Como si ya no es suficiente de tanto suceso en Venezuela, la Federación Médica Venezolana alerta de una patología cardiorrespiratoria letal que por los momentos está identificada entre los estados Barinas y Anzoátegui.
Tengo días recibiendo información de esto y ahora, ellos lo confirman.
¡Dios nos cuide!
Reportan incendio desde la noche de este 19 de julio en lo que sería la cancillería que controlaba Yvan Gil ¿Borrando archivos y pasaportes a las células de Hezbollah, ELN, FARC y Tren de Aragua?
YA ES TIEMPO de que el venezolano comience a distinguir el significado de ciertas palabras cuya diferencia no es banal. Por ejemplo «república», «país» y «nación».
Para la mayoría, todas son prácticamente la misma cosa. Se piensa que decir república es otra forma de decir nación o país. Y así mismo, sucesivamente, ocurre con cualquiera de las otras.
Creerlas lo mismo incurre en un error de consecuencias humanas mayores.
Cuando entendemos que «país» es un territorio jurídicamente delimitado, «nación» una población con lazos culturales y «república» un modelo político de Estado, entonces podemos ver la importancia de distinguirlos claramente y de no mezclarlos.
Los límites geográficos de un país pueden variar, las fronteras pueden modificarse.
La república es un modelo político de Estado. No es el único modelo posible aplicado a un Estado y también puede cambiar.
La nación posee una continuidad mucho más profunda. Su identidad puede evolucionar lentamente, pero no depende de un cambio constitucional ni del trazado de una frontera.
Otra cosa que conviene aclarar es que el Estado es la representación política de la nación. Una especie de vocería que emerge de ella.
La nación debe entenderse con otras naciones y lo hace a través del Estado. Y en dicho Estado es donde comienzan los problemas, porque el Estado es la primera delegación de poder que la nación está obligada a hacer a ciertos individuos para organizarse a sí misma.
Cuando un Estado moderno se constituye suele dotarse de una Constitución, y ella suele contener desde ya el modelo político por el cual dicho Estado se regirá.
Termina así imponiéndose sobre la nación originaria un modelo político que encierra su cultura, identidad y espiritualidad en un sistema de principios y leyes abstractos que no necesariamente la reflejan ni la favorecen.
Quien decide ese modelo político de Estado no suele ser el pueblo (los individuos de la nación), sino pequeñísimas fracciones de ese pueblo que ya detentaban diversas ventajas sobre el resto de los individuos. En el pasado eran las armas; en la modernidad, los partidos. Nada más peligroso, en tal sentido, que los partidos políticos cuando terminan creyéndose la nación.
República no es, pues, país ni mucho menos nación. Y tampoco es la única forma política de Estado posible, ni mucho menos la mejor.
Cuando oigamos a alguien decir «nación», jamás confundamos eso con ��la república» ni con «el país». Esas cosas siempre podrían cambiar, para mejor o peor. No así la nación, cuya continuidad histórica es muy anterior a ellas.
Y cuando oigamos «Venezuela», recordemos que es anterior a la república y a cualquiera de las formas políticas y territoriales que ha adoptado.
El Estado político y la delimitación geográfica cambiaron, pero la esencia —a pesar de la sangrienta y gratuita tragedia que unos cuantos infligieron sobre el resto y que llamaron independencia— no.
X. P.
... Atención a Ésto....
......la idea no es hallar culpables sino corregir lo que haya de corregirse....
...como cuando un avión se estrella, la idea es saber porque ocurrió, para no cometer el mismo error...👇👇👇👇
La señora anuncia la apertura de un concurso técnico y profesional, para el diseño y presentación de planes de reordenamiento urbano, en las zonas de desastres, luego de los estudios de suelos.
Señora, si usted me permite, desde 1956 se han hecho planes integrales para las zonas afectadas y, en ese sentido, existen por lo menos más de cinco, junto a planes de reordenamiento urbano específicos, dotados de sus respectivas ordenanzas.
En nuestra UCV, específicamente en la Facultad de Ingeniería así como en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, también puede hallarse cantidad significativa de trabajos especiales de postgrado, así como tesis doctorales sobre el particular.
Como se nota que poco o nada pasan por las bibliotecas. Claro, lo que allí reposa, no ofrece réditos ingentes a muy corto plazo, pero, además, no puede prevaricarse y menos ejercer concusión y cohecho con aquello existente allí: EL CONOCIMIENTO...
Ningún colectivo, milicia, CLAP ni mamotreto alguno dentro de eso que llaman “poder popular” ha rescatado un solo ciudadano bajo los escombros.
La institución intangible de la solidaridad venezolana sí está ahí, porque ni el chavismo pudo contra ella.
SIN ALTURA SÓLO HAY PAREDES
En nuestro país basta con que alguien no te guste para descubrir que es socialista. No hace falta leer su programa económico, estudiar sus propuestas ni saber qué entiende por propiedad privada. Si no te gusta, es socialista. Si no habla de Trump con suficiente entusiasmo, socialista. Si dice «justicia social», socialista. Si menciona a los pobres más de tres veces en un discurso, socialista con carnet del PSUV escondido en la cartera.
María Corina Machado lleva años sometida a ese examen ideológico de primaria. Curiosamente, muchos de quienes la acusan de socialista adoraban hasta hace poco a Donald Trump con una devoción que tampoco admitía demasiadas preguntas. Ahora que Trump empieza a resultar bastante distinto del personaje que habían construido en sus cabezas, no revisan el método. Simplemente hablan menos de él, pero siguen llamando socialista a María Corina.
El venezolano ha perdido la capacidad de pensar fuera de dos casillas. Blanco o negro. Capitalismo o socialismo. Trump o Maduro. Milei o Fidel Castro. Si criticas a uno, perteneces al otro. Si no estás completamente aquí, estás completamente allá.
Pensar se ha convertido en escoger una pared y correr hacia ella. Y Venezuela lleva dos siglos dándose golpes contra las paredes.
El chavismo agravó monstruosamente esta pobreza mental, pero no la inventó. La encontró instalada. El bolivarianismo cultural llevaba mucho tiempo enseñándonos a comprender la historia de la misma manera: patriotas o traidores, libertadores o tiranos, pueblo u oligarquía. Bolívar o la nada. Después llegaron los marxistas y sólo tuvieron que cambiar algunas etiquetas.
Una sociedad acostumbrada a pensar horizontalmente termina creyendo que toda posición posible se encuentra a su izquierda o a su derecha. Ha olvidado mirar hacia arriba. Eso explica, entre otras cosas, la enorme dificultad que tenemos para hablar de solidaridad sin que alguien saque inmediatamente la tarjeta roja: Marx.
El terremoto ha dejado miles de venezolanos sin casa, sin comida, sin familia, sin posibilidad inmediata de ganarse la vida. Hay hombres que hoy no pueden competir en ningún mercado porque están buscando a sus hijos bajo los escombros. Mujeres que no pueden emprender porque duermen frente a una ruina. Ancianos cuya propiedad privada consiste quizá en la camisa que llevan puesta.
¿Qué hacemos con ellos? El socialismo tiene preparada una respuesta. La misma que ha explotado durante más de un siglo: el Estado se ocupará de ti. Te alimentará, te protegerá, te dará una casa, administrará tus necesidades y, poco a poco, también tu vida. Para salvarte de la intemperie terminará convirtiéndote en dependiente. Y después te pasará una factura pagable en obediencia.
Pero el capitalismo convertido en religión tampoco sabe responder del todo qué hacer con el hombre que está debajo de la tapia.
Sabe crear riqueza. Sabe explicar el valor de la propiedad, el incentivo, la competencia, la libertad económica. Sabe, además, que una burocracia no puede sustituir los millones de decisiones humanas que forman un mercado. Todo eso es cierto.
El error está en preguntarle al mercado lo que nunca prometió responder. Porque debajo de la tapia hay un hombre que hoy no produce. Ni compra. Ni vende. Ni compite. Sólo grita. Y alguien tiene que sacarlo.
Durante tres siglos pertenecimos a una civilización —la hispánica monárquica— que jamás habría entendido que para auxiliar a ese hombre hubiese que hacerse socialista. No era una sociedad igualitaria ni pretendía serlo. Era una civilización jerárquica, con injusticias y miserias como cualquier otra. Pero no había llegado todavía a la extravagante conclusión de que reconocer la propiedad obligaba a desentenderse del necesitado.
La propiedad existía. La riqueza existía. Las jerarquías existían. Pero también los hospitales, los hospicios, las obras pías, las cofradías, la obligación moral hacia el débil.
La Iglesia podía condenar la codicia sin redactar el
#13Jul | Localizaron los cuerpos de Carmen Morán, educadora de Fe y Alegría, y de su hija Ana Karina Regalado Morán, tripulante de cabina de Conviasa, en el edificio Tahití, en La Guaira. Su familiar pide apoyo con maquinaria para lograr extraerlos de los escombros.
🎥: @maryorinmendez
Venezuela se va a recuperar más rápido, va a llegar más lejos y será un mejor país para su gente y para cualquier inversionista, si tiene democracia y libertad.
No puede ser que una crisis humanitaria se utilice para dejar a la democracia destruida y tapiada bajo los escombros.