Soy como un niño que voló todas sus pelotas al patio del vecino y nunca intentó recuperarlas. Tan bueno en el arte de perder que podría montar una exposición en Bellas Artes o dar cátedra en la UNAM, y sin embargo, prefiero perder la oportunidad. Para no perder de la costumbre.😌
Dios tiene sus maneras para hacernos creer que la vida es la más grande maravilla y fortuna que tenemos, y que cada día es otro comienzo para seguir viviendo las mismas historias que amamos. Maggie es ese recordatorio de Dios frente a mí.
Si nos aterra la posibilidad de perder a una persona, es que amamos. Si nos importa el bienestar de otros, es que amamos. Si hacemos por otros lo que no haríamos ni por nosotros mismos, es que amamos.
Hace un lustro que estoy caminando mi vida a la par de otra alma que camina la suya, y ambos caminamos decidiendo día a día dar cada paso uno con el otro mejorando nuestras pisadas por sabernos juntos y libres. 🫶🏾
Vivimos girando alrededor de una enorme bola de luz y energía y tenemos todo un año para dejarnos alumbrar, y alumbrar.
De corazón, gracias a todos los que han estado cerca.
No todos los días son radiantes. Algunos apenas alumbran lo justo para no tropezar. Pero con eso basta. La vida no siempre es una celebración, pero puede ser una compañía amable. Y quizá eso es lo más difícil de comprender: que no hay que alcanzar nada, ni brillar, ni festejar.