Dios te llama a su mesa, él está dispuesto a cambiarte de ropas, darte un nuevo nombre, una nueva vida, para eso ha venido Jesus al mundo. Él no se ha dado por vencido contigo y no lo hará.
Dios no solo piensa en sostenerte hoy, sino también mañana. Él está siempre un paso adelante. Y aunque su provisión no siempre llegue de la forma esperada, su fidelidad no falla.
“Te tomé de los confines de la tierra, te llamé de los rincones más remotos y te dije: “Tú eres mi siervo”. Yo te escogí; no te rechacé.”
Isaías 41:9 NVI
Recuerda que en Cristo Jesús somos nuevas creaturas. Tu valor no se define en tus errores ni inseguridades. Sin importar cuantas mentiras hayas creído y declarado sobre tu vida, no hay palabras más poderosas que las que Dios ya ha hablado sobre ti.
Dios quiere sanarte, usarte, llevarte a más.
Pero también espera que tú hagas tu parte.
Y sí, eso puede doler. Pero es un dolor que libera.
Un corte que sana.
A veces lo más pequeño y aparentemente inofensivo puede alejarnos de la vida abundante que Dios quiere darnos.
Él no dice: “Amárralo y contrólalo”.
Dice: “Córtalo”.
Porque lo que se amarra, se puede desatar. Pero lo que se corta, se deja atrás.