Toda mujer llega a una edad donde solo quiere estar al lado de un hombre que haya terminado su etapa de niño, de mujeriego, mentiroso, infiel y que se enfoque en él y en ti, en construir algo sano y duradero.
Uno de mis versículos favoritos es Proverbios 3:5–6: “Confía en el Señor con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia inteligencia; reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas”. Eso suena hermoso hasta que la vida deja de tener sentido. Es fácil confiar en Dios cuando todo va bien, pero es más difícil cuando se cierran puertas, cambian los planes, las oraciones parecen tardar en responderse o la vida da un giro inesperado. Justo ahí es cuando este pasaje cobra más importancia.
No dice que confíes en Dios cuando entiendas todo. Dice que confíes en Él con todo tu corazón y que no te apoyes en tu propia inteligencia. Habrá temporadas en las que no tendrás todas las respuestas y momentos en los que el plan de Dios se vea diferente al que tenías en mente. Dios nunca nos ha pedido que entendamos todo; nos ha pedido que confiemos en Él.
Cada vez que miro hacia atrás en mi vida, veo momentos en los que Dios me estaba guiando, incluso cuando yo no podía verlo. Así que si hoy estás enfrentando incertidumbre, recuerda: Dios ya está delante de ti en la situación que te preocupa, y sigue abriendo camino, incluso si todavía no puedes verlo.