Petro prometió sobre mármol que no haría una asamblea nacional constituyente para llegar al poder, una vez llegó, impulsó una asamblea, recogió plata para financiarla e impulsó a Iván Cepeda con esa idea.
Ahora que perdieron la primera vuelta, quieren volver a engañar al país diciendo que ya abandonaron esa idea y que Iván Cepeda se compromete a no hacerlo.
Al perro no lo capan dos veces. Los colombianos no son tontos como ellos creen. Mentirosos.
La izquierda lleva toda la vida hablando de discriminación, segregación, y utilizando un discurso de aceptar los pensamientos diferentes, pero ellos discriminan, segregan y no aceptan que alguien no sea de izquierda. No tiene sentido.
Petro ha venido a Barranquilla al menos 7 veces en sus 4 años de Gobierno. ¿Y saben cuántas de esas visitas fueron para entregar obras? ¡CERO!
Vino por el caso de Nicolás Petro, por cabildos abiertos, por la consulta popular, por eventos como “Gobierno Escucha” y por distintos actos políticos. Hoy vuelve, al parecer, para hacer campaña a favor de Iván Cepeda.
Señora @aida_quilcue , tildar a los egresados de universidades privadas de ser los culpables de la corrupción, demuestra un profundo desconocimiento del país. Miles de estudiantes en la privada son estrato 1, 2 y 3, que pagan su carrera con las uñas, becas o créditos. Estudiar y progresar no es un delito, es un orgullo colombiano.
Si usted hubiera asistido a una, quizás lo entendería.
NO ME GUSTA ADMITIRLO, PERO TENER ESTABILIDAD ECONÓMICA ELIMINA EL 99% DEL ESTRÉS. EL DINERO ES UNA DE LAS COSAS MÁS IMPORTANTES DE LA VIDA Y NO DEBERÍAMOS FINGIR QUE NO LO ES.
Llámale karma, suerte, energía, justicia Divina, dile como tu quieras, pero lo único que es cierto es que todo lo que das en la vida es lo mismo que vas a recibir, incluso cuando parece lo contrario es porque vienen las recompensas multiplicadas.
les juro que estoy buscando la forma de cogerle amor y verme por lo menos 10 minutos del regreso del final de la temporada del desafio y juro no la encuentro, quemaron totalmente el reality.
Victoria trabajó diez años en una morgue. Empezó a los 23 y se fue a los 33. Nada la sorprendía ya. Había visto de todo.
Choques, sobredosis, suicidios, homicidios. Cientos, miles de cuerpos. Un día le pregunté qué era lo que nunca se olvidaba. Se quedó callada.
Después habló.
“No son las escenas fuertes. No son las heridas ni los rostros irreconocibles. Eso, con el tiempo, deja de impactar.”
Lo que se queda contigo es lo cotidiano.
Una mujer joven, 25 años. Bonita, bien arreglada. Sin marcas. Parece dormida. Junto a ella, una nota: “Mamá, perdóname”.
Un hombre de unos 40. Traje caro, cuerpo fuerte.
En su bolsillo, la foto de su hija. Atrás decía: “Al mejor papá del mundo”… Murió de un infarto mientras entrenaba.
Una abuela, manos llenas de arrugas. Las uñas perfectas, con dibujos. Su nieta se las había pintado el día anterior.
¿Sabes qué tenían en común? Todos tenían planes.
Boletos guardados. Citas agendadas. Mensajes sin enviar.
Una mujer estaba cocinando.
Las verduras seguían sobre la mesa.
En su lista de compras: pan, leche, flores para el cumpleaños de su mamá.
Un chico de 20 años.
En la mochila, libros y un regalo. Un anillo.
Iba a pedir matrimonio.
Victoria decía que los cuerpos destrozados no son lo que más asusta. Te acostumbras.
Lo que eriza la piel es ver personas normales, con vidas normales, planes normales.
Ahí entiendes que entre vivir y morir solo hay un instante.
Desde entonces, cada mañana me hago la misma pregunta:
¿Y si hoy fuera el último día?
¿Qué palabras sigo guardando?
¿A quién no he abrazado todavía?
La muerte no avisa.
No pide permiso.
Llega en medio de un día cualquiera,
rompe planes cualquiera,
y se lleva una vida cualquiera…
Ninguna pareja, ninguna amistad, ningún familiar, ningún trabajo, ninguna carrera vale tu salud mental.
Que nadie te haga creer que tienes que aguantarte lo que te destruye.