La lealtad no hace ruido. No promete, no presume, no negocia. Está ahí cuando todo se cae, cuando ya no queda nada bonito que mirar. Es la mano que no suelta, incluso cuando tú eres el que tiembla.
Cuando te pasen cosas buenas, créetelas y dale gracias a Dios. Son oraciones contestadas. Muchas de esas cosas te costaron lágrimas y noches sin dormir... Eso no es suerte, es Dios.