Me dijeron:
-O te subes al carro o tendrás que empujarlo.
Ni me subí ni lo empujé.
Me senté en la cuneta
y alrededor de mi,
a su debido tiempo,
brotaron las amapolas.
❤️
Porque la vida también se trata de perder trenes. De equivocarse de ciudad, de amar a quien no era, de cambiar de rumbo cuando parecía que todo estaba decidido. Porque no somos línea recta, somos desvío, curva y giro inesperado.
Hablamos mucho de soltar y poco de cambiar para no tener que despedirnos. De reflexionar sobre lo vivido y cuestionar qué no quieres volver a repetir. De que las relaciones más largas atraviesan obstáculos pero que se fortalecen cuando se afrontan en equipo. Vivimos en la rapidez, en el consumo y con la sensación continua de que siempre hay algo más hecho a nuestra medida ahí fuera. Vivimos de tal manera que si algo no nos sirve lo tiramos y esto se generaliza a los vínculos humanos. Las oportunidades, el empezar de nuevo y romper patrones es viable. Y, a pesar del esfuerzo que supone, es la única forma de tener lo que todo el mundo anhela: profundidad, solidez y compromiso
Salitre, paseos por la playa, chiringuitos, paisajes verdes y azules, bebidas frías, días largos que se confunden con noches, personas ociosas, andar descalzo: el verano es mi religión.
Lip combo arruinado por ser besada. La ropa llena de pelos por abrazar al perro. No poner mi música el trayecto por escuchar tus audios. Sacrificios que se traducen en amor