The accusation that I am antisemitic is appalling and fundamentally dishonest. Criticizing the actions of the Israeli prime minister, a military technology contract, or the executives who supply it is not the same as criticizing Jewish people. This critical and necessary dialogue is then dishonestly framed as being anti-Israel. To be clear, my views come from my own political convictions and should never be interpreted as hostility toward Jewish people, for whom I have deep love and respect. Everything I know about acting, activism, and humanism has been profoundly shaped by the Jewish friends, colleagues, and loved ones who have been integral and family throughout every point of my life.
This merger has real consequences for real people, and for the entire country. Scrutinizing the Ellisons, including Oracle’s business built on data, surveillance technology and government contracts, and the serious threat to editorial freedom and the loss of a livelihood for thousands of families, is fair and necessary. The $111 billion deal would hand one family control over CNN, HBO and Warner Bros., backed in part by foreign money whose influence on editorial decisions has never been fully explained to the public.
Lawmakers on both sides of the aisle have called for serious national security review, and regulators still haven’t given the public a real answer. Until they do, the merger shouldn’t move forward. Now is the time to dive boldly into all these issues, not step back or concede.
He leído la columna de Ana Iris Simón sobre los hoteles adults only.
Mira que escribe bien, pero siempre hay algo que me chirría en sus planteamientos, y en esta ocasión también.
El debate es interesante.
Ella lo cuenta como si el mercado se hubiera inventado la demanda: el capitalismo trocea la realidad, expulsa a los niños del espacio común y les vende la parcela sin críos a los amargados dispuestos a pagarla.
Qué harían sin echarle la culpa al capitalismo de todo.
Pero la realidad es que el mercado pocas veces inventa la demanda: la detecta y la cubre.
Y la pregunta que ella no se hace es de dónde ha salido la demanda, porque hace treinta años no existía en España.
El primero abrió en 2007 en Canarias y su expansión estos últimos años ha sido fulgurante.
Los niños han estado siempre en los hoteles, en las bodas y en las sobremesas.
Los que ya tenemos una edad crecimos en restaurantes llenos de ellos y a nadie se le ocurría pedir un comedor sin niños.
¿Qué ha cambiado desde entonces?
Los niños desde luego que no, revoluciones tecnológicas aparte.
Lo que ha cambiado es lo que hacen los adultos que van con ellos.
Hemos pasado de educar a “acompañar”, de poner límites a “validar emociones”.
Hay toda una corriente de crianza, con sus gurús, sus libros y sus cuentas de Instagram, que sostiene que decirle que no a un niño lo frustra y que frustrarlo lo traumatiza.
¿Es eso capitalismo?
El resultado son padres que no cortan una rabieta porque eso sería invalidar al niño, y que, como dice Ana Iris, hacen scroll tranquilamente pero no en la piscina “adults only”, sino en el restaurante de un hotel normal donde su hijo convierte el bufé del desayuno en un parque de bolas.
Y a partir de ahí pasa lo previsible.
Convivir con niños siempre ha tenido un coste en “molestias”, y era perfectamente asumible porque había unos adultos gestionándolo.
El que diga lo contrario miente.
Cuando esos adultos dimiten de sus funciones, el coste lo paga el de la tumbona de al lado, que a lo mejor tiene siete días de vacaciones al año y no quiere gastarlos aguantando rabietas de desconocidos.
Ahí, y solo ahí, aparece el hotelero con su cartel de adults only, que llega el último a la cadena, como llega siempre el mercado: a cubrir el hueco que otros dejaron antes.
En lo que sí estoy de acuerdo con ella es en que los niños aprenden a ser adultos conviviendo con adultos. Claro que sí.
Pero convivir es precisamente lo que ya no se enseña: normas, límites, un “aquí no se grita” y un “pídele perdón al señor”.
La comunidad que Simón reivindica la sostenían los padres que educaban para ella.
Y luego está el comodín de siempre: la culpa es del capitalismo. Cómo no.
Es un diagnóstico comodísimo, porque si el culpable es el sistema, nadie tiene que mirarse al espejo: ni el padre que no educa, ni el que ha convertido al niño en el centro del universo.
En algo sí tiene razón: si el capitalismo ha aportado algo a esta historia son las pantallas.
Hay una industria entera diseñada para capturar la atención de los niños, y eso ha puesto el atajo a huevo.
Pero la tablet no llega sola a la mesa del restaurante: se la pone delante un adulto que ha decidido que es más cómodo silenciarlos que educarlos.
El capitalismo tendrá mil pecados, pero no le ha quitado a ningún padre la capacidad de decirle que no a su hijo.
Así que sí, es el mercado, amigo. Pero el mercado va siempre detrás.
Delante va una generación de padres convencida de que educar y decir “no” es traumatizar.
Mientras eso no cambie seguirán abriéndose hoteles sin niños, por muchas columnas que se le dediquen al asunto un sábado en El País.
Reunión de padres.
Instituto público.
18:30.
Aula de tecnología.
Sillas incómodas.
Proyector que tarda más en encenderse que un adolescente un lunes.
Tema del día:
“Móviles y redes sociales en menores.”
La directora empieza:
—Estamos viendo más conflictos por grupos de WhatsApp, vídeos grabados en clase y cuentas falsas de Instagram.
Una madre levanta la mano.
—Yo lo tengo clarísimo. Hay que prohibir los móviles.
El padre de al lado asiente.
—Totalmente. Los niños están enganchados.
Todos muy firmes.
Muy responsables.
Muy “esto antes no pasaba”.
Hasta que suena un móvil.
El de la madre.
Lo coge.
Mira la pantalla.
Sonríe.
—Perdón, es mi hija.
La directora espera.
—Tiene 11 años.
—¿Y tiene móvil?
—Sí, pero solo para emergencias.
Emergencias.
Claro.
En la pantalla se ve el mensaje:
“Mamá, me das Robux?��
Emergencia humanitaria.
Nivel ONU.
La directora sigue:
—El problema no es solo el móvil. Es el uso sin control.
Otro padre interviene:
—Mi hijo no está enganchado. Solo ve vídeos para desconectar.
—¿Cuánto tiempo?
—No sé. Dos horitas.
—¿Al día?
—Bueno, entre semana. El finde más, porque se aburre.
Se aburre.
La gran tragedia moderna.
Antes un niño se aburría y acababa inventando una portería con dos mochilas.
Ahora se aburre y le entregamos un casino de dopamina con funda azul.
La tutora enseña varios casos.
Insultos en grupos.
Fotos sin permiso.
Burlas.
Audios.
Niños de 12 años hablando como adultos quemados por internet.
Una madre se indigna:
—Pero eso es culpa de las plataformas.
Sí.
De las plataformas.
Y de los algoritmos.
Y de China.
Y de Silicon Valley.
Y del capitalismo.
Todo menos de quien le compró un smartphone de 900€ a un niño que todavía pierde la chaqueta en educación física.
Entonces la directora dice:
—Proponemos que no traigan móvil al centro.
Silencio.
Del espeso.
Del que huele a contradicción.
La misma madre que pedía prohibición se echa hacia atrás.
—Bueno, tampoco nos pongamos extremos.
—¿Por qué?
—Porque yo necesito saber dónde está mi hija.
—Está en el instituto.
—Ya, pero necesito escribirle.
—¿Durante clase?
—Solo si es importante.
—¿Como los Robux?
Otro silencio.
Más bonito.
Más pedagógico.
El padre de las “dos horitas” se cruza de brazos.
—Prohibir no educa.
Ah.
La frase comodín.
“Prohibir no educa.”
Curioso.
Porque en casa tampoco educa nadie.
Solo cargan el móvil, pagan los datos y luego culpan al profesor cuando el niño no atiende.
La reunión termina.
Todos salen hablando de límites.
De salud mental.
De infancia robada.
De que “algo hay que hacer”.
En la puerta, la hija de la madre espera sentada en el suelo.
11 años.
Móvil en la mano.
TikTok abierto.
Auriculares.
Ni mira cuando su madre llega.
—Cariño, vámonos.
Nada.
—Cariño.
Nada.
La madre suspira.
—Es que está en una edad difícil.
No.
Está en una pantalla fácil.
Y ahí está el problema.
No son solo los móviles.
No son solo las redes.
No son solo los colegios.
El problema son adultos que quieren que el Estado prohíba lo que ellos no se atreven a limitar en casa.
Padres que piden mano dura en las reuniones…
y luego negocian con un niño de 11 años como si fuera un sindicato con abogado.
Resumen:
Quieres prohibir TikTok.
Perfecto.
Pero empieza por no usarlo como niñera.
Porque si tu hijo no puede cenar, esperar, aburrirse o mirar por la ventana sin una pantalla…
igual el algoritmo no entró en tu casa.
Igual lo invitaste tú.
Me genera mucho rechazo esta forma elitista de ver la educación. Yo no quiero que mis hijos solo conozcan familias ricas blancas clasistas que se creen alta sociedad por ir a colegio privado. De ahí vienen los Trump y las Cayetanas Álvarez de Toledo, y no conozco personas más tóxicas para nuestra sociedad que ellos. Yo los llevo a la pública, porque igual allí no tendrán pizarra electrónica ni aplicarán el método Wisconsin, pero conocerán la diversidad real del mundo, aprenderán a relacionarse con todo tipo de estratos sociales y a valorar a la gente venga de donde venga, sin tener que preguntarles antes qué carrera estudiaron. Ser humilde, entender la importancia de la comunidad, conocer la diversidad del mundo y entender las injusticias estructurales que afectan a nuestra sociedad es también educación, y de las más importantes.
Suben los precios y ya estáis los de siempre con la cantinela habitual: Los impuestos.
Os recuerdo que en la anterior crisis energética, el Estado abonó 20 céntimos por litro, a todos los consumidores, al echar diésel o gasolina.
Las empresas energéticas no nos perdonaron ni un céntimo.
También os recuerdo que bajaron el IVA en los alimentos básicos y vuestro amigo Juan Roig aprovechó para subir los precios.
Si defendierais al Estado (que somos todos), en vez de defender a las empresas privadas, nos iría mucho mejor.
Que no vais a heredar Repsol ni Mercadona, por mucho que os esforcéis.
Hay una cosa importantísima que estamos ganando el pueblo progresista de España estos días: la autoestima.
Llevábamos años hundidos y acogotados por la maquinaria propagandista de la fachosfera. Pero estos días nos hemos levantado para decirles a la cara:
"No sois patriotas, sois unos vendepatrias.
No tenéis proyecto alguno para España.
Os limitáis a lucir pulserita mientras laméis la bota del emperador loco extranjero de turno.
Os llenáis la boca con la patria pero deseáis vivir fuera y no pagar impuestos.
Eso sí, cuando vienen mal dadas, acudís a Papá Estado para que os salve el culo.
Sois un reducto miserable sin ética, sin moral y sin principios.
Porque ya hasta el Papa y la Iglesia os han dejado en evidencia.
España es mucho mejor que vosotros y lo estamos demostrando ante todo el mundo".
🇪🇸
Me estoy divirtiéndo mucho con los post que me llegan de los Australianos.
Están sembrados:
.Alright. Let’s talk about this absolute geopolitical shitshow for a second.
So picture the scene.
You’ve got Spain, right. A normal country. Tapas. Siestas. People arguing about football and drinking wine in the sun. And suddenly they wake up one morning and Donald Trump is on television basically screaming:
“IF YOU DON’T HELP ME BOMB IRAN I’M CUTTING OFF TRADE.”
Mate… what the fuck is this? Is this foreign policy or a drunk bloke threatening to leave a group chat?
And Spain’s Prime Minister Pedro Sánchez comes out and says the Middle East escalation is a “disaster.”
Which, by the way, is the most polite European way possible of saying:
“THIS IS A FUCKING TRAIN WRECK.”
Because Europeans don’t scream like Americans do. They just calmly sip an espresso and go:
“Yes… this situation is extremely concerning.”
Which translates to:
“WHO GAVE THE TODDLER THE NUCLEAR CODES?”
Now here’s the bit that makes this whole thing even funnier.
Spain said no to letting the U.S. use joint military bases on Spanish soil for the strikes on Iran.
And suddenly Donald Trump is like:
“FINE. NO TRADE WITH SPAIN.”
Mate… that’s not diplomacy.
That’s a bloke flipping the Monopoly board because he landed on someone else’s hotel.
Can you imagine the conversation in Madrid?
Spanish officials sitting around a big table going:
“So the Americans want to use our bases to bomb Iran.”
And one guy at the back just slowly raises his hand like:
“Maybe… we DON’T join the Middle East apocalypse today?”
And everyone goes:
“Yeah. That sounds reasonable.”
Meanwhile Trump is pacing around the Oval Office like a bloke who just lost a bet at the pub.
“You guys don’t wanna help bomb Iran? FINE. NO PAELLA FOR YOU. NO OLIVE OIL. NO TOURISTS.”
Mate, Spain’s entire national reaction was probably just:
“Okay.”
Because here’s the reality nobody in Washington seems to understand.
The rest of the world is exhausted with this cowboy shit.
You bomb someone.
Then you threaten someone else.
Then you scream at your allies.
Then oil prices explode.
Then the global economy starts coughing up a lung.
And then everyone acts surprised like:
“How did this happen?”
HOW DID IT HAPPEN?
Mate it happened because the global strategy right now looks like it was written on the back of a fucking napkin at a steakhouse.
And Spain just looked at the whole thing and went:
“Nope.”
Which honestly might be the most adult response anyone’s had in this entire mess.
Because while Washington is running around lighting geopolitical fireworks, countries like Spain are standing there going:
“You realise we have trade routes, energy markets, and 450 million Europeans who would quite like NOT to start World War Three today, yeah?”
But of course Trump’s response is:
“Cut off trade!”
Mate Spain exports $20 billion worth of stuff to the U.S.
Wine. Cars. Machinery. Food.
You’re gonna cut that off because they wouldn’t let you use their backyard to launch missiles?
That’s like threatening to divorce your wife because she won’t lend you the car to rob a bank.
“YOU’RE NOT SUPPORTING MY VISION!”
Your vision is a fucking felony, mate.
And here’s the funniest part.
This whole tantrum actually makes Spain look like the only sober bloke at a 3am house party.
Everyone else is smashing furniture, lighting fireworks inside, punching holes in the wall.
And Spain’s standing in the kitchen holding a glass of water going:
“Guys… maybe we should all calm the fuck down.”
So yeah.
Pedro Sánchez calling this a “disaster” might actually be the most accurate understatement of the decade.
Because when the adults in the room start using words like disaster…
It usually means the rest of the room is on fire and someone’s trying to fix it with a fucking flamethrower.
~Gman
Reflexión del día:
La izquierda ondeando la bandera de España 🇪🇸y la derecha ondeando la de 🇺🇸.
En los momentos claves se ve quién es un patriota de verdad y no de pulserita... buenas noches.
No creo que me equivoque si afirmo que el 99% de la población mundial solo queremos vivir en paz y armonía, tener lo suficiente para vivir sin pasar hambre ni frío y compartir nuestra vida con nuestros seres queridos.
Pero el 1% más rico y poderoso se empeña en no dejarnos.
El absurdo de los Therian es un ejemplo paradigmático de cómo crear y viralizar un tema intrascendente y que no refleja ninguna realidad. Ganas de llenar minutos y stories con la nada que encima irrita a la sociedad y que desplaza temas importantes y reales.
«No me da rabia compartir el bote con Hacienda, me parece justo. Soy una creyente de que las personas que más ingresos tienen deberían contribuir más para poder vivir en la sociedad tal y como la conocemos. Gracias al sistema de impuestos, tenemos un gran sistema de servicios públicos.
Así que no me da ninguna rabia. Al contrario, considero que he podido llegar hasta aquí gracias a mis esfuerzos, pero también a las circunstancias que se han dado en mi vida. Y parte de esas circunstancias han sido el producto de la formación que he tenido gracias a la escuela pública, a becas públicas, a la sanidad pública. Si puedo contribuir un poquito a que el resto siga disfrutando de esto, yo encantada» – Rosa Rodríguez, ganadora de 2,7 millones de euros en 'Pasapalabra'.
si anhqv se hiciese en una época woke, habría un gay que insemina a su mejor amiga lesbiana para que pueda tener un hijo y el niño tuviese 2 padres y 2 madres, una mujer transexual a la que le juzga su cuñado alcohólico, hablarían de palestina y de los ataques de eeuu a oriente,
Slavery never ended. It evolved into a system that makes you believe you're free. Centuries ago, slaves worked all day with no pay. But they were fed and sheltered. Today, you work all day, you get paid. Then spend it all on food, water, and shelter. The prison didn't disappear. It just rebranded. Old slavery: chains on your body. New slavery: chains of debt. Mortgages, student loans, credit cards - Debt is the modern whip. Your life is the cycle: Wake up. Commute. Work. Collapse. Repeat. You're told to be "grateful" for weekends while elites buy back their time with your labor. And every paycheck? Taxes, inflation, hidden fees take their cut. You keep scraps. They keep the wealth. They dangle luxuries to keep you chasing. Old slaves knew they were slaves. Most people today... don't.
The Taliban have a truly brilliant plan for Afghanistan’s women: ban them from education past primary level, forbid them from universities, then slam the door shut on medical, nursing, and midwifery training as of late 2024. All while insisting that only female doctors & nurses can treat female patients, because decency and Islamic propriety demand strict gender segregation in healthcare.
Genius, really. What better way to “protect” women than to ensure that, within a few short years, there will be virtually no qualified Afghan women left to provide the very care their own rules require?
Male doctors cannot properly examine or treat women without risking violation of those same modesty rules and women often refuse or cannot access male providers anyway due to chaperone requirements and cultural barriers. So the Taliban have engineered a perfect catch-22: no male care allowed in practice and now no new female providers being trained either.
Existing female healthcare workers are ageing out, burning out, or fleeing the country if they can. Current female medical students were turfed out mid-training. Midwifery and nursing programmes, already scarce, are now closed entirely.
The predictable result? Skyrocketing maternal mortality, untreated gynaecological conditions, women dying in childbirth or from preventable complications because no female professional is available nearby and rural areas turning into death traps for half the population.
Yet the Taliban still claim this is all for women’s honour and protection. One might almost admire the sheer audacity of the hypocrisy, were it not costing thousands of lives. They have decided that female illiteracy, poverty and death are preferable to the horror of a woman learning how to read, work, or save another woman’s life.
It is not merely cruel, it is spectacularly self-defeating lunacy dressed up as piety.
The rest of the world watches, issues statements, and occasionally wrings its hands, while Afghan women pay the price for this masterclass in regressive logic.
The Taliban really are as stupid as they look.