Cinco años sin pelear oficialmente, infinidad de noches de juerga y excesos, una lesión gravísima contra Porier, el rodaje de una peli... lo de Conor es la prueba de que el tiempo no perdona y que si quieres rendir al máximo nivel máximo en algo, tienes que centrarte solo en esto.
Una pena, pero el McGregor brillante ya no volverá jamás, y quizás lo mejor es retirarse a tiempo y no arrastrar un final de carrera patético.
Veremos.