Un médico búlgaro de 90 años sigue atendiendo a sus pacientes casa por casa
La historia de Kiril Apostolov refleja un desafío que afronta Bulgaria: cada vez hay menos médicos jóvenes dispuestos a trabajar fuera de las ciudades, especialmente en las zonas rurales.
La edad media de los médicos de familia supera los 61 años y más de la mitad de los médicos del país tiene 55 años o más.
El resultado es una población médica cada vez más envejecida y miles de pacientes que siguen dependiendo de profesionales que continúan ejerciendo después de la edad de jubilación.
Decía Schopenhauer en el «Arte de tener razón» que no hay que debatir con el primero que aparezca, sino solo con los que conocemos y que sabemos que será provechoso.
«A los demás dejémoslos hablar todo lo que quieran, que decir tonterías es un derecho universal».
Y tenía razón.
Ignacio vuelve incesantemente sobre esta familiaridad con Dios que sostiene nuestro deseo de buscar y hallar a Dios en todas las cosas, de amar y servir a Dios en todas las cosas.
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CINCO PANES Y DOS PECES
Si es que basta muy poco
para llenar los cestos
cuando abunda la gracia.
El eterno drama tiene que ver
con el cálculo, con la reserva
y el por si acaso.
Se nos ha instalado en el alma
la desconfianza,
la sospecha,
la supervivencia,
la rivalidad absurda.
La tragedia es que hay pan para todos, oculto bajo la pompa y la gala.
Cuando alguien descubre
esta verdad sencilla,
carga desde entonces
con la cara y la cruz,
el júbilo de un bien posible,
la impotencia al chocar con los muros
erigidos por siglos de temor e inercia. pero, al menos sabe
que nunca estará solo,
en la lucha por el pan de todos.
(Feliz día de San Ignacio)
AMAR Y SERVIR
En todo lugar es posible el amor,
en la calle enfangada del arrabal
y en la terca soberbia del palacio,
tras la puerta cerrada
y a cielo abierto,
en la cárcel, o en la Iglesia,
en el mercado y el parque.
Allá donde hay gente,
si dejamos crecer la semilla,
será amor lo que surja,
pues está plantada
en nuestra entraña
un ansia de comunión y encuentro.
En todo momento es posible el servicio,
la disposición a salvar abismos,
la amistad que se gesta en el cuidado,
la toalla ceñida a la cintura,
el sueño de un mañana mejor.
Siempre estamos a tiempo
de despojarnos de ambición y ego,
empeñados en el bien de todos.
En todo lugar, el amor,
En todo momento, el servicio.
En todo, amar y servir.
“Antes de la ética, el corazón. Antes de la norma, la conversión”
En la conferencia inaugural del VII Seminario Internacional de Comunicaciones, Antonio Spadaro, S.J afirmó que la cuestión tecnológica plantea un desafío espiritual. https://t.co/LWNQ7gher7
En el siglo XVIII se difundió el rumor de que los jesuitas poseían minas de oro secretas en las Reducciones del Paraguay y que habían creado un imperio independiente rico y armado contra las coronas española y portuguesa. Estas habladurías, a menudo exageradas por ministros ilustrados como el Marqués de Pombal o el Conde de Aranda, se utilizaron para justificar las expulsiones y la supresión universal de la orden en 1773.
Tras el Tratado de Límites (1750), cuando los portugueses se dispusieron a ocupar las Reducciones, esperaban hallar minas de oro. Era más fácil creer que su prosperidad se debía al oro que al trabajo y a la administración eficiente.
LA POESIA A VECES ES VERDAD
Vivo en un mundo de palabras.
En ocasiones es una celda,
una prisión infinita,
un laberinto enrevesado
donde cada término evoca
heridas, batallas perdidas,
memorias que duelen,
vivencias ajenas,
teorías huecas.
Otras veces es trinchera
que sobrevuelan,
como proyectiles letales,
objeciones, agravios,
prejuicios, exigencias.
Tiradores anónimos
convertidos en héroes
de sus propias ficciones
traicionan a las palabras
convirtiéndolas en ruido.
Hay también versos errados,
narraciones inconclusas,
cantos sin alma
y plegarias extraviadas.
Pero hay ocasiones
en que las palabras
son puente, caricia,
bendición, promesa,
flecha que apunta
al centro mismo de la vida,
donde convergen
la verdad de uno,
la amistad sincera,
y el propio Dios.
ME LLAMASTE AMIGO
Tú me buscabas a mí.
Yo buscaba respuestas.
Te pedí un horizonte,
huellas en el mapa,
instrucciones claras.
Esperaba plazos,
señas, objetivos.
Tenía miedo
de no saber,
de no poder,
de no llegar.
Reclamaba un equipaje
que me diera seguridad,
una ruta que prometiera llegadas.
Exigía garantías,
condiciones tolerables.
Me llamaste amigo.
Y en esa palabra
desmontaste agobios,
rompiste exigencias,
callaste temores.
Tú eras la respuesta,
el plazo, la ofrenda.
Tú eras el camino,
y la única meta.
Sin más condiciones.
No dándome nada
de lo que pedía,
me lo diste todo.
Bien arraigados en la Palabra de Jesús, leyendo el Evangelio todos los días, no dejéis nunca de soñar una tierra donde haya paz y fraternidad, de mirar el mundo con admiración, de afrontar el futuro con la luz de la esperanza. ¡No dejéis que nada ni nadie os robe la esperanza!
«La Iglesia conoce el sufrimiento de sus hijos más mayores, sabe bien que muchas veces se les mira con prejuicios y se les considera un peso; es sabedora de que una economía concentrada sobre el beneficio debilita las relaciones familiares; sabe que muchos ancianos son abandonados por los hijos que se ven obligados a migrar o, en algunos casos, a combatir en la guerra. Por cada uno de estos motivos, se alegra de anunciar la promesa del Señor: “Yo nunca te olvidaré”»
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Siempre que he ido a Argentina, y ya van unas cuantas veces, solo he recibido cariño, respeto y una bienvenida generosa. Los argentinos son divertidos, acogedores, hablan mucho, tienen un punto excesivo del que ellos mismos se ríen, son conversadores, bromistas, tienen ingenio. Por Dios, si entre «Relatos salvajes» y «El secreto de sus ojos» hacen una tesis de humanidad tan real que todos nos podemos reconocer ahí... y sí, muchos viven apasionados por el fútbol. Me parece injusto lo que parece ahora una campaña para pasarles todas las facturas pendientes que muchos debían tener guardadas. Porque sí, las redes ponen el foco en unos cuantos conspiranoicos que parecen no aceptar que este mundial no lo ganaron. Pero la mayoría claro que lo acepta. ¿Hubo gestos mejorables? Pues sí. Pero la mayoría ha felicitado a España, y claro que les duele haber perdido la final. Como nos dolería a los españoles si la hubiéramos perdido. Esta vez no pudo ser, amigos. Pero ya habrá otras ocasiones. Un abrazo enorme.