@transmisitp no me he podido contactar con ustedes realicé una recarga el lunes en horas de la mañana y no he podido recargar por que algo salio mal y me envían a un numero y me dice que no tengo recargas pendientes tengo los pantallazos de todo necesito ayuda
La mayoría de la gente no sabe lo horrible que es el tener que andar con una hoja de vida recorriendo la ciudad y pasar de entrevista en entrevista sin respuesta.
Les deseo que tengan un trabajo estable y los que ya lo tienen por favor cuídenlo.
$2.000.000 no es digno para un trabajador, pero $16.000.000 si lo son para unas ratas hijueputas sentadas en el congreso, que se han dedicado a desangrar el país, que repudio me producen.
¿$32,000,000 muy poco para un senador, pero $2,000,000 es demasiado para un trabajador común y corriente? ¿Es en serio? ¿Qué putas les pasa? ¡Malparidos!
Severo visa-je.
Tan normalizado eso de la Visa ¿No? Es decir, tenemos completamente interiorizado que si alguien de nuestro país quiere ir a los Estados Unidos tiene que pasar por un proceso vergonzoso para ser aceptado, que porque sospechan de que seamos malas personas que se pueden quedar a trabajar en su poderoso país o hacer malos negocios; pero al mismo tiempo aceptamos como normal que vengan todo tipo de turistas norteamericanos y de todo el mundo a promover la venta y el consumo de drogas, la explotación sexual, la inversión desmedida en propiedades y tierras promoviendo la gentrificación. Está vaina de la visa nos hace reconocernos como los malos del paseo, cuando la migración latina les aporta injustamente mano de obra barata al tiempo que es incapaz de generar desigualdad y cambios estructurales que lleven a la miseria; mientras que un puñado de turistas e inversionistas estadounidenses pueden desencadenar cambios profundos en nuestros países dejando daños irreparables en los territorios que explotan con sus grandes capitales. Así lo han hecho en muchos países del mundo desde hace siglos. Son el Sincara del viaje de Chihiro.
Perdónenme por no querer el"sueño
americano" lo mío es el "sueño colombiano"
Terminar en una finca al lado del amor de mi vida, tomando cafecito todas las mañanas.
Dizque sorprendidos por lo que sucede en el D1. No se habían fijado que el mismo de la caja, es el vigilante, mercaderista, surtidor, encargado del aseo, e inventarios. No jodas.
Una mañana, mientras sacaba a pasear a este gran corazón con patas, se detuvo de golpe al pie de un arbusto. Normalmente tira de la correa con entusiasmo para correr, olfatear, explorar. Pero esa vez se quedó quieto. La mirada fija, las orejas erguidas. Y luego, muy lentamente, se acercó.
Tres pequeñas bolitas temblaban bajo las hojas. Flacas. Sucias. Abandonadas.
Apenas tenían unas semanas de vida. Dos naranjitos y un atigrado, todos apretados entre sí, buscando sobrevivir a la noche. No había una madre. Nada. Solo ellos. Frágiles. Solos. En silencio.
Quise recogerlos, meterlos en una caja. Pero él, mi perro, ese gigante a menudo torpe, se tumbó en el suelo, con el hocico pegado a ellos. No gruñó. No se movió. Simplemente se acostó allí, como si supiera que lo único que necesitaban era calor, calma, protección.
Ese día, no tomé yo la decisión.
La tomó él, por mí. Lo convencí que los iba a llevar a casa
Desde entonces, no se separan de él. Duermen junto a su cuerpo, se esconden entre sus patas, trepan por su espalda como si fuera una montaña suave y viva. Él no dice nada. Los cuida. Les deja morderle las orejas, jugar con su cola, dormirse sobre su pecho.
A veces lo observo. A él, el viejo, el rescatado de un pasado difícil. Ese perro que adopté cuando nadie más lo quería, cuando decían que era “demasiado grande”, “demasiado viejo”, “demasiado complicado”. Y ahora lo veo transformado, convertido en guardián, en punto de referencia, en un papá gigante para una pequeña camada que él mismo salvó.
No son sus cachorros. Ni siquiera son de su especie. Y, aun así, los ama como si fueran suyos. Como si en esos tres seres diminutos y perdidos, hubiera reconocido una parte de sí mismo.
Hoy son una familia.
Un rompecabezas viviente, extraño, improbable, pero perfecto. Un recordatorio de que el amor no tiene forma, ni raza, ni lógica. Solo necesita un corazón lo suficientemente grande para recibirlo.
Y el suyo… desborda. Y el mío también.
De la red
Míralos cómo celebran que trabajes hasta las diez de la noche y no te paguen recargo nocturno o que el dolor de tu menstruación te parta en dos y aún así debas ir a trabajar. Este es el odio de clases.