@EMCALIoficial@AlcaldiaDeCali Por favor entiendo la situación de la ciudad es muy difícil pero por favor dennos una respuesta, ya no hay agua en los supermercados y son más de 33 horas sin agua.
Gracias al más de un millón y medio de colombianos que nos acompañaron en este sueño con el propósito de salvar a Colombia del odio y la polarización. Hoy quiero decirles que aquí no se trata de escoger entre candidatos, sino de impedir que nuestra democracia caiga por el abismo al que nos quieren llevar @petrogustavo y @IvanCepedaCast .
Uribe no se quemó
Por Carolina Restrepo Cañavera
Decir que Uribe “se quemó” es una frase fácil. Y las frases fáciles sirven generalmente para no pensar.
Uribe no se puso de número 25 por ingenuidad, ni por vanidad.
Se puso ahí sabiendo perfectamente lo que hacía.
Sabía que no era una apuesta menor. Sabía, incluso, que muchos estaban esperando ese resultado para decretar, con la ligereza de siempre, su final político. Y aun así se puso ahí.
Eso ya dice mucho.
Pero dice todavía más lo que vino después.
Porque mientras tantos opinan desde la comodidad del comentario rápido, Uribe volvió a hacer algo que muy pocos en Colombia serían capaces de hacer a su edad, con su historia, con sus cargas y con todo lo que le han puesto encima: recorrer el país entero.
No a media marcha. No para cumplir. No para dejarse ver. Lo recorrió con alegría, con sonrisa, con disciplina, con palabra amable, con una devoción conmovedora por la gente y por Colombia.
Yo lo vi.
Y justamente por haberlo visto me produce desprecio intelectual escuchar esa tontería de que “Uribe se quemó”. No. Lo que pasa es que hay quienes siguen sin entender de qué está hecho ese hombre.
Yo estuve ahí. Vi el ritmo. Vi el desgaste. Vi la intensidad de esos días. Y puedo decir algo que para mí vale más que cualquier análisis de escritorio: cuando yo me sentía cansada, verlo a él me daba hasta pena sentir cansancio. Porque él seguía. Seguía con energía. Seguía con afecto. Seguía con una cortesía intacta. Seguía saludando, oyendo, alentando. Seguía como si el cuerpo no tuviera derecho a reclamarle nada, porque por encima del cuerpo estaba la causa.
Y eso no es normal.
No es normal en un país lleno de políticos que a la primera dificultad se victimizan, se esconden o negocian su entusiasmo.
No es normal en una época en la que tantos entienden la política como cálculo, marketing o capricho personal.
No es normal ver a un hombre con ese nivel de recorrido, de desgaste y de persecución encima, volver a pararse frente al país con entereza, con serenidad y con amor.
Sí, amor.
Porque aquí hay una palabra que a muchos les incomoda, quizá porque les resulta demasiado grande para el cinismo en el que viven. Pero lo que yo vi fue amor por Colombia. Un amor real. No discursivo. No impostado. No escrito por consultor. Amor del que se vuelve trabajo, presencia, sacrificio y entrega.
Por eso la imagen correcta no es la de un hombre que se quemó. Es la de un ave Fénix.
A Uribe han querido volverlo ceniza durante años. Lo han perseguido judicialmente, lo han caricaturizado moralmente, lo han convertido en el blanco favorito de todos los resentimientos, y aun así ahí está. No disminuido. No arrinconado. No pidiendo compasión. De pie. De nuevo recorriendo el país. De nuevo despertando lealtades. De nuevo cargando una causa sobre los hombros. De nuevo siendo, para bien o para rabia de muchos, el gran punto de gravedad de una parte fundamental de Colombia.
Y la prueba está ahí.
Miren dónde está hoy el Centro Democrático.
Miren cómo volvió a levantar cabeza.
Miren cómo volvió a tener pulso.
Miren cómo volvió a convocar.
Miren cómo volvió a pararse con fuerza real en el escenario político.
Eso no pasó solo.
Eso no fue espontáneo.
Eso no fue una casualidad estadística.
Eso tuvo detrás a un hombre que, en lugar de retirarse a administrar su legado, decidió volver a poner el cuerpo, la voz, el tiempo y el alma por una idea de país.
De manera que no. Uribe no se quemó.
Uribe renació.
Y renació, además, en el lugar más difícil: entre las cenizas que tantos se empeñaron en fabricarle.
Renació más sereno, más hondo, más admirable. Renació como renacen los que no dependen de un cargo para existir, porque ya habitan en algo mucho más fuerte, en la memoria política, en la gratitud de millones y en la convicción de quienes todavía saben reconocer la estatura cuando la ven.
Decir que se quemó es no entender nada.
O peor, entenderlo todo y no soportarlo.
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Las potentes armas empleadas en la guerra actual amenazan con llevarnos a una barbarie superior a la de los tiempos pasados. En nombre de la dignidad humana y del derecho internacional, repito a los responsables lo que decía el papa Francisco: ¡la guerra es siempre una derrota! Y afirmo con Pío XII: «Nada se pierde con la paz, todo puede perderse con la guerra».
@EMCALIoficial En la Campiña sin agua todo eso día, a qué horas se restablece el servicio. Y Por favor anuncien antes de quitarla. Del mismo modo esta Santa Mónica residencial, el hogar de abuelitos todo el día sin agua
Esta psicóloga y autora de 'Mi hijo me cae mal' reconoce que para muchos padres y madres es difícil admitir que sienten que no les gusta alguno de sus hijos. Para desahogarse y reparar los vínculos dañados, la experta hace unas recomendaciones https://t.co/JnuHioTCDt
Hace unos días vi una belleza de documental en Netflix "100 días con la tata", me dejó una gran enseñanza: el tiempo no perdona y debemos ser agradecidos con las personas que nos han brindado su cariño.
Si tienen oportunidad véanla, se las recomiendo mucho, no se arrepentirán!!
Maravilloso documental. El amor incondicional, vivir la vida a plenitud desde lo que para cada uno de sus protagonistas eso significa. Miro a mi madre a sus 85 años siento su amor infinito y su sabiduría y entiendo como mi madre y como la tata son hermosas seres de luz ❤️
Vi ‘100 días con la Tata’ y escribí esta reseña. Más allá de las autoreferencias del director a su carrera es una hermosa historia de amor entre un nieto y una abuela.
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