya que pedir perdón por querer a tu país.
Me cansa que celebrar algo español sea automáticamente “ser un facha”.
Me cansa que cualquier símbolo nuestro tenga que ir acompañado de una explicación, de una disculpa o de un “pero”.
Me cansa que nos hayan enseñado a mirar lo nuestro con vergüenza mientras otros países celebran lo suyo sin complejo.
Y sobre todo me cansa una cosa:
que hayamos normalizado que odiar a España te hace profundo, crítico o inteligente.
No.
Odiar por sistema no es tener criterio.
Alegrarte de que pierdan los tuyos no es rebeldía.
Y despreciar todo lo que viene de casa no te hace libre.
Te hace alguien que no sabe pertenecer a nada.
Y esto hay que cambiarlo ya.
Desde algo muy simple:
volver a dejar de sentir vergüenza por alegrarnos cuando a España le va bien.
Porque criticar tu país está bien.
Querer mejorarlo, también.
Pero para querer mejorar algo, primero tienes que sentir que también es tuyo.
igual el problema no es la bandera.
Igual el problema es la charca mental en la que nos han metido.
Y cuanto antes salgamos de ahí, mejor.
Trabaja.
Cotiza.
Paga impuestos.
Y acepta que tendrás que trabajar más años.
La clase política nunca se aprieta el cinturón con el mismo entusiasmo que exige sacrificios a los demás.
#ÚltimaHora 🔴 PP y PSOE tumban la reforma para eliminar las penalizaciones a los jubilados que se retiren de manera anticipada con más de 40 años de cotización https://t.co/U3ym1A2E5X
40 años trabajando. 40 años cotizando. 40 años sosteniendo el sistema.
Y cuando llega tu turno, PP y PSOE votan para seguir penalizándote si te jubilas antes.
La casta política siempre encuentra la forma de quedarse con una parte más.
Hoy #RamiroArraigo le pide a @Pontifex_es que defienda la cruz más grande del mundo.
Mientras algunos quieren borrar nuestra historia, fe y símbolos, millones de españoles siguen viendo en la Cruz del Valle un legado espiritual, cultural y artístico de valor incalculable.