—— ¡Siempre es buena hora, bro!
Liberada de fuego alguno, su hábil se extendió hacia su compañero de banco, inocente y jovial.
—— Johnny Storm, ya que no o sabes quién soy. ¿Llevas lentillas para hacerte el guay o has tenido muchísima suerte en la vida?
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𝑞𝑢𝑒𝑚𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑐𝑜𝑠𝑎𝑠. levantó la cabeza casi de inmediato como se retiró el antifaz, fijando confuso sus ojos bicolor en el rubio a su lado.
le echó un vistazo breve al reloj antes de exclamar:
“ ¿¡ a esta hora del día !? ”
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A ver, si lo compara con Galactus . . . pero, bueno, un apaño hará.
Las tiene sacadas en su no-tan-humilde taller. ¿Ve cómo sí que tiene algo de trabajador?
La pregunta ofende, ¿Le sirve estampar dichos coches contra los edificios? Eso ya suena mejor, ¿No?
Que saque las llaves inglesas y los torniquetes y todo eso.
Ah, pero . . . ¿Puede hacer algo más peligroso? Hay que justificar la intervención de la cerilla humana.
También, pero su fuerte es toquetear motores y maquinaria. Se le da de fábula, un día se lo enseña.
Somewhat-kinda, la situación de su pequeño grupillo es algo particular. Y claro que la quiere, aunque esté feo admitirlo.
Pues haciendo de mecánico; no todo podían ser superpoderes y milagros del Altísimo.
¿Le pagan por eso? ¿Los superhéroes trabajan bajo una empresa con contrato y todo? Cojones. ¿Quiere un poco de guerra para que le paguen algo esta semana?
Cómo tunea esos coches.
—— Como todo el mundo aquí.
Johnny lo entonó con profunda frustración, aún indispuesto a aceptar que, en aquel país, parecía no ser nadie.
Debería haberse quedado en su tierra natal y regodearse un poquito más en la fama.
—— No. Estoy quemando cosas. Corre.
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“ no te conozco pero que culo inquieto eres. ”
alcanza a murmurar sin quitarse el antifaz, necesitaba descansar los ojos de la luz por un rato. como no había dormido nada.
“ ¿ estás cocinando algo ? ”
olfateaba, sin disimulo.
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Porque está desesperado.
Pero tiene razón, no debería hacerlo. Es una buena persona y todo lo que sigue.
Así que ocupa asiento por algún lado y se vuelve a entregar a su propio aburrimiento. Pelotitas de fuego danzan sobre las puntas de sus dedos.