Nuestro mayor tesoro en esta vida es la gente que queremos y que nos quiere: la que acompaña, la que nos ayuda a crecer, la que nos cura el alma con un abrazo y nos hace reír hasta llenar el corazón. Quienes nos devuelven la misma energía que damos y nos hacen sentir en casa, en paz.
Y un día sentí que, por fin, estoy en paz conmigo. Pude acostumbrarme a mí, a mis cosas, a mi vida, a mis tiempos; a no depender de nadie y a no dar tantas explicaciones. Aprendí a quererme así: con mis historias y cicatrices, con mi forma de ser y con mis ganas de vivir.