Me gusta este momento que estamos viviendo donde parece que la gente POR FIN está viendo que sus ídolos millonarios (sin talento alguno) profesan una cosa mientras hacen ellos lo contrario. No se trata de envidia, se trata de aprender a ver las 2 caras del mundo que vivimos hoy.
Verdades como piedras. Muchas veces hay que jugar el “juego corporativo” a expensas de tus valores. Hay quiénes están dispuestos a hacerlos, hay quiénes no.
Mi mayor decepción laboral fue entender que no basta con hacer bien tu trabajo ni con amar lo que haces. A veces, si no encajas, no caes bien o no te alineas con el ego de quien lidera, todo tu esfuerzo deja de ser suficiente, incluso cuando cumples y das lo mejor de ti.
En Costa Rica el mercado tarifario es extremadamente complejo, creo que lo hicieron así a propósito. Por ejemplo, la tarifa residencial tiene un porcentaje de subvención que sale de la tarifa comercial e industrial.
Desde mi punto de vista las tarifas en CR si bien no son las más caras a nivel regional, tampoco son lo baratas que podrían ser, y mucho de eso se explica por los “costos” asociados que tienen las empresas distribuidoras y por algunas decisiones de las últimas décadas.
Es un tema que tiene muchas aristas.
"La envidia fue considerada una vez como uno de los siete pecados capitales, antes de que se convirtiera en una de las virtudes más admiradas bajo su nuevo nombre: «justicia social»".
- Thomas Sowell -
Silvia Castro
RESUMEN
Lo fascinante del nombramiento de Rodrigo Chaves como ministro de Presidencia y Hacienda no es la indignación —esa era inevitable— sino la velocidad con que las cámaras de eco decidieron que Laura Fernández no podía tener razón.
Horas después del anuncio en el Teatro Popular Melico Salazar, ya todo estaba escrito: Fernández era ingenua, Chaves manipulador, el país caminaba al autoritarismo. Nadie se detuvo a considerar otra posibilidad: que esto no sea improvisación, sino estrategia.
Fernández ganó prometiendo continuidad, no ruptura. El electorado sabía exactamente lo que votaba: más chavismo, no menos. Criticar ahora el nombramiento es, en el fondo, cuestionar que cumpla su promesa política.
Y existe otra verdad incómoda: Chaves, con todos sus defectos, es probablemente el técnico más preparado para manejar Hacienda en este momento. Exfuncionario del Banco Mundial, exministro y conocedor de organismos multilaterales, justo cuando Costa Rica necesita experiencia para sostener acuerdos y reformas complejas. Rechazarlo únicamente por “la óptica” también es una forma de vanidad política.
Lo que realmente incomoda a la clase política tradicional es que Fernández parece dispuesta a romper el viejo pacto costarricense: presidentes moderados, diálogo interminable y reformas que nunca llegan. Ella está diciendo algo distinto: tengo mandato, tengo mayoría y voy a gobernar.
Sus críticos lo interpretan como sumisión a Chaves. Pero también podría ser exactamente lo contrario: una presidenta que entiende que en política los resultados pesan más que la aprobación de las élites.
Sí, es una apuesta riesgosa. La concentración de poder puede terminar mal. Chaves es confrontativo, impredecible y profundamente polarizante. Pero también conecta con una ciudadanía cansada de gobiernos elegantes e ineficaces.
La verdadera pregunta es otra: ¿qué prefiere Costa Rica? ¿Más décadas de consenso estéril o un experimento incómodo que al menos intente mover al país?
Fernández apostó por la segunda opción.