Amo a Dios sobre todas las cosas. Feliz con lo que soy y agradecida de lo que tengo. UCVista por siempre. Luchando por el cambio para mi amada Venezuela.
🚨 CIA WHISTLEBLOWER: THE "VENEZUELA CODE" IS REAL
Former CIA Officer Gary Berntsen exposes the specific architecture inside US voting machines.
He details the "God Mode" backdoor originally built for the Chavez regime—and explains why it is STILL active in American systems today.
Are they stealing elections? Gary says -- Yes. And he has proof.
@realDonaldTrump
"La ley de amnistía reconoce la monstruosidad", sostiene el historiador Elías Pino Iturrieta en el capítulo 54 del Manual de Maneras que ya está disponible en nuestro canal de YouTube
De eso conversan @Adriananunezr y @eliaspino en el episodio 5⃣4⃣ del #podcast 🔊 Manual de Malas Maneras:
https://t.co/ANhwTKruMr
Una amnistía o “proceso de reconciliación” que excluya a la sociedad civil, ONG y a los sectores que incomodan al poder no es paz ni diálogo: es un ejercicio unilateral y monopólico, propio de prácticas autoritarias.
Que Jeannette Jara considere que María Corina Machado es una golpista, solo muestra el nulo compromiso que tiene con la democracia, junto a la nula empatia con un pueblo que ha sufrido por una sanguinaria narcodictadura que ella y su partido apoyó.
Hoy, al escuchar las palabras severas del Comité Nobel, sentí que algo en mí se quebraba y se reconstruía al mismo tiempo. No era una denuncia nueva; era la verdad ampliada, dicha por fin sin titubeos, esa verdad que Venezuela ha cargado como una piedra atada al pecho durante tantos años. Ese discurso no hizo más que iluminar, con una franqueza casi insoportable, la destrucción de un país entregado a delincuentes y terroristas que confundieron el poder con la rapiña y el Estado con un botín interminable. Cada frase fue un golpe suave pero certero, un recordatorio de lo que tantos han dicho, sufrido y vivido en silencio. El deterioro no fue un accidente: fue un proyecto meticuloso.
La fuerza de ese discurso, sin embargo, es un premio al pueblo venezolano. A ese pueblo que, incluso en medio de la deshumanización más profunda, no perdió el norte. Que no aceptó la costumbre del abuso, ni se arrodilló ante quienes quisieron convertir la injusticia en paisaje. También es un espejo incómodo para quienes justificaron lo injustificable, para quienes callaron por conveniencia y para quienes colaboraron si eso les ofrecía un privilegio más. Y aun así, persiste el silencio de quienes prefirieron una visión cómoda a cambio de sus beneficios. Pero esta vez no importa tanto: porque del otro lado, del lado de los que hemos resistido, la esperanza sigue viva. Y ese fuego, por fin, empieza a alumbrar el camino de regreso.
Contar la realidad cruda del país es contar por qué tantos caminaron kilómetros huyendo del odio; por qué millones prefirieron empezar de cero antes que seguir respirando lo que quedaba. Es admitir que Venezuela no pertenece a quienes hoy la gobiernan, pero duele porque está secuestrada. Rescatarla nos exigirá convertirnos, todos, en migrantes de algún modo: por dentro y por fuera. Veintisiete años de odio nos dejaron una patria distinta a la que nos vio crecer, pero sigue siendo la que queremos reconstruir. Y esa reconstrucción empieza por pedir ayuda para recuperarla. Una Venezuela sin dictadura será, sin duda, un mundo mejor: sin eco al terrorismo ni al narcotráfico, sin la sombra que nos robó.
Este premio también es de quienes, en la oscuridad más densa, lograron ser su mejor versión. Ellos son la señal de lo que viene, la prueba viviente de que la dignidad no murió y de que, por fin, el mundo empieza a escucharnos. Porque las elecciones y sus actas no fueron un trámite: fueron un grito. La señal de auxilio de una nación entera que decidió romper el silencio. El 28 de julio, en las urnas, y hoy, en este Nobel, el mensaje que se levanta es el mismo, claro y urgente: ayuden, por favor. Están matando un país.
Y sin embargo, o quizá por eso mismo, queda la esperanza. No una esperanza ingenua, sino la que nace de haber visto a todo un país levantarse a pesar del miedo, a pesar del daño, a pesar del tiempo. La esperanza de millones que eligieron vivir, que eligieron no rendirse, que insistieron en llamar al mundo hasta ser escuchados.
Esa esperanza ya empezó a trazar el camino de regreso. Y esta vez, nadie podrá detenerla.
Cuando te marchas de una reunión con venezolanos, no importa en qué país estés, siempre alguien te va a escribir a preguntar si llegaste bien.
And I think that’s beautiful.
Todas estas cosas fallaban gravemente años antes de las sanciones petroleras de 2019.
La emergencia eléctrica es de 2010 y el racionamiento de combustible también. La contracción económica empezó en 2014.
La inflación de tres dígitos fue en 2015, y la hiperinflación, en 2017.
Rocío San Miguel, ciudadana 🇻🇪🇪🇸, lleva más de un año presa en el Helicoide y más de 6 meses con el hombro fracturado y su brazo comprometido.
Debe ser operada en libertad, con médicos de confianza y además seguir el post-operatorio y las terapias fuera de la celda.
Vale mencionar el papel de los medios en Chile y del amarillismo morboso que han venido fomentando durante meses.
Han utilizado a George Harris como un recurso para captar atención, porque saben perfectamente cómo apelar a su audiencia.
Conocen a su público.
Hay que entender algo: Chile es una sociedad profundamente infeliz. No esperen otra cosa que amargura, recelo e inseguridad personal. Es parte de su idiosincrasia.
¿Por qué hay 150 extranjeros presos políticos en Venezuela y qué le pasa a sus países que no los reclaman con firmeza?
¿Por qué hay trabajadores de Corpoelec presos desde hace meses?
¿Por qué sigue desaparecido Noel Álvarez y el gremio empresarial no se pronuncia por ��l?