Creo que España ha dado con una proporción casi perfecta de orden y desorden. Hay suficiente estructura para que lo importante marche e indisciplina suficiente para que, en cuanto intentan homologar al españolito, le salga el Miura y embista al molde.
Más al norte todo funciona, incluido el ciudadano, que viene ya con los bordes redondeados para no molestar al engranaje.
Más al sur mandan sátrapas medievales incapaces de ofrecer nada a su gente pero te quieren montar un puto Mundial para ponerle todos los focos a lo que brilla y dejar la mierda justo fuera de plano.
Y en medio, por alguna carambola histórica cayó España. Me fascina el complejo español de no ser Holanda, cuando no convertirse jamás en ella es precisamente parte del milagro. Llevan décadas intentando corregir lo que los salva.
El futuro será España. Solo necesita arreglar el mecanismo por el que elige a quienes administran sus tesoros, porque ahí el desorden deja de ser fértil y se convierte en basura. España improvisa, trampea, se adapta y sale del paso con duende. Sus políticos han conseguido quedarse con la chapuza, perder el duende y pasarle la factura al contribuyente.
𝐒𝐨𝐦𝐨𝐬 𝐫𝐚𝐫𝐨𝐬. 𝐏𝐨𝐫 𝐬𝐮𝐞𝐫𝐭𝐞 ❤️🔥
Porque tampoco somos una tierra cualquiera.
Somos una tierra rara. De esas que cuesta explicar si nunca las has vivido.
Un pequeño rincón donde caben muchas culturas, muchas tradiciones, muchas formas de entender la vida y una misma manera de sentir nuestra tierra.
Somos convivencia. Somos respeto. Somos diversidad.
Somos la gente que hace de Ceuta un lugar único.
Y precisamente en los momentos difíciles es cuando más orgullosos debemos estar de aquello que siempre nos ha definido: 𝐩𝐞𝐫𝐦𝐚𝐧𝐞𝐜𝐞𝐫 𝐣𝐮𝐧𝐭𝐨𝐬, 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐞𝐭𝐚𝐫𝐧𝐨𝐬 𝐲 𝐜𝐮𝐢𝐝𝐚𝐫 𝐥𝐨 𝐧𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐨.
Hoy celebramos nuestra historia.
Pero, sobre todo, celebramos a nuestra gente.
𝐏𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐢𝐟𝐞𝐫𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐡𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐬𝐢𝐝𝐨 𝐬𝐢𝐞𝐦𝐩𝐫𝐞. 𝐘 𝐚𝐡𝐢 𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐜𝐢𝐬𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐥𝐨 𝐞𝐱𝐭𝐫𝐚𝐨𝐫𝐝𝐢𝐧𝐚𝐫𝐢𝐨.
Feliz Día de Ceuta. 🤍🖤
Siempre Ceuta. Siempre España. 🇪🇸
Como ceutí que padezco y sufro tanto la invasión marroquí de mi ciudad como el abandono del Gobierno de Pedro Sánchez, quiero pediros desde este pequeño altavoz al resto de españoles que mañana salgáis a concentraros en defensa de Ceuta y en defensa de la integridad territorial de España.
Pueblos, ciudades, pedanías…me da igual. Me da igual si vas a ser el único que se concentre en tu pueblo. Hazlo. Incluso el apoyo de UN sólo español en cualquier punto de España se sentirá aquí como cuando te extienden una mano al borde del acantilado.
Mañana a las 20:00. En cada rincón de España con tu bandera de Ceuta, con tu bandera de España.
Ceuta siempre ha cumplido con España. Ahora le toca a España cumplir con Ceuta.
Gene Kelly didn’t want to sing “Singin’ in the Rain” on The Muppet Show.
Kermit took that as a challenge and made it the plot, coaxing him into it anyway.
It was the last episode they ever filmed, and the last time Gene performed it.
A poignant goodbye to the song and The Muppets
Necesito compartir algo con todo el que pueda leerme.
Es importante. Y por eso voy a pedirte algo antes de seguir: comparte esta publicación. Hagamos ruido del bueno.
No por mí. Por Nacho. Y porque quizá esta historia pueda ayudar a alguien.
Ayer estuvimos en el Hospital Nacional de Parapléjicos, en Toledo. Fuimos a pasar la tarde con Nacho, el hijo de mis primos Virginia y José Ignacio.
Hace unas semanas, Nacho sufrió un accidente en uno de esos parques de ocio donde se salta, donde llevamos a nuestros hijos, donde celebramos cumpleaños, comuniones, reuniones familiares. Precisamente Nacho estaba celebrando la comunión de otro de nuestros primos.
No quiero contar más detalles de los que corresponde contar. Son de Nacho y de su familia.
Pero sí quiero contar lo que vi ayer.
Porque salí de allí distinta.
Nacho tiene 17 años. Es futbolero. Es divertido, espabilado, alegre. Y la vida acaba de ponerle delante uno de esos retos para los que nadie, absolutamente nadie, está preparado.
No quiero convertir a Nacho en un héroe simplemente porque le haya sucedido algo terrible. Tiene derecho a estar triste, a enfadarse, a tener miedo y a tener días de mierda. Pero la verdad es que ayer me quedé impactada porque lo sentí un héroe, y así lo hablé con mi marido y mis hijos, que salieron pensando exactamente lo mismo.
Pero sí quiero hacer un homenaje público a lo que él está decidiendo hacer con todo esto.
Porque es impresionante.
Cuando llegamos ayer acababa de ingresar un chaval nuevo en Pediatría.
Y ocurrió algo que posiblemente se me quede grabado durante mucho tiempo.
Nacho y los nuevos amigos que ha hecho allí fueron a buscarle. A hablar con él. A integrarle. A hacer pandilla.
Unos chavales que hace relativamente poco estaban llegando ellos mismos a un mundo desconocido y aterrador estaban ya preocupándose por conseguir que el nuevo no se sintiera solo.
No os podéis imaginar lo que significa ver algo así.
Nacho está aprendiendo a una velocidad brutal. Sobre su cuerpo, sobre la lesión, sobre la rehabilitación, sobre la paciencia y, sin duda, sobre la vida. Pero, además, está intentando utilizar lo que está aprendiendo para ayudar a los que llegan detrás.
Y hoy ha dado otro paso.
Ha cogido su teléfono y ha decidido contar su historia.
Este es su vídeo:
https://t.co/9xbpLeC8vw
Quiere que su experiencia sirva.
Así que yo quiero ayudarle a que sirva.
Quiero también reconocer públicamente a Virginia y José Ignacio, sus padres. Porque detrás de un chaval que pelea hay una familia entera reorganizando su vida, sus horarios, sus trabajos, sus miedos, su economía y prácticamente todo.
El martes estuve con José Ignacio en su taller. Vi el esfuerzo enorme que está haciendo para mantenerlo funcionando, junto a Dani, su hermano y mi primo, y poder seguir trabajando mientras, al mismo tiempo, remueve cielo y tierra por su hijo. Y pensé también en todas esas familias que hay detrás de cada habitación del hospital. Familias que tienen que seguir pagando facturas, trabajando y sacando una casa adelante mientras su mundo se ha puesto patas arriba.
A ellas también quiero mandarles este abrazo.
Y quiero hablar del Hospital Nacional de Parapléjicos.
De sus profesionales. De los que rehabilitan, enseñan, acompañan, cuidan, investigan y vuelven a explicar las cosas las veces que haga falta.
Hay lugares que te cambian la escala de lo importante.
Este es uno de ellos.
Y precisamente por eso hay que protegerlo. Dotarlo. Mejorarlo. Dar recursos a sus profesionales y a sus pacientes. Investigar más. Apoyar más a las familias.
Agradecer lo que existe no significa conformarse. Al contrario: significa comprender lo valioso que es y exigir que nunca le falten medios.
Y ayer comprendí otra cosa.
Tenemos que tomarnos mucho más en serio la prevención.
Porque escuchas historias y de pronto entiendes de verdad —no como una frase hecha— que una vida puede cambiar en un segundo.
Una copa y después conducir.
Una distracción.
Una zambullida sin comprobar.
Un “no pasa nada”.
Un despiste.
Una imprudencia.
Una temeridad.
Un solo instante.
No se trata de vivir con miedo. Se trata de vivir siendo conscientes de que nuestro cuerpo no es indestructible y de que nuestras decisiones pueden tener consecuencias para nosotros y para los demás.
Si alguna vez tenéis la oportunidad de conocer el trabajo que se hace en este hospital, hacedlo. Yo creo que hay lugares que uno debería conocer al menos una vez en la vida.
Y termino con algo mucho más alegre.
A Nacho no le gusta leer.
De momento.
Así que ayer intenté hacerle una pequeña encerrona: le llevé "La vida se entrena cada día", el libro de Luis de la Fuente, entrenador de la selección española.
Por algún sitio había que entrarle y con Nacho estaba claro: FÚTBOL.
Porque es futbolero de verdad. Porque juega —y ha jugado siempre— increíblemente bien. Como su hermana Carla, que ha sido jugadora del Rayo y una mujer absolutamente alucinante.
Y porque es madridista.
Así que ahora voy a pediros otra cosa.
Vamos a intentar que este vídeo llegue lejos.
Muy lejos.
A otros chavales que estén pasando por algo parecido.
A padres y madres.
A quienes quizá mañana recuerden esta historia antes de cometer una imprudencia.
A gente que pueda ayudar.
A deportistas. Porque sería genial que se acercasen a ver a estos chavales, y artistas, actores, actrices, cantantes, que pueden marcar la diferencia para quienes tienen que pasar un rato de su vida que necesita de motivación y alegrías.
Y sí: ojalá consigamos que llegue hasta el Real Madrid, hasta algunos de esos jugadores a los que Nacho lleva años viendo jugar.
Que sepan quién es.
Que vean su vídeo.
Que le manden un poquito de fuerza. Creo que esto a Nacho le encantaría. Pero que sirva para otros equipos, para otros que pueden alegrarle la tarde a los que están en el Hospital de Toledo.
Porque estas cosas parecen pequeñas hasta que las necesitas. Y entonces descubres que no lo son en absoluto.
Vamos a conseguir que las redes sociales sirvan para algo bonito.
Que a Nacho le pasen cosas buenas. Que a su nueva pandilla también.
Que sus padres sientan que no están solos.
Que otros chavales que están ahora mismo empezando este camino sepan que hay gente esperándoles al otro lado. Y que podamos formar parte de ello, de la manera que sea.
Y que todos los que hoy podemos levantarnos, caminar, correr, conducir, saltar, abrazar o simplemente movernos sin pensarlo seamos un poquito más conscientes de la suerte que tenemos. Cuidémoslo como el tesoro que es.
Compartamos el vídeo de Nacho. Ha querido dar ese paso y yo en este puedo ayudarle ;)
Hagamos ruido del bueno.
❤️
#Nacho #LesiónMedular #HospitalNacionalDeParapléjicos #FuerzaNacho #Comparte
1938, a village in Zamora. The Civil War has taken every man of fighting age to the front. A film crew from Burgos shows up. What they capture is one of the strangest anthropological documents to survive the war.
An old woman dressed in black, the village's ROMANCERA (its ballad-keeper), opens by telling the camera that the shepherd who normally recites the opening verse "can't come; he's at the front." Then she hands the song off, line by line, to whoever's left: a poor widow, a mother with three small kids, a group of women spinning wool.
The ballad is an archaic Spanish variant of Mambrú se fue a la guerra ('Marlborough is going off to war', from the French Malbrough s'en va-t-en guerre), an 18th-century song about a duke who never made it home, still being sung from memory two hundred years later, unscripted, by women whose own husbands hadn't made it home yet either.