Tengo 78 años, vengo de una generación cargada de rencores. Sueño con una enorme marcha de jóvenes y mayores dónde no haya lugar para aquellos viejos rencores.
Derrota absoluta del gobierno. Van a quitar el capítulo tres, el de manejo de fuego, porque sino se les cae la ley.
Otro triunfo de la selección argentina!!!
Se acaban los negocios Javo!!!
Las Malvinas son Argentinas!!!
Esta foto la sacó ayer el fotógrafo Juani Roncoroni.
Después de lo que le pasó a Pablo Grillo esta foto vale el doble.
6 de agosto de 2026
Congreso de la Nación
La propiedad de la tierra no es un bien cualquiera. Está ligada a la producción de alimentos, al agua, a nuestros recursos naturales, a nuestras zonas de frontera y a la seguridad del país.
No se puede pensar el desarrollo de un país desregulando, concentración, y librando todo al mercado. Se debe incentivar la producción, generar valor agregado, promover el arraigo, la incorporar ciencia y tecnología, y la preservar para las generaciones futuras los bienes estratégicos de todos los argentinos.
El retiro del capítulo de Ley de Tierras Rurales y luego en plena sesión, del relativo al manejo del fuego es una señal importante. Muestra que cuando la sociedad se involucra y hace oír su voz, las cosas pueden cambiar.
Pero también digo con claridad: este debate no terminó, y hay que seguir atentos.
DE HIROSHIMA A LA ARGENTINA: EL EXTERMINIO YA NO NECESITA BOMBAS ATÓMICAS
Hace 81 años, las bombas atómicas arrojadas por Estados Unidos sobre Hiroshima y Nagasaki demostraron que el poder tecnológico podía exterminar ciudades enteras en segundos.
Hoy las bombas siguen amenazando al mundo. Pero el poder global encontró métodos más silenciosos para someter pueblos sin destruir los territorios que pretende apropiarse.
El tecnofeudalismo no necesita bombardear la Argentina.
Busca quedarse con nuestra tierra, agua, minerales, energía y biodiversidad. También con nuestros datos, emociones y pensamientos.
Hiroshima representó el exterminio instantáneo: destruir a la población junto con el territorio.
El tecnofeudalismo practica otra forma de exterminio: empobrecer, debilitar y expulsar a la población para preservar los recursos que desea explotar.
La bomba atómica arrasaba ciudades. El poder contemporáneo captura Estados mediante deuda, desregulaciones, privilegios y gobiernos dispuestos a convertir la soberanía nacional en negocios para corporaciones extranjeras.
Eso está ocurriendo hoy en la Argentina.
El Gobierno intentó eliminar los límites a la extranjerización de las tierras. Como no consiguió los votos, ahora pretende elevar del 15% al 25% la superficie rural que podría quedar en manos extranjeras.
Pero entregar la tierra no es solamente vender hectáreas.
Es entregar lo que existe sobre ella: bosques, biodiversidad, cultivos, alimentos, ríos, lagos, nacientes, caminos, fronteras y fuentes de energía solar y eólica.
Es comprometer lo que existe debajo de ella: acuíferos, litio, cobre, oro, plata, uranio, petróleo y gas.
Aunque jurídicamente muchos de esos recursos pertenezcan a las provincias, quien adquiere grandes extensiones domina el acceso físico, condiciona su aprovechamiento y acumula poder para influir sobre las decisiones vinculadas con su explotación.
Vender tierras cercanas a ríos, acuíferos, fronteras, puertos, rutas o yacimientos no es una simple operación inmobiliaria: es ceder posiciones estratégicas para el control del agua, la producción y la circulación.
La tierra no es una mercancía reproducible. Su venta condiciona durante generaciones qué producimos, quién lo produce, hacia dónde se exporta y quién recibe la renta.
A esa entrega territorial se suma la de nuestros recursos cognitivos.
Las plataformas extraen nuestros datos para conocer qué tememos, qué deseamos y contra quién nos indignamos. Sus algoritmos manipulan emociones, organizan la conversación pública y pueden orientar decisiones electorales.
El nuevo poder no solo quiere saber qué pensamos: quiere controlar las condiciones en las que pensamos.
La tierra alimenta nuestros cuerpos.
El agua sostiene la vida.
La energía mueve la economía.
Los datos permiten gobernar conductas.
La atención organiza la voluntad colectiva.
El tecnofeudalismo pretende apropiarse de todo.
Por eso instalar centros de datos extranjeros no garantiza soberanía tecnológica. Si consumen nuestra tierra, agua y energía, pero los datos, algoritmos y decisiones permanecen bajo control corporativo extranjero, la Argentina no se convierte en potencia: se convierte en una colonia computacional.
El exterminio contemporáneo no siempre mata de inmediato. También consiste en impedir que un pueblo tenga futuro.
El siglo XX demostró que una potencia podía borrar una ciudad con una bomba.
El siglo XXI puede demostrar que las corporaciones tecnofeudales pueden vaciar una nación sin arrojar ninguna.
Una Nación también desaparece cuando conserva la bandera, pero otros controlan su tierra, sus recursos, sus datos, sus pensamientos y su futuro.
Este maldito perro del hortelano.
Insignificante con sentimiento de inferioridad, tira con una Gomera y piedras a la cara de los manifestantes.
Fotografía sacada este jueves 6/6/2026.
Y encima nuestros impuestos le paga el sueldo a esta basura.
Acaba de salir el fallo histórico de Laguna Paiva. Todos los genocidas condenados incluido el ex juez Brusa a largas penas de prisión. Un hecho judicial extraordinario por crímenes de abandono de niñes en la dictadura.
Ojala sea el comienzo del fin del actual régimen fascista.
Milei, dejá de pegarle a la Argentina.
El día de ayer dejó en evidencia, una vez más, la verdadera naturaleza del gobierno de Javier Milei, pero también la de la sociedad argentina.
Milei quiso avanzar con una ley para facilitar la extranjerización de nuestras tierras. Una iniciativa que solo puede impulsar un gobierno entreguista que considera la soberanía un obstáculo y la Patria un activo que puede ponerse en venta. No es un hecho aislado: desde que asumió, la Argentina resigna soberanía, abandona la defensa del interés nacional y se subordina de manera incondicional y vergonzosa a la voluntad de Trump y a los intereses de Estados Unidos. Este gobierno nacional, de nacional, solo tiene el nombre.
Pero cuando cruzó un límite, ocurrió algo importante. Frente a ese nuevo intento de entrega se produjo una reacción popular nacida del sentimiento más profundo y compartido de nuestro pueblo: el amor por la Patria, el orgullo de ser argentinos. Porque hay algo que la inmensa mayoría de los argentinos entiende sin importar su ideología: la tierra, los recursos estratégicos y la soberanía no se entregan, la patria no se vende. Ese sentimiento fue el que el gobierno decidió atacar.
¿Y cuál fue su respuesta frente a la gente en las calles? ¿Cuál fue su reacción frente a una sociedad que le puso límites? La de siempre: autoritarismo, violencia y represión. Las dolorosas imágenes de ayer, con una movilización pacífica reprimida de esa manera, no tienen nada que ver con la democracia. Es inaceptable querer extranjerizar nuestra tierra. Y es igualmente inaceptable responder con palos y violencia a quienes salen a defenderla. Aguante Argentina, ¡falta menos!
@GarbarzAriel Que no se olvide este gobierno de aquel principio de la física "a toda acción corresponde una reacción en sentido contrario". Digo, ojo que puede ser violento. Después no se lamenten.
Como no tienen argumentos, ni senadores que den la cara por este desastre, defienden la ley con gases lacrimogenos y balas de goma!!
Paren ya la represión!!!
Es una marcha pacífica!
La Constitución garantiza el derecho a manifestarse!!