Naturalicemos estar enojados con quienes nos hicieron daño. No tengo que perdonar a nadie por traicionar mi confianza o jugar con mi paz mental. El perdón está sobrevalorado; puedo vivir en paz rechazando a quien me la arrebató.
Dos personas que tienen conexión, nunca podrán romperla, incluso si llegan a odiarse o alejarse por mucho tiempo. Aunque lo nieguen, siempre sentirán esa nostalgia en su corazón y una parte de uno vivirán en el otro.