Padre de dos, venezolano, abogado, administrador de su economía, estudiante de la vida, constructor, diseñador, mecánico, electricista, carpintero. etc.
LA PURA VERDAD
El juez miró al hombre que había disparado contra el presidente egipcio Anwar Sadat y le preguntó con calma:
— ¿Por qué lo mataste?
— Porque era seglar —respondió el asesino.
El juez frunció el ceño.
— ¿Qué significa “seglar”?
El hombre dudó un segundo.
— No lo sé.
En otro juicio, el acusado había intentado asesinar al escritor Naguib Mahfouz.
— ¿Por qué lo apuñalaste? —preguntó el juez.
— Porque escribió una novela contra la religión.
— ¿La leíste?
— No.
En una tercera sala, otro hombre enfrentaba cargos por asesinar al intelectual Farag Fouda.
— ¿Por qué lo mataste?
— Porque no tenía fe.
— ¿Cómo lo sabes?
— Está en sus libros.
— ¿En cuál?
Silencio.
— No lo sé. No los he leído.
— ¿Por qué no los leíste?
El hombre bajó la cabeza.
— No sé leer ni escribir.
En los tres casos, el patrón era el mismo.
Se mataba por ideas que no se entendían.
Se condenaba por palabras que no se habían leído.
Se odiaba por conceptos que no se sabían definir.
No era convicción.
Era repetición.
No era fe.
Era eco.
No era certeza.
Era obediencia ciega.
La violencia no nació del pensamiento. Nació de la ausencia de él.
El odio no se propaga a través del conocimiento.
Se propaga donde el conocimiento no llega.
Y cada vez que una sociedad renuncia a educar, no crea ignorantes.
Crea armas humanas que no saben por qué disparan, pero están dispuestas a hacerlo.
Ese es el precio invisible de la ignorancia.
Y siempre lo paga alguien que no hizo nada para merecerlo
Angélica es una niña de 8 años que vive en Chabasquén, Edo. #Portuguesa, no la conozco pero me sumo a su campaña.
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𝗧𝗿𝗮𝗻𝘀𝗳𝗲𝗿𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮
𝐁𝐚𝐧𝐜𝐨 𝐝𝐞 𝐕𝐞𝐧𝐞𝐳𝐮𝐞𝐥𝐚
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( Yolanda Navarrete)
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Guayaba con papelón
Esta mañana un vigilante me pidió que por favor le comprara algo para comer, porque no lo hacía desde el desayuno de ayer y se sentía muy mareado. Volví sobre mis pasos y compré unas empanadas de esas que ya no pago para mí, porque sus costos reflejan el prodigio que suman: aceite, harina de maíz y a estas alturas, cualquier relleno. Pedí específicamente el jugo más dulce que tuvieran y apareció el vaso oliendo a guayaba, sin pitillo, porque desde hace mucho tiempo no tienen.
Cuando el hambre le gana a la vergüenza, y un hombre llora por un par de empanadas, se te mueven muchas emociones. Sacó una y envolvió la otra, primero en la bolsita de papel marrón y luego en la de plástico. Sin empezar a morder la empanada que tenía en la mano, sobó el empaque diciendo: "Para la noche, muchas gracias". Lloraba antes de morder y después de hacerlo. Trataba de hablar, pero solo complicaba la escena, porque se aceleraba el llanto y entre lágrimas, jadeos, mocos y bocados, se ahogaba por varias razones a la vez.
Las palabras no siempre interrumpen la tristeza, pero igual intenté distraerlo hablándole de mis sobrinos, de mi trabajo y la cola del domingo.
Más sereno, él habló de la prioridad que para comer tienen sus hijos, del trato casi intuitivo que hizo con su esposa para que así sea y por eso es que ambos están comiendo mucho menos, pero eso de hacer del insomnio un hábito demanda otras energías y esta mañana supo que si no comía, se desmayaría; se envalentonó y me pidió el favor. Ninguna servilleta debería servir de pañuelo a un trabajador porque no puede pagarse la comida que necesita.
A pesar de esto, él piensa con prospectiva y ha ido comprando algunos útiles escolares y habló con una prima, cuyos hijos tienen exactamente un año más que los suyos, para que le guardara sus libros y alguna ropa porque: “Ella lava que ni mi mamá".
Me conmovió la ternura al hablar de sus hijos. Se las resumo con esta frase: "Si los parimos, fue para cuidarlos y protegerlos". Es la primera vez que escucho a un hombre hablar del parto en plural. Al llegar a mi oficina, resumí esta historia en tres tuits, con toda la indignación que me produjo, y sin medir el peso de mis palabras, le menté la madre a Nicolás cuatro veces seguidas. Varios regaños después, opté por borrarlos, por volver a la sindéresis y seguir apostando a la reflexión antes que a la ira.
Sé que vienen días más duros, que escuchar su testimonio fue más importante que comprarle algo de comida, que nos veremos distinto, que es un papá más entre millones de venezolanos que atraviesan las mismas circunstancias. "Uy, tiene papelón, qué sabroso", dijo al sorber el jugo, muy despacio, como hacemos todos para que algo no acabe.
Caracas, 25 de mayo de 2016.
#TenemosMemoria
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🧵 Hay algo del caso de Víctor Quero que no me deja en paz.
Y no, no es solamente la muerte.
Es todo lo que vino después.
Porque mientras una madre de más de 80 años recorría cárceles, fiscalías y tribunales buscando respuestas… el Estado ya sabía que su hijo estaba muerto.
Y aun así le siguieron mintiendo.
Eso no puede pasar normal. No puede convertirse en otra noticia más que la gente lee, se indigna cinco minutos y después olvida, porque aquí no estamos hablando de un “error administrativo”, como seguramente algunos intentarán vender.
Aquí hubo demasiada gente callando al mismo tiempo.
Demasiada gente moviendo papeles.
Demasiada gente negando información.
Demasiada gente sosteniendo una mentira.
Y eso es justamente lo que más me perturba de este caso.
Porque para que una persona desaparezca durante meses no basta un funcionario.
Hace falta toda una maquinaria funcionando.
✔️Alguien se lo llevó.
✔️Alguien recibió el expediente.
✔️Alguien negó información.
✔️Alguien mantuvo abierto un proceso judicial.
✔️Alguien registró un fallecimiento.
✔️Alguien enterró el cuerpo.
Y aun así, meses después, organismos oficiales seguían diciéndole a Carmen Navas que su hijo estaba en El Rodeo.
Piénsenlo bien un segundo.
Según la propia versión oficial, Víctor murió el 24 de julio de 2025.
Pero en octubre todavía le decían a la madre que estaba recluido.
O sea… mientras ella lo buscaba vivo, el Estado ya lo había enterrado.
Y honestamente, mientras más uno piensa en eso, más monstruoso se vuelve.
Porque esto ya no es solamente la tragedia de una familia.
Esto habla de algo mucho más oscuro: la normalización de la crueldad burocrática.
Ese mecanismo frío donde nadie responde, nadie sabe nada, nadie firma nada, pero al final todos participaron un poquito.
Y así es como terminan desapareciendo personas dentro de sistemas completos.
Lo más duro del caso Víctor Quero no es solamente la muerte bajo custodia.
Es la sensación de que después vino una maquinaria entera dedicada al ocultamiento.
Como si el expediente importara más que la vida humana.
Como si lo verdaderamente urgente fuera sostener la ficción.
Porque incluso muerto, Víctor seguía atrapado dentro del sistema.
Y mientras tanto, una madre anciana iba de oficina en oficina rogando respuestas.
Hasta la imagen final parece sacada de un país roto:
una tumba sin lápida.
Una hoja de papel.
Una fecha dudosa.
Silencio.
Así termina un ciudadano cuando un Estado pierde completamente el límite moral.
Reducido a un trámite.
Y por eso este caso no puede quedarse solamente en indignación momentánea.
Porque cuando todo esto pasa y nadie responde, el mensaje que queda es aterrador: que en Venezuela alguien puede desaparecer física, legal y administrativamente… y que al final no pase nada.
Por eso hay que seguir hablando del caso. Hay que seguir nombrándolo. Hay que seguir señalando responsabilidades.
Porque aquí no hubo un solo culpable.
Hubo una cadena completa.
Y mientras más se revisa el caso… más nombres empiezan a aparecer.
#LosHilosDeMelania
¡Qué magnífica lección de humanidad y dignidad da aquí Reza Pahlevi a toda la mafia mediática progre de Europa!
Dice:
"Quiero hablar DIRECTAMENTE con la gente de Europa. En las últimas dos semanas he dado dos conferencias de prensa, una en Estocolmo, otra en Berlín. Más de 150 periodistas se presentaron. Pasamos más de dos horas con ellos… ¿Y adivinen qué?
NI UN SOLO de esos 150 periodistas preguntó por los 40.000 valientes iraníes masacrados en las calles de mi país el 8 y 9 de enero!
NADIE preguntó por los 19 presos políticos ejecutados en las últimas dos semanas. Cuando les dije que 20 más están condenados a muerte —SILENCIO ABSOLUTO.
Ni una maldita pregunta. Tenía al lado a una madre y un padre en duelo que perdieron a sus hijos en esa masacre y les supliqué que escucharan sus historias…
Ni uno solo de esos 150 periodistas les preguntó nada. Que eso cale hondo. Mis 40.000 valientes compatriotas inocentes que fueron masacrados luchando por la libertad.
No les importa un carajo. Están demasiado ocupados criticando a Estados Unidos e Israel por eliminar al dictador que ha estado masacrando a nuestra gente durante 47 AÑOS —en lugar de ir tras el régimen que perpetra las matanzas!
Hoy decidí sonreír… aunque la vida me ponga retos todos los días. 🙂✨
Hay días en los que el cuerpo se cansa antes que el corazón. Y cuando dependes de ayuda para moverte, lo “simple” se vuelve difícil: una banqueta rota, una subida, la sensación de estar esperando siempre. 🧡🛞
Mi madre me llamó 17 veces esa noche.
Yo estaba ocupado.
Tengo 29.
Ella 58.
No era urgente.
Eso pensé.
Estaba en una reunión.
Luego en el gimnasio.
Después salí con amigos.
—Luego la llamo —dije.
No llamé.
A las 11:43 pm entró otro mensaje.
“Cuando puedas, hijo.”
Nada más.
Sin drama.
Sin reclamos.
Al día siguiente desperté tarde.
Tenía 4 llamadas perdidas de un número desconocido.
Era el hospital.
—Su madre ingresó anoche —dijo una voz tranquila.
Sentí un vacío en el estómago.
—¿Está bien?
Silencio breve.
—Llegó sola. Dijo que no quería molestar a su hijo.
Manejé sin sentir las manos.
La encontré en una camilla.
Con oxígeno.
Con los ojos cerrados.
Cuando me vio, sonrió.
—Estabas ocupado —susurró.
Quise explicarle.
Quise justificarme.
Quise mentir.
No pude.
Me tomó la mano.
—Tranquilo. Ya pasó.
Eso dolió más que cualquier reclamo.
Se recuperó.
Volvió a casa.
Pero algo cambió en mí.
Esa noche revisé mi historial de llamadas.
Durante años, siempre era ella quien llamaba primero.
Siempre era ella quien insistía.
Siempre era ella quien esperaba.
Yo solo respondía cuando podía.
Mientras manejaba de regreso entendí algo que nadie te advierte:
El día que tus padres dejan de llamarte tanto…
no es porque aprendieron a respetar tu espacio.
Es porque aprendieron a vivir sin él.
Y hay silencios que no vuelven a sonar igual.
Hoy alguien volvió a decirlo con una sonrisa burlona:
—Tú limpias culos.
No es la primera vez que lo escucho. Y probablemente tampoco será la última.
Esta vez no me quedé callado.
Sí, limpio culos. Pero también hago muchas otras cosas. Lavo cuerpos frágiles, ayudo a vestirse, corto uñas, doy de comer, escucho historias que nadie más tiene tiempo de oír y trato de devolver un poco de dignidad a personas que un día lo dieron todo por los demás.
Hago posible algo que muchos prefieren no mirar: que alguien pueda levantarse, sentirse limpio, acompañado y tratado como un ser humano.
Para algunos es “un trabajo sucio”. Para mí es humanidad.
Es fácil admirar profesiones que dan dinero, poder o prestigio. Lo difícil es reconocer el valor de quienes cuidan cuando la vida se vuelve frágil.
Muchos de los que se burlan nunca han necesitado ayuda para levantarse de una cama o para ir al baño. Pero la vida cambia rápido.
Y cuando llegue el día en que no puedan hacerlo solos, entenderán algo muy simple:
que quien está allí ayudando no es alguien “que limpia”.
Es alguien que sostiene la dignidad de otro ser humano.
Así que sí. Limpio culos.
Y lo hago con respeto, con paciencia… y con orgullo. ❤️
🇲🇽🇨🇺‼️ | Hace días, México envió un cargamento de ayuda humanitaria a Cuba con dos buques militares con casi 1200 toneladas de víveres. Sin embargo, esos alimentos y artículos de higiene personal nunca llegaron a los ciudadanos. De acuerdo a un informe de Azteca Noticias, esa ayuda cayó en manos de distribuidoras vinculadas a militares y los alimentos son vendidos en dólares, confirmando que la ayuda humanitaria pasó a ser un negocio lucrativo. Además, gran parte de lo enviado también fue tomado por tiendas que controlan las FARC.