A veces lo mejor que alguien puede hacer por nosotros es decepcionarnos. La decepción es lo único que nos quita las vendas de los ojos. Y aunque muy difícilmente, también las del corazón.
Les cuento cosas:
De chiquita quería trabajar en la ONU y a veces soñaba con ser presidenta, creía que eso me haría feliz. Hoy, me conformo con estar tranquila en alguna esquina sin que nadie me moleste.