Que hayas pagado por un concierto no te da autoridad sobre las decisiones creativas de su producción ni te concede el derecho a decidir quién merece participar en él. Hay una diferencia enorme entre expresar una preferencia personal y exigir que toda una producción se adapte a ella.
Cada presentación de SEVENTEEN implica una planificación en la que intervienen los propios miembros, la dirección artística, el equipo coreográfico y los bailarines, quienes trabajan en conjunto para construir un espectáculo que funcione tanto visual como escénicamente, adaptándose a las dimensiones y características de cada arena o estadio al que van. Los bailarines no están ahí de adorno, complementan las coreografías, aportan dinamismo, amplían las formaciones y contribuyen a que el escenario tenga la fuerza visual que requiere una presentación de la escala de SEVENTEEN.
¿Que en determinados momentos pueden cruzarse en tu campo visual y dificultarte la vista de algún miembro? Sí, puede pasar. Es parte de las limitaciones de un espectáculo en vivo y de la perspectiva particular de cada espectador. Pero una molestia puntual no convierte una decisión artística en un error ni justifica exigir que se excluya a profesionales de su trabajo. Tu experiencia individual como espectador no es el único criterio que importa, ni tu preferencia personal está por encima de las decisiones creativas de quienes diseñan y ejecutan el espectáculo.
Además, muchos CARATs disfrutamos viendo al TEAM SVT compartir escenario con los miembros y reconocemos el trabajo, la preparación y el talento que hay detrás de sus actuaciones. Es un equipo que lleva años trabajando con SEVENTEEN y cuya participación forma parte de una dinámica profesional construida a lo largo de múltiples presentaciones. No tienes que disfrutar de cada decisión escénica, pero tampoco puedes asumir que todo el público comparte tu opinión ni pretender que se elimine al equipo de baile solo porque a ti no te gusta su presencia.
Pagar una entrada te da derecho a disfrutar del espectáculo que se ofrece, no a controlar cómo se produce ni a decidir quién conserva su trabajo. Puedes expresar críticas razonables sobre la visibilidad, la distribución del escenario o cualquier otro aspecto de la experiencia, pero eso no significa que tus exigencias deban convertirse en órdenes para la producción ni que los bailarines tengan que pagar las consecuencias de tus preferencias personales.
La producción de SEVENTEEN no tiene la obligación de sacrificar su propuesta artística para satisfacer cada exigencia individual. Puedes tener tus preferencias, puedes expresar tu opinión y puedes decidir si una propuesta escénica es de tu agrado. Lo que no puedes hacer es confundir tu derecho a opinar con una supuesta autoridad para decidir sobre el trabajo de los demás.
Entiéndanlo de una vez y grábenlo en esas cabezas vacías... Ser consumidor de un espectáculo NO te convierte en su director artístico, y pagar una entrada NO te da derecho a exigir que otros profesionales pierdan su lugar de trabajo para complacerte.