Quizá por eso, lo que para un mexicano puede sonars demasiado serio o seguro, para un argentino es simplemente una conversación normal.
Convivir entre ambas culturas me ha enseñado que muchas veces no entendemos mal a las personas; solo las estamos leyendo con el lente equivocad
Como mexicano-argentino, siempre me ha llamado la atención cómo interpretamos las diferencias culturales.
En México crecimos aprendiendo a suavizar nuestras palabras. Decimos “creo”, “a lo mejor” o “si no es molestia”, incluso cuando estamos convencidos de algo.
expresarse de otra manera.
Ninguna forma es mejor que la otra. Son códigos culturales distintos.
El problema es que solemos interpretar a los demás con el manual de nuestra propia cultura.
La cortesía forma parte de nuestra identidad.
En Argentina, en cambio, es más común hablar con franqueza y seguridad. También es habitual expresar las metas con convicción: “lo voy a lograr”.
No necesariamente porque sea más fácil, sino porque culturalmente la confianza suele
Hay temporadas para sembrar.
Y hay temporadas para cosechar.
Hoy me toca sembrar.
Con la esperanza de que algún día pueda disfrutar, con más calma, el tiempo con mi familia, mis amigos y conmigo mismo.
Todavía estás a tiempo.
Haz que el día de hoy cuente.
Y el de mañana también.
Para que, cuando llegue el último… el 27,394
Puedas mirar atrás, sonreír y decir:
“Valió la pena.”
Tic… tac. ⏳
¿Qué harías si supieras exactamente cuántos días tienes para vivir?
No lo sabes.
Pero estadísticamente, si eres mexicano, la respuesta es aproximadamente 27,394 días (75 años).
Ahora vuelve a pensar cómo usaste el día de hoy.🧵
Lo mismo aplica contigo.
Cada vez que aceptas una reunión sin propósito.
Cada vez que procrastinas.
Cada vez que cambias un día de tu vida por algo que ni siquiera recuerdas una semana después.
Estás gastando un recurso que nunca volverá.
Desde ese día dejé de decir:
“¿Tienes cinco minutos?”
Porque entendí que no estaba pidiendo cinco minutos.
Estaba pidiendo cinco minutos de una vida que es limitada.
Y eso merece respeto.
Fue entonces cuando entendí algo que jamás había visto de esa manera:
Cuando le pides tiempo a alguien, en realidad le estás pidiendo una parte de su vida.
No una hora.
No una tarde.
Una fracción de algo que nunca podrá recuperar.
Y esos 27,394 días ni siquiera son completamente tuyos.
Aproximadamente pasarás:
9,131 durmiendo.
3,285 trabajando.
1,734 comiendo.
1,150 trasladándote.
1,387 estudiando.
De pronto, 27,394 ya no parecen tantos.