Humberto de la Calle, el gran promotor proceso de paz y JEP, ahora admite errores tras años de lentitud y un derroche presupuestal que pagamos todos los colombianos. Muy tarde para reconocer que el tribunal es un aparato gigantesco e ineficaz que le cuesta demasiado al país.
Ante figuras de tanto poder político e influencia, la justicia no puede pecar de ingenua: si no existen garantías reales que impidan el riesgo de fuga o la manipulación de pruebas, la tranquilidad procesal del investigado termina convirtiéndose en la frustración de todo un país.
Es grave que las declaraciones del actual presidente constituyan una pregunta que puede interpretarse como una amenaza directa hacia el mandatario electo.
Rechazar la legitimidad del presidente electo sin argumentos de fondo es desconocer la democracia. El CNE y la Registraduría, únicos entes legales competentes, ya ratificaron su victoria; oponerse a ello no es postura política, es violar la ley y la voluntad popular.
El vencimiento de términos en el proceso de Ricardo Bonilla —por un descuido de la Fiscalía— es un golpe imperdonable a la credibilidad del ente acusador. Un mensaje nefasto: los plazos legales parecen ser opcionales para el poder.
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El legislativo no puede suspender ni romper arbitrariamente con el Banco de la República. La Constitución de 1991 (Art 371 a 373) blinda la autonomía técnica, administrativa y patrimonial del Banco para evitar que el manejo del dinero dependa de intereses políticos de turno.
¿Nos bajan $500 después de habernos subido casi $7,000? Una rebaja del 7% tras un aumento del 75% no es alivio, es campaña política. ¡No nos vean la cara!
La política en nuestro país ya no es servicio, es el mejor negocio. ¿Su CV? Irrelevante. ¿Su experiencia? Mucho menos. La idoneidad dejó de ser un requisito para convertirse en un estorbo. La única 'calificación' que importa es la habilidad para moverse en el poder.
Estado rico, ciudadano pobre: la receta del fracaso. Mientras el Gobierno habla de emergencia económica, la Corte frena el gasto por falta de sustento. Al final, el superávit se queda en el papel y la crisis en la calle.