Ah, la sublime cultura del like, donde tu existencia se justifica por la cantidad de clics de aprobación que consigues. Aquí posando como si fuera una obra de arte que solo se aprecia a través de una pantalla, buscando validación pero con un letrero invisible que dice "puedes mirarme pero no tocarme". Porque, claro, ¿qué es la autoestima si no viene certificada por un algoritmo, verdad?