Oración matutina judía (del Siddur):
– "Gracias Dios, por no haberme hecho gentil, mujer ni esclavo".
Confesión Cristiana (de San Pablo):
– "Ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos ustedes son uno en Cristo Jesús. Y si son de Cristo, ya son descendencia de Abraham, herederos según la promesa" (Ga 3:28–29).
Nada se opone, contradice y resulta más hostil a Cristo y a su Evangelio que el judaísmo rabínico, la religión de los fariseos, los anticristos (enemigos de Cristo y de su pueblo, los cristianos).
El sionismo es simplemente la aplicación política de la teología farisea que deshumaniza a los gentiles, a las mujeres y a los pobres.
Desde el Fan Fest en Guadalajara, al unísono mandan a chingar a su madre a Claudia Sheinbaum 🤣
¡NO LE VAYAS A DAR RT! Se enojan los feligreses de la narco-secta morenita.
Si en CDMX, bastión del obradorismo, a Claudia le dió frío la rechifla, menos aún vendrá a Jalisco.
Cobarde matoncita igual que su predecesor.
"The Jews are responsible for Bolshevism in Russia, and Germany too. I was far too indulgent with them during my reign, and I bitterly regret the favours I showed the prominent Jewish bankers"
— Kaiser Wilhelm II
Otro cuento más que tenemos que tumbar a los zurdos apestosos y los negros victimarios es el del comercio de esclavos.
¿Saben quién empezó vendiendo esclavos? Pues los mismos africanos. Pero esta parte no te la cuentan en la escuela ni te la dicen los que siempre andan llorando por el color de la piel.
Durante siglos, mucho antes de la llegada de los europeos y durante toda la duración del comercio transatlántico de esclavos (siglos XV al XIX), la propia África fue un actor activo y fundamental en la venta de esclavos. Diversos reinos y sociedades africanas, como el Reino de Dahomey, el Imperio Ashanti, el Reino de Kongo, los reinos Yoruba y muchos otros, capturaban personas mediante guerras intertribales, incursiones y castigos judiciales, y las vendían sistemáticamente a los comerciantes europeos en los puertos de la costa atlántica.
Los africanos no solo suministraban los esclavos, sino que controlaban en gran medida el flujo de la mercancía humana: los europeos rara vez penetraban el interior del continente para capturarlos directamente, sino que compraban a los reyes, jefes y mercaderes africanos a cambio de armas de fuego, pólvora, telas, ron y otros bienes manufacturados.
Esta práctica se sustentaba en una tradición preexistente de esclavitud interna en África y en el comercio de esclavos hacia el mundo árabe a través del Sahara. Paradójicamente, algunos de los reinos más poderosos y ricos de África occidental en esa época construyeron su prosperidad precisamente sobre la venta masiva de otros africanos, lo que generó ciclos de guerras constantes para obtener más prisioneros que vender.
Entonces, ¿hasta cuándo carajo van a seguir con la idiotez y el drama histórico de las compensaciones, las disculpas y el chantaje emocional de que África es un continente dolido y saqueado? Sí, lo han saqueado los mismos negros desde antes de la llegada de los blancos. Y te lo digo yo, que soy negro. Yo me podría hacer un tratamiento en la piel para alterar el color y así dar lástima, pero la historia no la cambia nadie.
In the film, 300 (2006), King Leonidas confronts the traitor Ephialtes before the Greeks' final battle with the Persians.
Then, standing before the battlefield, the King of Sparta looks upon Ephialtes with pity and says, "May you live forever."
To a culture that believed in kleos – which is the immortal glory won dying in combat – this was not a blessing but the ultimate curse.
Las fotografías que me tomaron cuando llegué al poder en 1876 muestran a un hombre mestizo de rasgos indígenas pronunciados, tez morena, pómulos altos, el tipo de cara que en el México de entonces te clasificaban como alguien que cargaba cosas más que alguien que las mandaba. Las fotografías que me tomaron treinta años después muestran a otro hombre: uniforme francés cubierto de medallas europeas, bigote cuidado con cera importada, el pelo engominado, y la tez notablemente más clara. No era una ilusión óptica ni una diferencia de iluminación. Era una decisión. Carmelita me enseñó que en el mundo en que queríamos que México existiera, la imagen era política. Me aclaré la tez con polvos de tocador. Me mandé retratar por artistas que recibieron instrucciones implícitas de hacerme ver europeo. El pintor que hizo mi retrato oficial me pintó los ojos más claros de lo que son. Cuando la prensa extranjera me describía, los diarios norteamericanos me llamaban frecuentemente "de aspecto español", que era en esa época el mayor cumplido que un periodista anglosajón podía hacerle a un gobernante latinoamericano. Yo no los corregía. Lo que me costó trabajo fue el idioma: nunca logré hablar inglés con fluidez ni francés con acento convincente, y eso Carmelita tampoco pudo arreglarlo. Pero en los banquetes de Chapultepec usábamos cubiertos de plata francesa, men��s escritos en francés, vajilla de Limoges y música de Offenbach. El mestizo de Oaxaca que lustró zapatos de niño construyó treinta años la imagen de un europeo en los trópicos. Y cuando se fue al exilio, en París nadie supo quién era.