En la playa nudista, mis pensamientos se perdían en el deseo. Una MUJER se acercó, notó mi evidente agitación y, con una mirada fija, preguntó: "¿Puedo?". Asentí en silencio. Tomó la iniciativa por completo y me dejé llevar, complacido al ver cómo me hacía suyo en ese instante.