Si alguien evita las conversaciones difíciles, evita la conexión real. Las relaciones no se rompen por la honestidad, se rompen por el silencio. Se rompen por fingir que todo está bien. La vulnerabilidad no destruye el amor. La evasión sí.
Decepcionar, fallar o cometer errores con alguien es algo que forma parte de las relaciones. Y el problema no es hacerle daño al otro, sino ser consciente y no responsabilizarte por no sostener el malestar que conlleva asumirlo y, por tanto, cambiar tu conducta. Que todo el mundo se equivoca, pero no todo el mundo está dispuesto a hacerse cargo con el esfuerzo que eso supone. Aquí la gran diferencia. Y el peligro