Jesucristo antes de curar a alguien le preguntaba si quería ser sanado.
Porque sanar implica cambiar y no todos estamos dispuestos a soltar aquello que nos enferma.
Con corazón ardiente, pidamos hoy que el Espíritu del Resucitado nos salve del mal de la guerra, que es vencida no por una superpotencia, sino por la omnipotencia del amor. #OremosJuntos para que libere a la humanidad de la miseria, que es rescatada no por una riqueza incalculable, sino por un don inextinguible.
El que reza es consciente de sus propios límites, no mata ni amenaza con la muerte. En cambio, está sometido a la muerte quien ha dado la espalda al Dios vivo, para hacer de sí mismo y de su propio poder el ídolo mudo, ciego y sordo (Sal 115,4-8), al cual sacrificar todo valor y pretender que el mundo entero se doblegue ante él. ¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra! La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida. #Paz
Como Rey de la paz, no se armó, no se defendió, no libró ninguna guerra. Mostró el rostro manso de Dios, que siempre rechaza la violencia y en lugar de salvarse a sí mismo, se dejó clavar en la cruz, para abrazar todas las cruces erigidas en todos los tiempos y lugares de la historia de la humanidad.
A veces, lo que parece pérdida… en realidad es ganancia; es purificación y es el camino hacia algo mejor.
Porque Dios no quita sin propósito: transforma, ordena y prepara.
Confía.
Lo que hoy no se comprende… mañana será parte de tu sabiduría.
Y lo que hoy duele… mañana dará fruto.
Dios nunca llega tarde.
Llega cuando todo está listo.