Donald Winnicott escribió: “El miedo al derrumbe es el miedo a un derrumbe ya experimentado”.
Y agrega algo conmovedor: “Hay momentos en que el paciente necesita que se le diga que ese derrumbe que teme, ese miedo que está destruyendo su vida, ya tuvo lugar”.
No todo miedo anuncia una catástrofe. A veces se trata de una experiencia que todavía busca un lugar porque no ha podido ser vivida, pensada o nombrada.
"Uno piensa que tendrá tiempo de decir las cosas, y cuando se quiere dar cuenta ya es demasiado tarde. Uno piensa que basta con dar muestras de cariño, con hacer gestos, pero no es verdad, hay que decir lo que se siente".
— Delphine de Vigan.
Un amor más allá del amor,
por encima del rito del vínculo,
más allá del juego siniestro
de la soledad y de la compañía.
Un amor que no necesite regreso,
pero tampoco partida.
Un amor no sometido
a los fogonazos de ir y de volver,
de estar despiertos o dormidos,
de llamar o callar.
Un amor para estar juntos
o para no estarlo
pero también para todas las posiciones
intermedias.
Un amor como abrir los ojos.
Y quizá también como cerrarlos.
Un amor más allá del amor.
Roberto Juarroz
Barthes habla del enamorado que sabe que ama porque espera; en los Talking Heads, el paso del tiempo es bello cuando uno está con quien ama. Borges, sobre el que ama y espera en soledad: «Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo».
"Nadie puede escapar de su subjetividad. Siempre hay un yo o un nosotros escondido en algún lugar del texto, aunque nunca aparezca el pronombre como tal".
"Vivir, pensar, mirar", Siri Hustvedt