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Todo comenzó en las reuniones familiares en casa de mi cuñada, él es amigo de mi sobrino, casi siempre se encontraba allí, volviéndose de la familia, en la la platicada
con los muchachos, me reía de sus bromas , fingía estar distraído, pero notaba su mirada discreta,yo tmb lo miraba, comenzó a despertar curiosidad. Un día me agregó a Face, hablamos de cosas sencillas durante el día, cualquier pretexto servía para mantener la conversación, una noche ya en confianza, terminó confesándome que le daba pena hablarme cuando mi marido estaba presente, según él, mi esposo tenía una mirada que imponía respeto y parecía darse cuenta de todo, yo: No te preocupes, puedes hablarme con confianza, desde ahí nuestras conversaciones se volvieron más frecuentes, aquella timidez fue dando paso a una confianza diferente, no necesitábamos decirlo abiertamente; había cosas que se entendían entre líneas, la siguiente reunión fue en casa de mi sobrino. Había música, bebidas, conversaciones por todas partes, cuando él llegó, me saludó con una sonrisa que me hizo sentir algo, durante la noche intercambiamos miradas cada vez más largas, intentaba concentrarme en las conversaciones, pero terminaba buscándolo con los ojos, después de varias horas, mi marido distraído con sus cuñados, se acercó a mí, él: se te nota tus nalgas muy bien con el jeans, sonreí,me sorprendió el comentario, pero me gustó! Yo: ¿Hasta ahora te animas a decírmelo?, él: No tienes idea de cuánto tiempo llevo queriendo hacerlo, dejó de esconder lo que sentía, me miraba directamente a los ojos, ya no disimulaba, yo tampoco, él: ¿me acompañas abajo a la cochera? Yo: te espero abajo, se discreto, la cochera estaba oscura, desde la casa llegaban las voces y la música, cada vez más lejanas, se fue acercando, él: ¿Sabes cuántas veces he imaginado estar a solas contigo? Lo miré sin responder nos acercamos más hasta que nos besamos
desaparecieron de golpe todas aquellas conversaciones inocentes, las miradas furtivas y las palabras que nunca nos habíamos atrevido a pronunciar, fue subiendo de intensidad, él: Pensé que nunca me ibas a dar una oportunidad, le acaricié el rostro y sonreí. Yo: Tal vez nunca me lo habías pedido de la manera correcta,
Su sonrisa me hizo reír bajito, Afuera seguía la reunión, ajena a lo que ocurría entre nosotros, volvimos a besarnos, ya no quedaban dudas sobre la atracción que existía entre nosotros……