Ya decía yo que esta noticia me sonaba. Misma noticia exactamente igual publicada en El Español hace 5 meses. Y en otros diarios menores, como el As o Hoy Aragón. ¿Por qué? Porque las instrucciones para construir el relato vienen del mismo sitio, y ya ni se molestan en disimular
¿Hasta cuándo vamos a tolerar la estafa del dopaje de notas en Bachillerato? Estoy profundamente harto de la ideología barata y las tertulias de café. Vamos a los datos oficiales de la PAU 2026 en la Comunidad Valenciana, porque el nivel de fraude clama al cielo. ����va...
Llevo años investigando y escribiendo sobre la (re)militarización y este día tenía que llegar.
📰🗞️¿Qué está haciendo El País con esta portada y esta pieza? ¿Es un simple análisis de coyuntura o es un ejercicio de preparación? Van 5 ideas breves para ir a la guerra 🇪🇸 👇🏾
Me preocupa el tener que tragarme cosas que son claramente propaganda de gente a la que no sigo,porque el dueño de esta cuadra decidió que todos tenemos que volvernos ultras, y que el progreso y la libertad humana es volver al pasado y empeorar nuestras condiciones de vida.
https://t.co/6n8xFJowPm
Hay que reconocer que doña Isabel Díaz Ayuso se ha tomado muy en serio su papel como la gran líder de la ultraderecha occidental, deseando que Trump la llame para visitarle en la Casa Blanca.
Mientras los mexicanos están flipando con doña Isabel y Nacho Cano.
"¿De dónde pinche güey han salido estos huevones?"
Mientras tanto, en casa, el asunto de Ábalos no ha acabado de salir muy bien, pues resulta que a ningún hermano le han pillado una comisión de mascarillas de 250.000 euros y a ninguna pareja tampoco le han descubierto pisos y áticos pagados con comisiones de mascarillas.
De hecho, el caso de Ábalos se reduce a 90.800 euros sin justificar a lo largo de diez años y el enchufe de dos de sus churris con el salario mínimo interprofesional en empresas públicas.
Por todo este despliegue, el exministro lleva meses en prisión preventiva por un supuesto riesgo de fuga, a pesar de saberse que no tiene ni para el peculio, mientras le siguen pidiendo nada menos que veinticuatro años de cárcel.
Pero bueno, la mitad de este país ya hemos asumido tranquilamente nuestro papel de gilipollas y la otra mitad cree que Doña Isabel les representa.
Viajamos todos cuesta abajo en un autobús sin frenos; vemos la curva cerrada acercarse a toda velocidad y nos la vamos a comer, pero les da igual.
La clase media aspiracional cuajó en España gracias a la universidad pública, que ahora algunos quieren desguazar. Los Pocholos han sido despedidos en la Comunidad de Madrid por torpeza en el intento.
Ya lo dijo Nixon en 1972: ‘La culpa es de los profesores y los periodistas’.
Això és desolador. Jes Stanley, CEO de Barclays, explicant a Epstein que no ha de témer possibles revoltes populars contra elits financeres perquè el capitalisme i la cultura pop han aplacat els moviments socials i la gent ja prefereix els béns de consum a la justícia social.
La brecha de renta entre caseros e inquilinos es brutal.
El mercado del alquiler está destrozando nuestra sociedad: redistribuye renta de quienes menos tienen hacia quienes más riqueza concentran, cada vez en mayor medida.
El alquiler es una fábrica de desigualdad.
El New York Times recupera evidencias sobre aprendizaje: leer en papel mejora la comprensión, y tomar apuntes a mano aumenta la probabilidad de sacar sobresaliente hasta un 58%. No es nostalgia: es neurociencia aplicada al aula. Menos pantalla ≠ más aprendizaje https://t.co/o3lv2p4EqB https://t.co/vgxFdrZuz6
Los niños ya casi no leen libros completos, ni siquiera en clase de Lengua. No es solo un cambio de hábitos culturales: es un problema educativo serio, con implicaciones para la comprensión lectora, la atención y el aprendizaje a largo plazo https://t.co/lR5wnONmW4 https://t.co/Uab1f0agDC
https://t.co/kF3y9IIs0C
El Canciller Friedrich Merz se ha plantado ante la nación alemana con un aspecto estreñido del contable que viene a ejecutar un desahucio.
Su mensaje es muy claro: Alemania está en quiebra técnica, el dinero se ha acabado y, según sus propias palabras, los ciudadanos han estado "viviendo por encima de sus posibilidades".
Como el diligente vasallo que es, Merz ya está adoptando la "Agenda 2030 Trumpiana": la idea de que el Estado del Bienestar es un lujo obsoleto que la productividad actual ya no puede sostener.
Sin embargo, la contradicción es hipócrita. Mientras exige una austeridad espartana a las familias trabajadoras y a los jubilados, el gobierno mantiene abierto un grifo de gasto multimillonario que parece no tener fondo: la industria de la guerra.
En octubre de 2025, el gobierno de Merz presentó su hoja de ruta, mucho más agresiva que la de su predecesor, Olaf Scholz:
La cifra: Un paquete masivo de 377.000 millones de euros.
El destino: 320 proyectos militares específicos para transformar la Bundeswehr en la fuerza convencional más poderosa de Europa.
No se trata de mejorar los sueldos de los soldados. Es una compra masiva de hardware puro "Made in USA": aviones F-35, escudos antimisiles para el "Cielo Europeo", misiles de última generación y todo los juguetes de guerra que te imagines.
La hipocresía es tan evidente que insulta la inteligencia de los ciudadanos. Merz nos dice que no hay dinero para garantizar una vejez digna, pero encuentra miles de millones de euros "debajo de las piedras" cuando se trata de financiar el rearme o enviar la enésima remesa de misiles de largo alcance a Ucrania.
La realidad que Merz omite deliberadamente es que la crisis económica alemana no la provocó un pensionista que cobra 1.200 euros, ni un trabajador que se toma una baja por gripe.
La crisis estructural de Alemania —la desindustrialización, la inflación y la pérdida de competitividad— es la consecuencia directa de una guerra económica y militar que Berlín ha decidido abrazar con entusiasmo suicida por hacerle caso incondicionalmente a Washington, incluso faltándole el respeto a China su principal cliente.
Alemania construyó su prosperidad sobre la energía barata rusa. Al cortar ese suministro para alinearse incondicionalmente con la estrategia de la OTAN, se rompió la columna vertebral de la industria alemana.
A esto se suma el reto de absorber a 1,5 millones de refugiados ucranianos, un esfuerzo que ha tensionado el sistema de protección social hasta el límite y, de paso, le ha dado alas al discurso de la ultraderecha.
Merz, lejos de buscar una salida diplomática que alivie esta sangría, ha apostado por la escalada, defendiendo el envío de armas pesadas y manteniendo unas sanciones que actúan como un bumerán contra su propia industria.
Aquí radica el cinismo absoluto de su discurso:
Crea el problema: Apoya una guerra perpetua que dispara los costes de energía, desprecia a china y hunde la producción.
Y ahora se queja de las consecuencias: Lamenta que la economía no crezca y que la recaudación fiscal baje.
Castiga a la víctima: En lugar de corregir la política exterior, recorta el bienestar de los ciudadanos para pagar la factura del conflicto.
Existe una paradoja fiscal en el Berlín de Merz. Para la sanidad y la educación, existe el "Freno de la Deuda" (Schuldenbremse), una regla sagrada e intocable. Pero para los tanques y la munición, existen los "Fondos Especiales" (Sondervermögen), deuda mágica que no cuenta como déficit.
Friedrich Merz tiene razón en una cosa: Alemania está viviendo por encima de sus posibilidades. Pero no por culpa de su sistema social. Alemania vive por encima de sus posibilidades militares y su política exterior.
Estamos intentando financiar una hegemonía geopolítica y una guerra de desgaste contra una potencia nuclear con el bolsillo de una clase media que se empobrece a marchas forzadas.
El Canciller pide a sus ciudadanos que se preparen para apretarse el cinturón "para salvar al país".
Pero lo que realmente está pidiendo es que sacrifiquen su salud y su futuro para subvencionar una visión inmadura Trumpaniana del mundo que es la causa misma de nuestra ruina.
No es austeridad, es una transferencia de riqueza: del bienestar de los ciudadanos a las arcas de la industria militar y las grandes energéticas Norte americanas.