"y cuando no había (...) nada que arreglar, fabricaban cosas que, con el pretexto de la necesidad material, les daban, de un modo no muy convincente, la ilusión de dominar lo ingobernable."
Saer, "el entenado"
@ivanaszerman En las transmisiones radiales de los partidos de fútbol de Pellegrini había una publicidad excelsa: "que en estas fiestas el tornillo de la felicidad se enrosque en la tuerca del amor, y que sean de ferretería Tomasello"
Lo que sucedió hoy en Luzu no es ni más ni menos que la exteriorización de una lógica. Las redes, el clipeo, el éxito evanescente, el tomar todo a la ligera, el contenido superficial.
Nunca una pausa, porque resta. Nunca profundidad, porque no promueve el engagement. Por eso el saldo es injusto: pagan las caras visibles, aunque se ha vuelto parte del ecosistema digital el pedido de "disculpas" de cientos de personajes que se pasan tres pueblos todo el tiempo.
El dueño del canal es tan responsable como la producción o la conductora. Llevar adelante un medio implica poner pautas, una línea editorial, un modo de comunicar, límites éticos y estéticos. Cuando los fines son más importantes que los medios empleados pueden pasar estas cosas. Ganás en 10 y perdés en una.
Te va a pasar. Inexorablemente te va a pasar. Es jugar a la ruleta rusa pensando que la fama y la adrenalina no queman. Sí queman, sobre todo si no fuiste capaz de construir las prendas ignifugas (los lineamientos).
Mucho bait, mucho clip, siempre siguiendo el contenido viral. Tal vez sea hora de parar la pelota. De pensar y evaluar. Pero eso no va a suceder. Lo que sí volverá a pasar es que en unas semanas o meses, tendremos algún otro desagravio frente a alguien que se pasó tres pueblos buscando esas visualizaciones explosivas. En bucle.