"Nebulización"
Porque rescataron a un perrito que se hace nebulizaciones todos los días porque tiene una enfermedad respiratoria, y se lo hace solo. Qué pedazo de tipazo.
LO PRIMITIVO
Cualquiera que mantenga vínculos y relaciones sociales con personas de carne y hueso, y no limite su vida social a lo que pasa en este antro, sabe perfectamente que están siendo tiempos bastante hostiles para todos. Tiempos de mucha incertidumbre, insatisfacción y caos; algo que refleja y anticipa una crisis que, posiblemente, se profundice en el futuro cercano.
Esa crisis no es únicamente económica y social, sino fundamentalmente cognitiva.
Hace mucho que vengo insistiendo con este término porque es el que mejor refleja nuestra época: una crisis cognitiva se refiere a un estado de desorientación, confusión o deterioro —temporal o progresivo— de las funciones mentales como la memoria, el pensamiento y la capacidad de resolver problemas.
Es un estado en el que seguramente todos estuvimos en algún momento, pero que ahora se ha universalizado.
La crisis cognitiva no distingue pertenencia política ni ideología. Para que sea efectiva a los efectos de construir las validaciones sociales frente al desastre en el que se vive, es necesario que afecte a todos por igual.
Todos estamos perdidos, volviendo posible lo que hasta hace poco era impensado: viendo a pares aplaudir a personajes vomitivos; observando a estúpidos jactarse con orgullo de su propia estupidez; teniendo de nuevo discusiones saldadas hace décadas; resignificando nuestro propio vocabulario y tratando de subsistir en un mundo que nos parece ajeno. Y lo es. Cada día un poco más.
El mundo entero está escalando su violencia a pasos agigantados mientras nos entretenemos con boludeces que nos ayudan a disociarnos. No me atrevo a decir que eso sea malo, porque disociarse de estos tiempos es también una forma de supervivencia. Y si no lo logran las redes, lo hacen las drogas recreativas, los ansiolíticos, los antidepresivos... y esos combos que ya conocemos.
En esta distopía de videos trucados, felicidad impostada, sobreinformación enloquecedora y estupidez radicalizada, lo que nos mantiene en eje parece ser tapar las cosas, olvidarlas o desconocerlas. Es una forma de ganar tiempo: sobrevivir a estos tiempos de mierda hasta que encontremos la forma de dejarlos atrás.
La verdad es que nadie sabe muy bien por dónde vendrá la salida. Algo o alguien la traerá. Pero mientras eso pasa, es muy importante volver a lo primitivo. A la tarde de mates. Al plancito improvisado. A los besos. A la música.
Volver a charlar. A estar cerca de nuestros afectos. A preguntarles cómo están. A encontrar las palabras justas para contar cómo estamos nosotros. A respetar los silencios, propios y ajenos. A sobrecargarse menos. A bajar las expectativas sobre el resto. A entender que estamos todos en la misma, haciendo lo que podemos. Y eso ya es un mont��n.
Los carteles parecen indicar como único camino el «sálvese quien pueda»; pero en nuestra especie, la salvación siempre es comunitaria. Nadie puede ser feliz cuando todo lo que nos rodea muta en sufrimiento.
O nos salvamos entre todos, o no se salvará nadie. Ni siquiera ellos.
"Dejé a Manchas, mi perrita en la guardería y, al volver, me dijeron que se había pasado el día entero siguiendo a George, el gran danés, a todas partes. Estaba completamente enamorada, y la forma en que lo miraba era, sinceramente, la más dulce que he visto en mi vida.
No pude resistirme a capturar ese momento... su carita brillaba de pura alegría. Es curioso cómo funciona el amor, incluso para nuestros cachorros… ¡Se enamoró perdidamente de él!"