Un consejo no pedido: deja de seguir modelos e influencers y empieza a seguir artistas, escritores, músicos, fotógrafos, diseñadores. Te prometo que pensarás menos en tus inseguridades y más en todo lo maravilloso que los seres humanos somos capaces de crear
Soy profesor universitario y considero importante compartir lo que me está tocando ver desde que arrancó el curso, porque es un verdadero desastre.
Esta generación de estudiantes lleva IA, YouTube, Google y toda la información del planeta en el móvil y siguen sin saber nada.
No saben dónde está Roma ni tampoco Huelva, no saben quién es Pérez Revere pero todos conocen a Lola Lolita, no tienen ni idea de historia pero sí de “stories”, no entienden el valor del dinero ni saben cómo funciona la inflación.
Antes, para ser ignorante bastaba con no abrir los libros. Ahora, asisten activamente a clases para no enterarse de nada.
Y encima son de cristal. Cualquier roce es un trauma, cualquier crítica es violencia, cualquier tarea es un atentado y cualquier suspenso es un «ataque» a su salud mental. Y si llueve no vienen a clases, no sea que se derritan.
Han convertido los retos normales de la vida en un espectáculo de victimismo. En lugar aprender a gestionar los problemas que van saliendo en sus vidas, han aprendido a pedir soluciones a los demás y a deprimirse si algo no sale bien.
Tantos años de progresismo abyecto ha resultado en esto, y después de años viviendo entre algodón, sin golpes y sin aprender a levantarse, han creado una generación de ofendiditos con mentes vacías que todavía intentan averiguar qué son.
Eso sí, opinan sobre cualquier tema con una convicción, una superioridad moral y una pasión que asusta, pero con argumentos huecos y no sustentados que son el producto del lavado de cerebro que han recibido de la narrativa woke que han venido escuchando los últimos años.
Si no fuese por ese puñado de estudiantes (con futuro) cuyos padres se preocuparon en formarlos con valores y principios, sería esta, una generación prácticamente perdida.
En Nazaré, Portugal, el surfista Sebastian Steudtner cabalgó una ola de 26,2 metros, estableciendo un nuevo récord mundial de surf de olas gigantes.
¡Una hazaña increíble!
Gracias, @feguz77 por mencionar a @LibreriaRayuela en tu bella crónica. Qué pena no haber estado el día de tu visita para contarte que Quito sí es una ciudad de escritores 😉
No sé si fui a Quito, si sigo en Quito o si soñé que fui a Quito. A mí esa ciudad me embriagó, y escribí sobre ella para no abandonarla.
Acá mi crónica quiteña, en @ElCulturalRazon:
https://t.co/U5IsQRNCUQ
Cuando esta enredadera perdió su soporte en el bosque, se quedó ahí, recordando lo efímera de la vida mientras mantiene el abrazo a su perdido compañero. 💚🌳
Cuando las cosas se ponen complicadas, ruidosas o difíciles de entender, salir al aire libre suele ser casi siempre la respuesta.
Hay un grado de claridad que aportan los árboles, la tierra y el cielo abierto que ninguna otra cosa logra replicar del todo.
Recuerde esto cuando se sienta mal o pase por una crisis, no se encierre, salga al bosque, al mar...
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L'ISLAM fait partie des valeurs CANADIENNE... CARNEY
En septembre 1979, la journaliste italienne Oriana Fallaci se rend à Qom, en Iran, pour interviewer l’ayatollah Khomeini, quelques mois après la Révolution islamique.
Pour être reçue, elle doit porter le tchador.
L’entretien est tendu. Fallaci l’interroge sans détour sur les exécutions, la liberté de la presse, le pouvoir religieux et surtout sur la condition des femmes dans le nouvel Iran.
Lorsqu’elle aborde la question du voile obligatoire, Khomeini lui répond en substance que si elle n’aime pas la tenue islamique, elle n’est pas obligée de la porter.
Fallaci le prend immédiatement au mot.
« Puisque vous me le dites, je l’enlève. »
Et devant lui, elle retire son tchador.
Le geste est réel.
Khomeini interrompt alors l’entretien et quitte la pièce. Fallaci, elle, refuse de considérer la conversation comme terminée. L’entretien reprendra ensuite.
Cette scène est devenue l’un des épisodes les plus célèbres de la carrière d’Oriana Fallaci.
Non pas parce qu’elle aurait simplement cherché à provoquer, mais parce qu’elle incarnait une conception du journalisme dans laquelle l’accès au pouvoir ne vaut rien s’il exige le silence, la complaisance ou la soumission.
Elle posait les questions qui dérangent, surtout à ceux que peu de gens osaient contredire.
Et ce jour-là, face à l’un des hommes les plus puissants du moment, elle ne s’est pas contentée de poser une question sur la liberté des femmes.
Elle a transformé sa réponse en geste.
C’est peut-être cela qui rend cette scène encore si forte aujourd’hui : rappeler qu’un journaliste n’est pas là pour plaire au pouvoir, mais pour l’interroger.
#iran #Khomenei
Il existe un certain type de personnes qui n’aiment pas vraiment sortir de chez elles.
Elles se sentent mieux dans leur propre espace, dans leur monde intérieur. Et lorsqu’elles sortent, c’est souvent pour une raison précise — puis elles rentrent vite, sans forcément croiser beaucoup de monde.
Ce sont celles qui n’ont qu’un ou deux vrais amis, et pour qui cela suffit amplement. Leur cercle social n’a pas besoin d’être large pour être profond.
Ce sont celles dont le téléphone est presque toujours en mode silencieux. Elles n’attendent pas d’appels, et ne s’attendent pas à ce que quelqu’un prenne régulièrement de leurs nouvelles.
Ce sont celles qui peuvent faire défiler les réseaux sociaux pendant des heures sans jamais laisser un commentaire ni envoyer un message.
Ce sont celles qui aiment sincèrement la nature, l’odeur du café fraîchement préparé, les livres, la solitude, le calme, la musique, et la présence fidèle des animaux.
Et ce sont souvent ces personnes-là que l’on qualifie de distantes, compliquées, introverties, étranges, ou même un peu « à part ».
Alors qu’en réalité, elles sont simplement différentes
des personnes qui se sentent plus à l’aise en écoutant leurs propres pensées que le bruit de la foule.
Ha muerto el Major Oak. Quienes lleváis años conmigo sabéis cuántas veces os he hablado de este viejo roble de Sherwood, ligado para siempre a la leyenda de Robin Hood. Quizá tenía 800 años, quizá 1.000, quizá más. Cuando nosotros llegamos, él ya llevaba allí una eternidad.
Sería fácil decir que lo mató el cambio climático, pero no sería verdad. Su edad extrema, el deterioro de sus raíces, la compactación causada por millones de visitantes y los últimos años de calor y sequía fueron apagándolo poco a poco. En 2025 apenas tuvo hojas. Esta primavera ya no despertó.
No será talado. Permanecerá en Sherwood y, muerto, seguirá dando vida al bosque.
Nosotros tuvimos el privilegio de coincidir con él en el tiempo.
Adiós, viejo Major. Gracias por casi mil años. 🌳
"Y sé feliz.
Pero no por alguien.
Tampoco por algo.
Quizás con alguien.
Pero mejor sé feliz,
porque, al fin y al cabo,
es lo que te mereces".
Mario Benedetti
📷Giuliano Borghesan