"Todos deberíamos disponer de alguien con quien poder hablar francamente. Por mucho valor que se tenga, uno se siente cada vez más solo".
Ernest Hemingway
Lo más irónico de la historia de Rhaenyra es que existe, en gran medida, para dar contexto a la de Daenerys. Nos muestra a una reina Targaryen por derecho cuyo fracaso debía dar paso a la última de su linaje, la que, en teoría, cumpliría aquello que Rhaenyra no pudo.
Sin embargo, los Showrunners decidieron sacrificar años de desarrollo para darle a Daenerys un desenlace que contradijo su propio recorrido.
Es probable que en los libros Bran Stark termine siendo el rey. Pero también creo que, antes de eso, Daenerys llegará a reinar y desempeñará un papel esencial en la guerra contra la oscuridad, la misma amenaza sobre la que Rhaenyra y cada heredero Targaryen fueron advertidos durante generaciones.
Es precisamente por eso que me cuesta conectar con el enorme peso que House of the Dragon le da a la profecía. Sabemos adónde conduce en Game of Thrones, a una Larga Noche que apenas duró un episodio y a una resolución que convirtió años de construcción en algo casi irrelevante.
Aun así, después de ver cómo terminó la historia de Daenerys, valoro mucho esa escena de Rhaenyra sentada en el Trono de Hierro. Porque, aunque sea por un instante, se siente como una pequeña compensación por todo lo que nos quitaron.
Me encanta cómo, incluso en medio del dolor y las dudas de Rhaenyra, Daemon consigue hacerla reír, llevándola a esa fantasía grandiosa y desmesurada que siempre han compartido:
—Estoy triste. No sé si Westeros me aceptará como su reina.
—Bien, entonces tomaremos los dragones y conquistaremos Dorne, Essos, Yi Ti y todos los lugares de la tierra para hacerte emperatriz, Rhaenyra.
—¿Nos llamas saqueadores como a los piratas que nos asedian?
—Nos llamo dioses, Rhaenyra. Como siempre estuvimos destinados a ser.
#HouseOfTheDragon