Durante el rodaje de The Dark Knight, Heath Ledger desarrolló uno de los gestos más recordados del Joker casi por accidente. Las prótesis de las cicatrices tendían a despegarse mientras hablaba, así que comenzó a pasar la lengua por los labios para mantenerlas en su sitio sin detener la escena.
Lo que empezó como un truco práctico para el maquillaje terminó convirtiéndose en un rasgo distintivo del personaje: un tic inquietante que encajaba perfectamente con su naturaleza impredecible.