@MiguelPichetto Muerte civil...cualquiera...como decir que para lo unico que sirve es para ser presidente...no sera mucho, quizas tambien es una buena madre, excelente abuela, puede ser muchas cosas, menos funcionaria..casi como ud que tambien quizas sirve para ser otra cosa que solo politico
@morandolucas Ya que muchos periodistas hicieron tanto bombo por lo de Adorni, perdiendo focos en otras tantas causas. Lo de Insaurralde cuantos Adornis serian?? Ya podemos valuar las causas diciendo que este serian 2000 Adornis, lo de las SIRAS serian unas 5000 Adorni, y asi...
@futbolmundialsp Claro, lo ponen a Riquelme, y no aparece Pasarella, Valdano, Ruggeri y tantos otros que estan por encima del pecho frio...ademas que no gano nada Riquelme en seleccion y renuncio porque la madre no queria que juegue
Argentina tiene una paradoja brutal: posee comida, energía, minerales, talento, cultura empresarial, universidades, creatividad y una diáspora que triunfa en todas partes. No le faltan recursos. Lo que le ha faltado durante décadas es una señal creíble de que producir, invertir y arriesgar no será castigado por el siguiente gobierno.
Por eso el fenómeno Milei no debe medirse solo por simpatía ideológica. Lo importante es el cambio de mensaje que Argentina le envía al mundo: el Estado no puede seguir siendo el socio que no pone capital, no trabaja, no innova, pero se queda con la mayor parte del resultado y encima cambia las reglas cuando algo sale bien.
El capital no se enamora de los países. El capital calcula. Mira si una norma sobrevive a una elección, si un juez respeta un contrato, si un funcionario puede bloquear un proyecto, si la inflación destruye el plan de negocios y si el empresario será tratado como creador de riqueza o como sospechoso permanente.
Argentina no necesita que el mundo le tenga lástima. Necesita que el mundo vuelva a creer que es posible planificar a diez años allí. Esa es la batalla central: pasar de ser un país de oportunidades obvias pero reglas imposibles a ser un país donde el talento pueda quedarse, el ahorro pueda invertirse y el éxito no pida perdón.
Si Argentina consigue sostener esa credibilidad, no estará “volviendo” a ningún pasado idealizado. Estará haciendo algo mucho más difícil: construyendo por primera vez en mucho tiempo un futuro donde sus ventajas naturales y humanas no sean anuladas por su propia política.