Si puedes cambiar algo, hazlo.
Si no está en tus manos, cambia la forma en que lo miras.
No permitas que aquello que no controlas siga robándote la tranquilidad.
Ves que está conectado y no responde. Miras la hora. Revisas nuevamente. Imaginas que perdió el interés. Tu cuerpo se activa. Y antes de tener una sola prueba, ya estás viviendo un abandono que todavía no ocurrió.