No salí de ese café pensando que mi papá tenía razón y mi mamá no.
Salí pensando en que veinte años de una narrativa construida sobre información incompleta habían moldeado cosas en mí que ya no sé cómo deshacer.
La manera en que entiendo las relaciones. La manera en que gestiono los conflictos. Lo que creo que es normal y lo que creo que no lo es.
Todo eso construido sobre media historia.
Hay cosas que los papás hacen sin querer hacerlas y que los hijos cargan sin saber que las están cargando.
Y a veces uno llega a los treinta años a descubrir el peso que ha estado cargando desde los ocho.
Anónimo
Mis papás se divorciaron cuando yo tenía ocho años.
Durante veinte años construí una narrativa clara en mi cabeza sobre quién había tenido la culpa y por qué. Basada en lo que vi, en lo que escuché, en lo que mi mamá me contó sin querer contarme.
Hace tres meses mi papá me invitó a tomar un café y me contó su versión.
No para justificarse. Solo para que yo la supiera antes de que fuera demasiado tarde para contármela.
Estuve dos horas escuchando una historia que conocía pero desde un ángulo que nunca había visto.