Sueño 26-BIS:
Cuando el ejército llegó a catear la casa, el miedo me hizo devorar el cuerpo de la mujer-pájaro. Solo quedaron sus cabezas. Subí y las oculté con cuidado bajo el techo, borrando las huellas para que nadie pudiera encontrarlas. Funcionó.
Sueño 26:
Soñé con una casa de madera que crujía, respiraba y no me quería allí. Mi tía era una mujer con cuerpo de ave y demencia; la otra era diminuta, estaba pegada a la puerta del baño. Su boca abierta y sus pequeños dientes: nadie querría terminar así; eso es la enfermedad.
Sueño 25: Carlos amenazó con matar a su novio, ‘No! yo te voy a matar’, respondió. Carlos se le acurrucó. Un disparo. Addi se atravesó el pecho. Colectivamente cerramos los ojos y seguía vivo. Se abrazaban sin mirarse, ¿Cómo se vive después de no-morir?
Sueño 24:
Entré a casa de mi abuelo, que parecía una escuela. Solo llevaba unas papitas muy picantes, pero pensé que no podía dejárselas: le harían daño. Con tranquila alegría me dijo: No pasa nada, hija. Quédate a cenar conmigo, ándale. Sonriendo nos sentamos a comer.
Sueño 23:
No sabía cómo vestirte; tu ropa era demasiado pequeña para una muñeca de tamaño real. No comías, te inyecté en el pecho mientras convulsionabas. Intenté salvarte regresando el tiempo, pero te arrancaron la lengua en el hospital. Lo supiste en mi mirada al abrir la boca
Sueño 22: Me levanté a las 4:30 a.m. Alicia, hija única de Karla, en voz alta leía cuentos de terror a un lado del baño. Me invitó, ordenó (?), que escuchara el último, me quedé de pie junto ella. Dormida, el miedo se infiltró en mi sueño y parada me oriné.
Sueño 21. Cayetana se enfermaba e iba a fallecer en días; era la primera vez que pensaba en su ausencia. Los resultados de mis exámenes llegaban y yo también moriría en cuestión de meses; pensaba que tendría más tiempo de masticar mi muerte. Cayetana sobrevive.
Sueño 20.
Incrédula, levanté mi dedo en negación:
—Ustedes son muñecas. Las muñecas no parpadean. No. No. No.
Ellas, sonriendo desde el otro lado de la habitación, afirmaban con la cabeza:
—Sí. Sí. Sí.
Fría, hundí los dedos en su cabello, al tacto se derritieron en finas agujas.
Sueño 19. En la casa-oficina, debajo de mi cama había sapos vivos en una bolsa, parpadeando a destiempo. En el sótano raro, la tubería del baño estaba abierta como una boca, y lo que debía irse me cayó encima. No todo lo que parece habitable lo es.
Sueño 18: Desperté sin recuerdos claros. La casa estaba sucia y sentí profunda vergüenza. Un desastre sin memoria de una guerra propia. La chica me sostuvo seria la mirada, me dijo, -no todo lo hiciste tú, ¿lo sabes, verdad? ¿quiénes pasaron por aquí?
Sueño 17: Éramos cuatro resolviendo un misterio ajeno. Buscábamos a alguien que no iba a encontrarnos. Tratando de localizar rastros de 1995 en todo, mis manos escondían gestos. Ayudar a buscar a alguien era nuestra forma de querer sin ser vistos.