hipotética final españa - argentina
gol anulado de oyarzabal por respirar muy fuerte al lado de messi 30 minutos antes
tarjeta amarilla para ferran por ser demasiado guapo
falta de porro por promover el consumo de drogas
tarjeta roja a lamine por negro
Fred Rogers met with a child psychologist every week for 22 years to build his show. She shaped everything: every script, prop, and song. The whole point was to give a child's nervous system time to slow down. In 1984, a single regulatory decision ended all of it.
The psychologist was Dr. Margaret McFarland, who co-founded the Arsenal Family and Children's Center alongside Benjamin Spock and Erik Erikson. She and Rogers understood that the prefrontal cortex in children, the part of the brain that controls impulse, emotion, and attention, takes decades to fully develop. At the start of every episode, Rogers tied his sneakers and changed his sweater while children settled in. Those pauses were intentional, designed to help a child's nervous system shift into a calmer, more focused state.
What ended it had nothing to do with child development science. In 1984, Reagan's FCC chairman Mark Fowler abolished the advertising limits that had protected children's programming from commercial pressure. Toy companies moved within months. Between 1984 and 1985, cartoons tied to toy lines increased by 300%, from a handful of shows to more than 40 animated series. In almost every case, the toy was designed first. The cartoon was built to sell it.
Researchers later put numbers to what parents were already noticing. A 2011 study in Pediatrics from the University of Virginia tested 60 four-year-olds across three groups: one watching SpongeBob, which cuts scene every 11 seconds; one watching a slow PBS show, which cuts scene every 34 seconds; and one drawing. Nine minutes later, all three took tests on attention, impulse control, short-term memory, and problem-solving. The SpongeBob group scored significantly worse across every measure.
In the 1970s, children began watching television around age 4. Research from pediatrician Dimitri Christakis found that by 2009, the average age of first screen exposure had dropped to 4 months, as the content got faster and the audience got younger. Researchers separately found that each additional hour of daily screen time at ages 1 or 3 raised the risk of attention problems at age 7 by 9%.
No, no puedes hablar así de alguien que se mete en una jaula a matarse a golpes contra otro hombre. Estos tipos son muy diferentes al resto de humanos y ya es momento de que los fanboys y peleadores de sofá entiendan.
Ilia hoy fue superado, lo vencieron a él y a su esquina porque este deporte es así, peleó hasta que no pudo más y llegó al descanso destruido sin poder seguir, su cabeza agachada le confirma a su esquina que ya no puede más y paran la pelea correctamente. Un cinturón no vale la vida o el daño permanente de ningún deportista. Se puede opinar sin decir sandeces.
No sé de qué se extraña tanto la gente al ver el dato de participación de Extremadura. Elegir entre una señora que es tonta, un imputado y un montón de candidatos que nadie sabe quiénes son, para que el campo te lo acabe gobernando Europa y tengas menos soberanía que una piedra.
En esto se ha convertido la política actual: impostura, fetiches ideológicos, que provoquen aplausos. Luego, que no se solucione el problema de la vivienda, pues ya tal. “Un día más en la oficina”.
Para empezar, porque el mercado inmobiliario está en manos de “pequeños propietarios” (familias medias), dicho por el Banco de España, y la propiedad no está concentrada. Los fondos de inversión poseen el 8’1% del mercado del alquiler, y a lo sumo llegan al 15% en algunos lugares.
Por tanto, incluso expropiando a todos esos “ricos”, o impidiéndoles la compra mediante impuestos, no se solucionaría nada. Absolutamente nada. El problema es que falta muchísima vivienda social: España gasta 34 euros al año por ciudadano, frente a los más de 300 en Irlanda, Francia o Dinamarca.
Segundo, un estudio hecho en Países Bajos concluyó que impedir la adquisición de vivienda para alquilar no era la solución esperada: mientras que no provocó una disminución significativa en los precios de venta, sí produjo un incremento en los precios del alquiler y una menor accesibilidad al mercado de arrendamiento para jóvenes, migrantes y hogares de menores ingresos.
Tercero, porque ayer @gabrielrufian también adviertió del discurso de Carlos H. Quero (Vox). Y mientras tanto, ERC sigue apoyando en Madrid medidas que no se sustentan en datos, o directamente estériles. La receta “estrella”, controlar precios, ha expulsado oferta en Barcelona: la ha enviado al mercado de alquiler temporal (precios cada vez más desorbitados), y menos gente ha podido alquilar (caída de contratos).
En resumen: se aplican cuatro parches ineficaces, pero eso sí, “que viene la ultraderecha”. Qué útil está siendo Vox para enmascarar ineficacia política bajo el manto de la polarización: “Lo otro siempre será peor”.
A photographer in southern Spain captured what is believed to be the first-ever white Iberian lynx, a leucistic big cat so rare it seems almost mythical. Already one of the world’s rarest cats, the Iberian lynx was pulled back from the brink of extinction after its population fell below 100 two decades ago.
¿Saben por qué toda esta gente con baja autoestima es pro-palestina?
Porque es fácil.
Ganas el aplauso fácil. Te sientes todopoderoso en la calle arropado en la multitud idiota.
No arreglas nada, no cambias nada, no mejoras nada, pero te sientes "bueno".
Es fácil.
Es Lo Fácil.
El Gran Wyoming incurre en un error habitual, el de convertir un problema político en un relato moral.
Decir que los inmigrantes son personas como nosotros es una obviedad, pero una obviedad que no resuelve nada.
También lo son los franceses, los rusos o los chinos, y sin embargo los Estados deben gestionar sus llegadas de acuerdo con criterios como soberanía, capacidad económica y cohesión social.
El debate no se resuelve apelando a la compasión ni a metáforas sobre fantasmas, sino preguntándose cuántos entran, en qué condiciones, con qu�� efecto sobre el mercado laboral y sobre la sanidad, la vivienda o la seguridad.
La política empieza cuando se asumen esos límites, no cuando se evaden con sermones sentimentales.
Acusar de sembrar odio a quienes plantean objeciones es otra falacia. El miedo no siempre es irracional. Puede ser perfectamente lógico si se basa en hechos, como la sobrepoblación en barrios concretos, la presión sobre servicios públicos o las diferencias salariales que alimentan la precariedad.
Ignorar estos datos bajo la etiqueta del odio es una forma de censurar el debate real.
Tampoco se puede presentar la regularización masiva como un acto de bondad o una obligación moral.
Es, en todo caso, una decisión de poder del Estado. Cuando Felipe González, Aznar o Zapatero llevaron a cabo regularizaciones extraordinarias no lo hicieron por filantropía, sino para legalizar mano de obra, aliviar tensiones en la economía sumergida o ganar apoyos políticos, teniendo en cuenta que estos movimientos de personas siempre benefician al gran capital
Confundir esto con un deber universal es simple propaganda.
Y lo mismo ocurre con frases como vivimos en un sistema injusto y obsoleto. ¿De qué sistema hablamos? ¿Del capitalismo global? ¿De la Unión Europea? ¿Del Estado español? Esta vaguedad no aclara nada, solo sirve para agitar emociones en un mitin.
El núcleo del problema es la soberanía. Un Estado debe decidir quién entra, bajo qué condiciones y con qué finalidad.
Si no lo hace, si delega su control a otros o si lo sustituye por discursos moralizantes, acaba perdiendo su propia consistencia política.
Y un Estado que no controla sus fronteras ni su población no es un Estado justo ni injusto, es un Estado en vías de disolución.
Cuando un gamer hace comentarios sobre los impuestos, está radicalizando a tus pobres hijos.⚠️
Cuando la Sexta pone a un politoleg del PSC dando la alerta antifascista con los videojuegos… Está haciendo la ciencia politológica neutral y experta.😇
Nos han metido en un bucle de polarización ideológica tal que el país literalmente se cae a pedazos como una mansión en ruinas y la gente se niega a verlo. Día sí día también presenciando espectáculos propios de un país subdesarrollado.