Cuando dejas de perseguirlo, llega. Cuando te animas a soltar, aparece. Cuando desde el alma lo crees, sucede. El universo no responde a la necesidad; responde a la alineación.
Las carpas (1.900) y mantas (7.000), junto con equipos de generación de electridad y potabilización, son fundamentales para ayudar a quienes perdieron su casa y se qudan al intemperie. 🇨🇳🇨🇴🤗🤗
..."la mención jurídica de las niñas, como parte del lenguaje que precisa quién es sujeto de derechos frente al Estado, quedó resuelta hace veinte años en sede constitucional"...
Estimado señor @John_Narvaez_: soy profesor de derecho constitucional y de filosofía del derecho, y dicto la cátedra de capacidad jurídica de las personas con discapacidad, en el marco de la Ley 1996 de 2019, en la Especialización en Derecho de Familia de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Estos intercambios me parecen siempre una oportunidad para contribuir a la estabilización del derecho y de sus instituciones. Le respondo, entonces, con paciencia y con el mismo respeto con que atiendo a cualquiera de mis estudiantes.
Sea lo primero aclarar que la expresión "las niñas" no pertenece a ninguna neolengua posmoderna ni proviene de subjetividades nominales que he criticado abiertamente, como lo hice en su día con el extinto Ministerio de Igualdad y con el nombramiento del entonces ministro Florián, que un tribunal terminó dándonos la razón. No estamos hablando de lo mismo.
El derecho de familia y el derecho constitucional del siglo XXI no confunden la niñez, que es un estado del desarrollo humano, con niño, niña y adolescente, que son los sujetos de derechos. Confundirlos equivale a confundir a la persona con discapacidad con la discapacidad. Uno nombra una condición; el otro nombra a quién debe proteger la ley. Jurídicamente no es lo mismo decir "proteger la niñez" que proteger a "los niños, las niñas y los adolescentes". Lo primero pertenece al lenguaje corriente; lo segundo, al lenguaje jurídico-institucional, que es el que produce consecuencias jurídicas de protección. Ese es el punto de partida.
En efecto, nadie sostiene que cambiar una vocal evite un crimen o una violación de derechos. Esa sería una reducción absurda del argumento. Lo que afirmo, y sobre lo que descansa buena parte del derecho internacional de los derechos humanos y del derecho constitucional de familia, es un principio elemental de todo sistema jurídico moderno: lo que no se nombra no existe, y lo que no existe no se protege. Pero, hay algo más, y es lo decisivo.
Proteger a una "niña" no es lo mismo que proteger a un "niño". Unas y otros enfrentan formas distintas de discriminación y de violencias, y así lo han reconocido el derecho de familia, el derecho penal y el derecho constitucional, pero también la tradición del derecho internacional. Piense usted, por ejemplo: las cargas de violencia que soporta una "niña sorda" son profundamente distintas de las que enfrenta una "niña oyente", pero unas y otras difieren de las de cualquier niño. Por ello, comprender cómo opera esa diferencia (entre niño y niña) no es revictimizar ni inferiorizar perpetuamente a las niñas frente a los niños; no es ninguna desventaja humana ser una niña. La diferencia entre niño y niña opera como punto de partida y categoría analítica de cualquier sistema jurídico de prevención y protección. No se protege lo que no se distingue.
Sobre el "lenguaje neutro" que en Colombia fue para todos los efectos, el "universal masculino" se rompió jurídicamente en 2006. La Corte Constitucional, mediante la sentencia C-804 de ese año declaró "inexequible" (inconstitucional) la norma del artículo 33 del Código Civil según la cual la palabra "hombre" y su semejante "niño", comprendía a ambos sexos. La Corte sostuvo que el uso generalizador del masculino era en sí mismo discriminatorio, excluyente y exclusivo. Fue tan explícita en ello que descartó la salida de una sentencia interpretativa; declarar la norma exequible bajo el entendido de que también cobijaba a las mujeres habría equivalido, dijo la Corte, a reproducir la disposición demandada que declaró inconstitucional.
Y precisó algo decisivo para esta discusión: su decisión recaía sobre el lenguaje jurídico y no sobre el lenguaje corriente. Justamente por eso el punto importa. Prescindir de la mención "las niñas" en documentos oficiales no es una decisión de estilo. Es intervenir el lenguaje jurídico, que es el terreno donde la Corte ya fijó el criterio y es el terreno donde gravitan las instituciones públicas del Estado. Y fíjese en la coincidencia: ese mismo año, la Ley 1098, actual "Código de la Infancia y la Adolescencia", en cuya redacción participó la exdefensora delegada del pueblo, Dra. @Crist_hurtado, incorporó de manera sistemática la expresión "niños, niñas y adolescentes". Con ello consolidó en el derecho colombiano de infancia y familia la visibilización expresa de las niñas como sujetos de derechos. No existe, entonces, justificación constitucional ni legal para prescindir de la mención "las niñas" en documentos oficiales ni en ninguna otra actuación del Estado. Ese debate se cerró hace veinte años.
Dicho lo cual, parto siempre de la buena fe. Es probable que alguien haya sugerido simplificar el lenguaje creyendo que decir "niñez" equivale a decir niño y niña, sin ninguna intención de excluir. Eso no es maldad, es desconocimiento, y el desconocimiento no es culpa de nadie: nadie lo sabe todo. Ocurre lo mismo con las personas con discapacidad. Hay quien dice "discapacitado", palabra que borra a la persona y que responde a una lógica capacitista, y sin embargo casi siempre se dice por ignorancia y no por inquina.
Lo digo con conocimiento de causa. Cuando llegué al @insorcolombia, en 2013, como asesor de la dirección general, dije en una reunión "sordomudo". Lo dije porque así hablaba el Código Civil, con un término que hoy resulta impreciso en términos legales, convencionales y constitucionales. Medio instituto me cayó encima, y con razón. No quiero imaginar el revuelo si en ese momento yo hubiera sido el director general. Aprendí ese día algo que no estaba en ningún manual; el lenguaje jurídico también envejece, y quien trabaja en estas materias tiene el deber de mantenerse al día.
Por eso entiendo lo que hoy ocurre y no juzgo a quien se equivoca. No calificaría de penosa la actuación del @ICBFColombia, institución que conozco y respeto, porque señalar un error de técnica no es lo mismo que faltar al respeto. Reitero, además, mi reconocimiento a la trayectoria de su nueva Directora General, la Dra. @carorestrepocan, y el respeto que merece en el ejercicio de su cargo. El irrespeto no se justifica, venga de donde venga.
Finalmente, estimado, espero que estas líneas despejen sus inquietudes. Las ofrezco con el mismo espíritu con que asumo el oficio de enseñar, que nunca ha sido el de descalificar. Cierro con lo que este debate nacional nos permite recordar; la mención jurídica de las niñas, como parte del lenguaje que precisa quién es sujeto de derechos frente al Estado, quedó resuelta hace veinte años en sede constitucional. Reabrir esa discusión no tiene justificación alguna. Un saludo.
🇫🇷 Perdimos
🏴 Perdimos
🇲🇦 Perdimos
🇩🇪 Perdimos
🇨🇭 Perdimos
🇧🇷 Perdimos
🇺🇾 Perdimos
🇨🇴 GRACIAS GUERREROS
🇦🇷 Todo fue muy raro no? Los jugadores, las energías, las vibras... muy extraño 🤔
Despertar y percatarnos que se nos fue entre los dedos ese paréntesis feliz que nos mantenía lejos del pantano de esta gazapera política. Qué cansancio siempre, pero hoy un poquito más.
Toma 3
Hay q ir pensando en un DT moderno q use bien a la nueva generación, que existe, con la intensidad, velocidad, técnica, integralidad, pelota parada, juego físico y mentalidad campeona q exige la elite. Ya no más club de amigos y jugadores q cumplieron su ciclo sin ganar nada!
Un soldado israelí arroja una bomba dentro de un coche con una familia palestina con sus hijos, uno de los cuales quedó ciego permanente.
El sadismo y la psicopatía en distintos grados son inherentes a todo colono, y se intensifican cuando perciben que van a finalizar sus privilegios basados en el crimen y la impunidad.
En lo posible eviten las pastillas.
Si te diagnostican con hipertensión, cambia tu estilo de vida.
Si te diagnostican con diabetes, cambia tu estilo de vida.
Si te diagnostican con "cáncer", cambia tu estilo de vida.
La efermedad tiene un sabio propósito, te indica que estás yendo por camino erróneo y te invita, con dolor, a cambiar de vida.
"A la sabiduría, nunca le hacemos caso, pero al dolor, como le obedecemos".
Mi terapeuta me dijo esto y me impactó: “Sanar es tan difícil porque es una batalla constante entre tu niño interior que está asustado y solo quiere seguridad... tu adolescente interior que está enojado y solo quiere justicia... y tu yo actual, que está cansado y solo quiere paz”.
Para quienes creemos que desde la izquierda es necesario algo de autocrítica, otra visión de por qué se perdieron las elecciones:
MORALINA DE LA IZQUIERDA COLOMBIANA
por Richard Tamayo @melismatik
La izquierda ha perdido las elecciones presidenciales por cuenta de ser incapaz de analizar críticamente su propia moral. Los problemas estratégicos y comunicativos de la Campaña de Cepeda son secundarios a esta cuestión principal: la moral de izquierda colombiana es incapaz de responder cabalmente a las cuestiones ciudadanas contemporáneas y se percibe como incoherente e incluso hipócrita.
La moralina de izquierda, en la medida en que no atañe solamente a unos valores morales sino también a cierta actitud arrogante respecto a quienes no comulgan con ella, le ha hecho un daño gravísimo al proselitismo y la oferta programática necesarios para conectar con la ciudadanía, pero también al ejercicio mismo del gobierno, pues cuando por fin la izquierda logró asegurar posiciones de gobierno, su propia moral orientó decisiones en política pública que resultan incomprensibles para gran parte de la población que se identifica con valores como la libertad, la diversidad y la equidad.
La izquierda colombiana, una vez comenzó a gobernar, no gobernó para “todos” tal y como había prometido, sino para ciertos segmentos idealizados que tuvieron la fortuna de encarnar las propias expectativas fantasmáticas de los burócratas del Partido. Es decir, no se gobernó para los indígenas, sino para el “buen indio”; no se gobernó para los negros, sino para los “negros emancipados que nos gustan”; no se gobernó para los campesinos, sino para los campesinos “que cultivan donde queremos”; y no se gobernó para los pequeños mineros, sino para los que “queremos que dejen de serlo”.
Desde luego, tal distancia entre el “todos” prometido y el “algunos” encarnado, solo podía producir frustración y desconcierto. La clase media no entiende el desprecio del que ha sido víctima por parte del presidente Petro y los pescadores del Atrato no comprenden porqué deben reconvertir sus actividades ancestrales. En ambos casos, no se trata del “Establecimiento” ni de “élites nepotistas”, sino de personas comunes y corrientes que aspiran a tener una vida mejor, pero que no logran comprender por qué razón sus identidades y deseos resultan ilegítimos e indeseables para la pequeña burocracia y los ideólogos del Partido.
Permítanme caricaturizar esta cuestión: ¿de cuándo acá resultó sospechoso e indignante que un joven mestizo, creyente y heterosexual desee endeudarse para estudiar su posgrado en administración en una universidad extranjera? ¿Por qué este sueño no tiene cabida en la política pública educativa que ofrece la izquierda? ¿Por qué sus sueños deben condescender a la fantasía del joven perfecto de izquierda? ¿Por qué debe adecuar sus expectativas al ideal popular que pregona MinEducación?
Es una caricatura, repito, pero es justamente este tipo de jóvenes el que ha encontrado en la derecha abelardista un lugar para ejercer su deseo. Obviamente ya escucho el coro de deconstruidos que dirá que estos jóvenes están colonizados y ebrios de capitalismo, pero no encuentro ningún motivo para pensar que alguien que desee estudiar en una universidad privada es un “fascista” solo por desear esto. La satanización de la educación privada es incomprensible para las clases medias. Y el necesario fortalecimiento de la educación pública no puede significar vilipendiar a la privada ni obligar a que las aspiraciones de una parte de la población se plieguen a la sabia regla de la política emancipadora de izquierda.
Esta caricatura muestra bien algo aún más grave: si no “todas” las identidades son válidas en la política pública de izquierda, ¿por qué se vende en términos de universalidad, diversidad y, peor aún, de libertad? Es aquí donde la derecha libertaria logró conectar muy bien con la clase media y el evangelismo. No porque ellos sean “conservadores”, sino porque también desean ser libres. Libres según su criterio, que no siempre implica ser fascistas. Libres de comprar la casa NO-VIS con la que han soñado y para la que no encuentran facilidades porque un burócrata de izquierda decidió que ya tienen mucho dinero; libres de creer en algún Jesús sin que por ello sean considerados débiles mentales o policías del género.
Para ellos, la derecha tiene una oferta ético-política: tus sueños son válidos y te vamos a ayudar a lograrlos. Mientras la izquierda tiene un reproche: ¿y por qué no sueñas con algo más emancipado, queer y decolonial? El buen militante de izquierda se siente muy anticlerical denostando de las personas creyentes, pero es muy sacerdotal a la hora de predicar cómo debe comportarse el “buen revolucionario”. Y ni los jóvenes ni los viejos están particularmente abiertos a que alguien les dé cátedra acerca de cómo ser almas perfectas.
Y esto no solo lleva al fracaso de las políticas públicas con los pequeños mineros del Bajo Cauca o los campesinos que cultivan coca en el Putumayo. El doble fracaso en las elecciones locales y presidenciales en Bogotá muestra que la moralina de izquierda resulta incómoda incluso en Engativá. 400 mil votos se perdieron en la capital, más que suficientes para ganar la elección. Hoy la izquierda está sufriendo el impacto de una curiosa paradoja: trabaja por sacar a la gente de la pobreza, pero cuando los lleva a la clase media se olvida de ella. Y la tendencia se replica en Medellín, Cali, Barranquilla y Bucaramanga. Ciudades en las que las aspiraciones de una creciente clase media solo encuentran eco en los discursos de emprendimiento (incluso criminal) que encarna Abelardo ¿Será cierto que la izquierda solo se siente cómoda con una clase media precarizada como lo pregona cierto sector de la derecha? ¿Por qué la izquierda le cedió el discurso y las políticas de emprendimiento a la derecha?
Si la campaña de Cepeda fue tan gris no fue solamente por una cuestión de “formato” o de “retórica”, sino porque el mensaje y los valores a comunicar también lo fueron. TikTok es la red social que es porque expresa un universo de aspiraciones, no porque la gente haga bailecitos tontos. Y la campaña nunca dialogó con estas aspiraciones, solo se contentó con emular torpemente las coreografías. Por esto también fue una campaña triste, lejos de los afectos alegres necesarios para inspirar y movilizar a la juventud.
Si la izquierda no comienza a hacer un ejercicio crítico de sus prejuicios morales respecto a cuestiones como la seguridad, el sector minero-energético, el crédito y la empresa privada, difícilmente volverá al poder. Y la represión o el rechazo violento de estas cuestiones ha demostrado no ser una solución ni eficaz ni inteligente, porque emergen siempre como síntoma. La gente quiere respuestas urgentes a cómo tener un barrio más seguro más allá del manido cuento de las “oportunidades” que se demoran décadas en ser construidas. Y si bien las personas encuentran racional transitar a las energías limpias, no es tan claro por qué eso significa estigmatizar incluso el gas. Por años le dijeron a la gente que el gas era más amigable con el ambiente que la gasolina, pero con Petro resultó que hasta el gas era monstruoso ¿Qué parte de la palabra “transición” resulta tan molesta y produce tanta urticaria a la dirigencia de izquierda? ¿Por qué la transición se convirtió en imposición? Más allá de las cuestiones ideológicas y las vanidades políticas, resulta vergonzoso que hasta la USO se le haya unido a Abelardo, pero es que hoy d��a el establishment de izquierda resulta hostil hasta para los sindicatos…
La debacle de la campaña más “ganable” de la historia de la izquierda colombiana no es producto solamente de una mala comunicación. Hubo problemas estratégicos, organizativos y de gerencia graves que, si se es riguroso, podrían solucionarse para la campaña del próximo año —espero…—… Pero el problema más grave y para el que no veo pronta solución es moral: la izquierda está perdiendo capacidad de adherencia y de empatía porque no ha entendido que el asunto revolucionario más importante en el mundo actual es el DESEO.
Y HOY EL DESEO ESTÁ EN GUERRA. El fascismo lo ha entendido desde hace mucho tiempo: lo fundamental a ser gestionado y producido es el deseo. Y por eso el sionismo y el evangelismo fueron la base deseante y disciplinada del voto de Abelardo. Porque ellos están en modo GUERRA. Llevan décadas preparándose para un Armagedón que sienten en curso y que desean propiciar y acelerar. Ellos están en una guerra del Bien contra el Mal. Y todos los memes y las piezas gráficas que circularon ávidamente en grupos de WhatsApp con imágenes de Cepeda encarnando a Satanás no son una curiosidad de tía soltera, son la munición desesperada de millones de personas que desean poner algo de sí mismas para que el Mal no triunfe sobre el planeta. Ignorar al pentecostalismo que llevó a Bolsonaro y a Trump al poder y que acaba de demostrar en Colombia su enorme poder de movilización es tan ingenuo como soberbio. Pero frente a esta guerra cultural global sobre el deseo a la que nos enfrentamos actualmente, la campaña de Cepeda respondió con una carísima campaña al Senado.
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