Soy lo suficientemente madura para admitir que a veces soy una persona difícil. Sobrepienso todo, actúo con impulsividad y puedo ser complicada de entender. Soy sensible a otro nivel y necesito paciencia, pero también sé que mi amor no se compara con el de nadie.
Yo solía repetirme a mí misma: “Tal vez están pasando por algo”, pero después me di cuenta de que yo también estoy pasando por cosas y jamás me comportaría de esa forma.
Cuando actúas siempre desde el amor, nadie puede arrebatarte nada. Las veces que ayudaste, regalaste, cuidaste o hiciste algo desde el fondo de tu corazón. Todo eso se queda contigo, te conviertes en todo el amor que das y eso nadie lo cambia.
He aprendido tres lecciones en lo que va del año: dejar a las personas donde quieren estar, aceptar las cosas tal como vienen y entender que no toda acción merece una reacción. A veces, la verdadera paz está en no forzar, no retener y no responder.
Esta generación jamás sabrá lo que era ir a un cyber para alquilar una computadora por 30 minutos, después de eso regresabas a tu casa y no volvías a tocar el internet hasta que regresabas al cyber