ESTE MENSAJE PUEDE METERME EN LÍO … PERO ¡QUÉ RAYOS! Hice mi plan de lectura y Dios me habló.
Éxodo 5–7 no es solo el inicio de las famosas plagas qué ocurrieron en Egipto. Es el choque frontal entre dos reinos. El reino del poder humano que se cree eterno y el reino del Dios vivo que irrumpe en la historia para liberar a los oprimidos. Faraón no era solo un gobernante, en la cosmovisión egipcia, Faraón era un dios encarnado. Su palabra era ley, su sistema era incuestionable, su poder parecía absoluto. Por eso, cuando Moisés dice: “Así dice Jehová: Deja ir a mi pueblo”, no está pidiendo un favor; está desafiando el corazón mismo del sistema. Política pura, para esos “cristanoides” que dicen que los cristianos no nos metemos en política, CIERREN LA BOCA, ¡SERPIENTES!
La primera reacción del poder opresor siempre es la misma, endurecer más la carga. Éxodo 5 muestra a Faraón aumentando el trabajo, quitando la paja, exigiendo los mismos resultados. El mensaje es claro: “Si Dios habla, yo aprieto más”. El sistema nunca escucha el clamor; responde con más control. Y algo importante, al inicio, los hechiceros egipcios imitan las señales. La vara se convierte en serpiente, el agua en sangre… pero siempre hay un detalle descomunal: Ellos pueden imitar, pero no pueden revertir. Ellos pueden copiar el daño, pero no traer vida. Hasta que llega el momento clave: “La vara de Aarón se tragó las varas de ellos.” (Éxodo 7:12) Ese versículo debería temblar en cualquier palacio, ministerio o despacho de poder. No dice que Dios discutió con ellos; dice que los absorbió. El poder de Dios no compite, consume.
El Nilo en sangre fue un golpe directo al corazón de la cultura. El Nilo no era solo un río. Era la fuente de vida, la economía, la agricultura, la religión. Era adorado como un dios, investiguen y lo verán. Egipto no decía “confiamos en el Nilo”, vivía del Nilo. Cuando Dios convierte el Nilo en sangre, el mensaje es brutalmente claro: “Eso que tú adoras no puede salvarte”. “La fuente que te sostiene también está bajo mi autoridad”. No fue solo una plaga; fue una desmitificación del sistema. Dios estaba diciendo: “Yo gobierno incluso aquello que ustedes llaman intocable”.
Ahora vamos a contextualizar el pasaje: Cuba también tiene sus Nilos. Sistemas, discursos, ideologías, figuras, estructuras que se presentan como salvación. Promesas repetidas durante más de medio siglo. Un poder que se autoprotege, que no escucha el clamor del pueblo, que responde a la escasez con más control, a la queja con represión, y a la verdad con silencio. Como en Egipto, cuando Dios comienza a hablar, el sistema no se arrepiente, se endurece. Y ojo, los hechiceros siguen ahí. Los propagandistas, los maquilladores de la realidad, los que imitan señales, estadísticas, relatos… Pero no pueden traer libertad. Solo saben producir más confusión.
Este mensaje no es solo para el pueblo. Es también para los gobernantes, para los que toman decisiones desde escritorios cómodos mientras el pueblo está llorando. Dios sigue oyendo el clamor de los esclavos. Dios sigue entrando en la historia. Y ningún sistema, por más blindado que parezca, resiste cuando Dios decide glorificarse. La lectura del Plan Bíblico para hoy nos enseña algo incómodo pero cargadito de esperanza: La liberación no empieza cuando Faraón quiere… empieza cuando Dios habla. Y cuando Dios habla, tarde o temprano, las varas humanas terminan siendo tragadas, los ríos falsos se convierten en sangre, y los imperios descubren que no eran dioses… solo hombres con poder prestado. Que tenga oídos para oír, el que gobierna; y esperanza firme, el que sufre.
David Espinosa Martínez @DavidSiloetano
“Regocíjense y alégrense en Ti todos los que te buscan; Que digan continuamente: «¡Engrandecido sea Dios!», Los que aman Tu salvación”.
— Salmos 70:4 (NBLA)
“La iglesia de Cristo, en todo su complejo servicio al mundo, nunca puede olvidar que su preocupación principal es llamar a los hombres y prepararlos para la vida eterna”.
— Geerhardus Vos
“Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu”.
— Romanos 8:5 (NBLA)