Historias de la Bomba Biótica.
Me tiene bastante sorprendido la cantidad de trabajos que han tomado como cierta la propuesta de Makarieva et al. sin haberse tomado siquiera el tiempo de revisar con cuidado la física que plantean.
También me sorprende la omisión, deliberada o no, de los trabajos que muestran los "herrores" de esta propuesta. Con h, porque son tan terribles como escribir errores con h.
Más curioso todavía es que personas que conocen perfectamente mi trabajo simplemente lo omitan o lo presenten como un comentario menor, supuestamente superado por un preprint que, en mi opinión, tiene errores físicos incluso peores que los artículos originales.
Y cada vez pienso más que aquí hay algo que va más allá de la ciencia. Una especie de necesidad de querer creer que algo es cierto aunque la evidencia diga lo contrario.
Solo les recuerdo que si la teoría se contradice con la realidad, la que está mal es la teoría. Y más todavía si para sostenerse necesita violar las leyes de la física.
A menos que sea teoría cuántica de campos. Ahí sí ya no me atrevo a asegurar nada.
Creo que definitivamente este café tiene algo raro. Continuando con los balbuceos paranoicos de mi post pasado, se me vino a la cabeza una idea que seguramente leí en algún lado y mi subconsciente simplemente decidió reciclar.
¿Qué encontrarían unos arqueólogos dentro de 2000 años al estudiar los restos de nuestra civilización?
Tengo la sospecha de que encontrarían algo muy curioso: un enorme vacío que comenzaría, más o menos, a principios del siglo XXI.
De los siglos anteriores todavía quedarían libros, cartas, fotografías, periódicos, pinturas, objetos, documentos... restos físicos de lo que fuimos. Y luego, de pronto, silencio.
Porque cada vez una mayor parte de nuestra existencia está guardada como unos y ceros en discos duros, servidores, memorias magnéticas y nubes que, sospecho, no sobrevivirán el siglo mejor que una tablilla de arcilla. Poco a poco nuestras preciosas creaciones desaparecerán. La entropía hará lo suyo y desapareceremos nosotros y, con nosotros, nuestros escritos, fotografías, videos, películas, conversaciones, tesis, memes malos y probablemente el 97 % de nuestros recuerdos.
Y tampoco estamos tan lejos de comprobarlo. A veces estamos literalmente a un misil que caiga sobre un centro de datos, a una empresa que quiebre o a alguien que olvide pagar una suscripción de perder una tesis, un archivo histórico o el álbum familiar.
Sí, los libros también desaparecen. Todo desaparece. Pero sospecho que una hoja de papel abandonada tiene más posibilidades de contarle algo al futuro que un SSD dentro de 500 años.
Así que quizá esos arqueólogos concluirían que nuestra civilización floreció durante milenios y, misteriosamente, alrededor del año 2000... simplemente desapreció. Entró a una edad oscura de la que no sabrán nada...solo ecos.
Y aquí es donde el café definitivamente empieza a hacer efecto. ¿Y si esto ya pasó antes?
¿Y si las historias de la Atlántida no son más que ecos deformados de una civilización digital desaparecida?
Bueno, tampoco me tomen demasiado en serio. Esto es solamente paranoia temporal excitada por cafeína. No soy para nada conspiranoico, o bueno, no todo el tiempo.
Por cierto, este es mi café.
Los invito a la conferencia que daré en la Facultad de Ciencias de la Tierra @uanl el día miércoles 30 de septiembre a las 4 pm.
Para más detalles sobre el evento, pueden ver la información en facebook:
https://t.co/vOF7v3ZVtA
@villamzr Respetar el tiempo de los demás es una forma básica de respeto. Llegar tarde a propósito y sin justificación es decirle al otro que su tiempo vale menos que el tuyo. Lo hemos normalizado demasiado, pero no por eso está bien.
Últimamente he usado muchísimo Overleaf para escribir en LaTeX. Es una gran herramienta, pero con las nuevas limitaciones de compilación, a veces toca pagar la suscripción cuando el trabajo lo amerita. El precio me parece razonable y, si usas mucho LaTeX, vale la pena. De lo contrario, la versión gratis funciona bien para la mayoría de usuarios.
El objetivo de este post no es criticar a Overleaf. Al contrario, me parece una herramienta genial. La crítica es más bien hacia mí mismo.
Hace unos años podía sentarme frente a prácticamente cualquier computadora y ponerme a trabajar en LaTeX. Mac, Linux, Windows… daba igual. Después de años de comodidad con Overleaf, el otro día quise volver a trabajar localmente y descubrí que había olvidado buena parte de esa “memoria muscular”. Afortunadamente, lo que bien se aprende no se olvida y ya tengo nuevamente full LaTeX funcionando en mi computadora.
Pero eso me dejó pensando en algo. Cada vez dependemos más de empresas para hacer cosas que, en realidad, muchas veces podríamos hacer nosotros mismos. Tenemos discos duros, pero pagamos almacenamiento en la nube. Antes compr��bamos LPs o CDs y la música era nuestra, pero ahora pagamos una suscripción para escucharla. Compramos (rentamos sería más adecuado) libros digitales que en cualquier momento podrían desaparecer de nuestra biblioteca, mientras que un libro físico sigue ahí en el librero.
Y no digo que estos servicios estén mal. Al contrario, muchos son excelentes y nos hacen la vida muchísimo más fácil. Ese es precisamente su valor. Y, por cierto, Overleaf me parece fantástico. Pero también somos nosotros quienes, poco a poco, vamos entregando ciertas capacidades y cierta independencia a cambio de comodidad. A veces no estamos pagando porque no tengamos algo. Estamos pagando porque es más cómodo no tener que hacerlo nosotros mismos.
Y siento que esto también tiene que ver con la pérdida de libertad. Porque, contrario a lo que muchas veces pensamos, la libertad viene acompañada de mucha responsabilidad. Ser libre es costoso, debemos hacernos responsables de nuestras cosas, de nuestras decisiones y, en buena medida, de nosotros mismos.
Tal vez el problema es que queremos cada vez más comodidad, pero sin preguntarnos cuánta libertad estamos dispuestos a entregar a cambio.
Bueno comencé hablando de LaTeX y terminé hablando de Libertad…está fuerte el café esta mañana.
La vida es muy curiosa. Sin ser yo particularmente brillante (diría que bastante normalito), por pura casualidad de la vida he terminado tratando de tú a tú con premios Nobel y con varios de los que se considerarían top 10 en mi área. Algunos incluso los pondría en el top 3.
Y aunque obviamente nadie es monedita de oro, me he encontrado con que casi todos son bastante amables, amigables y algunos incluso puedo decir que los considero mis amigos. Curiosamente ninguno me obligó a llamarlo doctor. Algunos incluso me pidieron que los tratara de tú y que los llamara por su nombre, o hasta por la forma corta que usan sus amigos.
Por eso no entiendo la arrogancia de algunos doctorcitos que se creen muchísimo y que realmente, como dijo Pauli una vez, qué pena tan joven y ya tan desconocido... o también, por qu�� no, tan viejo y todavía tan desconocido.
Critican mucho el home office como si ir a una oficina a calentar una silla fuera trabajar. Si la presencialidad garantizara productividad, algunos que conozco serían los más productivos del mundo. Pero veo poco o nada de resultados. Para algunos cuentan más las horas nalga.
@5eniorDeveloper Te entiendo, bro. Es terrible el home office, guiño guiño. Se te olvidó agregar lo mucho que uno extraña esas juntas que pudieron ser un correo.
Sí, en eso estamos de acuerdo. Aunque no conozco del todo el contexto del comentario original, si alguien no tiene idoneidad para un cargo y está ahí por puro amiguismo o para pagar cuotas políticas, por supuesto que hay corrupción. Y eso termina traduciéndose en despilfarro del erario público.
Mi punto es que tampoco hay que confundir idoneidad con ser experto absoluto en el tema. Por poner un ejemplo, hay excelentes médicos que serían pésimos gerentes de un hospital, y viceversa. Una habilidad fundamental de quien dirige es reconocer lo que no sabe y rodearse de buenos expertos.
@J_Marhuenda Lo que dices podría ponerse junto a las leyes de Murphy. Es que en una sociedad que deja de premiar el mérito termina pareciéndose a la fábula de la cigarra y la hormiga, solo que aquí a la hormiga además de trabajar le toca mantener a la cigarra.
Ahora que no tardan en culpar al calentamiento global de #Polo, vuelvo a compartirles este artículo de divulgación: https://t.co/GPCe40exvU
Tiene una sección cortica y bastante fácil de entender sobre cómo el calentamiento global puede afectar los eventos extremos. Espero les sirva para llegar un poquitico más preparados antes de escribir la nota. Hacer preguntas más inteligentes también ayuda a tener lectores mejor informados.
Entiendo que la UNAM tenga tantas ganas de atender a los medios, y es necesario. Es la máxima casa de estudios y una referencia para muchas cosas. Pero también me encantaría ver aunque fuera una parte de esas mismas ganas cuando un académico necesita apoyo.
Llevas años dando clases en una facultad, has sido asesor y evaluador de numerosas tesis, pero al día de hoy todavía te piden el CV y el comprobante de título para poder evaluar otra. La burocracia universitaria parece estar diseñada para hacer todo más difícil de lo necesario.
La academia pareciera estar enquistada por estructuras de poder con algunos académicos tan, pero tan mediocres, que sólo pueden rodearse de gente aún más mediocre para no quedar en evidencia. Sólo les sirven personas que, aunque ineptas, sean absolutamente serviles a sus fines. En cuanto aparece alguien que no se agacha, empiezan el bullying académico, las trabas administrativas y el hostigamiento pasivo-agresivo. Ah, porque además suelen ser cobardes: casi todo se hace por la espalda.
@Contimasque AAunque, para ser justo, el término más adecuado aquí sería ondas de gravedad, justamente para evitar confusiones con las ondas gravitacionales de la relatividad general.
No es tan raro. En dinámica atmosférica y, en general, en dinámica de fluidos, las perturbaciones cuya fuerza restitutiva es la gravedad se llaman ondas de gravedad. Tal vez su confusión venga de las ondas gravitacionales de la relatividad general. Comparten parte del nombre, pero la física es completamente distinta.