@elhigadodmarita Es competencia del Dicasterio declarar o imponer sanciones canónicas (cfr. Praedicate Evangelium, 76), la firma de estos decretos tiene que ser del Prefecto en turno porque es de su competencia realizar tal acto.
Parece que muchos en X no escucharon con calma la Homilía del Santo Padre… me encantó!! Habla con claridad en la realidad que tenemos 🙏🏿🙏🏿🙏🏿
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Hay una forma muy cómoda de explicar todos los males de la Iglesia: culpar al Concilio Vaticano II de todo.
Es una explicación sencilla. Demasiado sencilla. Y, precisamente por eso, falsa.
1️⃣ El Concilio Vaticano II no fue una ocurrencia de cuatro eclesiásticos despistados.
Fue un Concilio ecuménico, convocado por San Juan XXIII, continuado por San Pablo VI y recibido por los Papas posteriores.
Se puede criticar su mala aplicación. Se pueden denunciar abusos posteriores. Pero presentar el Concilio como el origen de todos los males de la Iglesia y de España es otra cosa.
2️⃣ Algunos dicen combatir la ruptura posterior al Concilio.
Pero acaban haciendo otra ruptura: leer el Concilio contra la Iglesia que lo convocó, lo aprobó y lo ha recibido durante décadas.
Eso no es fidelidad a la Tradición. Es decidir qué parte del Magisterio cuenta y cuál molesta.
Curioso modo de obedecer: obedecer solo cuando la Iglesia dice lo que yo ya pensaba.
3️⃣ La libertad religiosa no significa que todas las religiones sean iguales ante Dios.
Eso sería relativismo, y la Iglesia no enseña eso.
La Iglesia sigue confesando que Cristo es el único Salvador y que la plenitud de la verdad subsiste en la Iglesia católica.
Pero también enseña que la fe no puede imponerse por presión política.
La fe se propone. Se predica. Se testimonia. Se recibe por gracia.
No se fabrica por decreto.
4️⃣ España no se descristianizó de golpe por un documento conciliar.
La secularización venía de lejos: cambios culturales, sociales, políticos, familiares, educativos y espirituales.
Decir “antes del Concilio todo iba bien y después todo se hundió” puede sonar rotundo, pero no explica la realidad.
5️⃣ Claro que hubo abusos después del Concilio.
Claro que algunos confundieron renovación con mundanización.
Pero una mala aplicación del Concilio no se corrige rechazando el Concilio.
Se corrige leyéndolo con la Iglesia y dentro de la comunión de la Iglesia.
6️⃣ Hay quien confunde Tradición con nostalgia política.
La Tradición es sagrada: la fe recibida de los Apóstoles, custodiada por el Magisterio, celebrada en la liturgia y vivida por los santos.
Otra cosa es convertir una época concreta, con sus luces y sombras, en el molde definitivo de la catolicidad.
7️⃣ Al final, muchos ataques a la Iglesia tienen algo en común, aunque vengan de trincheras opuestas.
Unos la atacan porque les parece demasiado tradicional.
Otros porque les parece demasiado moderna.
Unos dicen que traicionó a Cristo por no adaptarse al mundo.
Otros dicen que traicionó a Cristo por haber celebrado un Concilio ecuménico.
Pero el fondo es parecido: quieren una Iglesia hecha a su medida.
8️⃣ Cuando la Iglesia real no coincide con esa Iglesia imaginaria, entonces la acusan de haberse vendido, de haberse corrompido o de haber dejado de ser Iglesia.
Pero la Iglesia no es propiedad de progresistas, tradicionalistas, nostálgicos ni comentaristas de internet.
La Iglesia es de Cristo.
Y se la sirve permaneciendo dentro de ella con fe, obediencia, amor a la verdad y deseo sincero de santidad.
9️⃣ El progresismo rompe con la Iglesia cuando usa el Concilio como excusa para cambiar la fe.
Pero cierto tradicionalismo también rompe con la Iglesia cuando usa la Tradición como excusa para rechazar el Magisterio vivo.
Son caminos distintos.
Pero los dos terminan en una Iglesia imaginaria hecha a la medida de la propia ideología.
🔟 La verdadera fidelidad no consiste en elegir entre “antes” y “después”.
Consiste en permanecer en la Iglesia.
Con la fe de siempre.
Con amor a la liturgia.
Con obediencia al Magisterio.
Con sentido sobrenatural.
Con deseo de santidad.
Y con la humildad suficiente para no creerse más católico que la Iglesia.
Porque la Iglesia no se reforma con teorías de ruptura, nostalgias o enfados permanentes.
Se reforma con santos.
Y eso es mucho más exigente que echarle la culpa de todo al Concilio.
Me gusta comparar con el número de hijos que antes tenían las familias… y el número que han estado teniendo desde los años 80’s para acá… tendrá alguna incidencia me imagino… podría ser que menos hijos, menos vocaciones… ¿será?…
¿Fraternidad o Iglesia?
A propósito de la decisión de la FSSPX
La reciente negativa de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X a la propuesta presentada desde Roma vuelve a situar el problema en su verdadero lugar: no estamos ante una cuestión estética ni ante una simple discusión litúrgica, sino ante un asunto de comunión eclesial.
Conviene comenzar por lo evidente: la FSSPX no es la Iglesia. Tampoco es una Iglesia paralela. Es una fraternidad sacerdotal fundada por Mons. Marcel Lefebvre en 1970, que desde 1988 vive en una situación canónica irregular tras las consagraciones episcopales realizadas sin mandato pontificio. Aquel acto no fue un simple desacuerdo disciplinar: fue una ruptura objetiva de la comunión jerárquica.
El problema nunca ha sido la validez de la Misa tradicional, que la Iglesia reconoce plenamente, ni tampoco la legítima discusión teológica sobre determinados aspectos del Concilio Vaticano II, que puede darse dentro de la comunión. El núcleo del conflicto es otro: la aceptación efectiva del Magisterio vivo y del principio visible de unidad, que es el Sucesor de Pedro.
La Iglesia no es una federación de sensibilidades, ni una suma de opiniones teológicas que coexisten sin referencia a una autoridad común. Es un Cuerpo visible querido por Cristo, con una estructura jerárquica que no es accidental, sino constitutiva. Cuando una fraternidad se coloca de manera estable en posición de juicio sobre el Magisterio, cuando decide qué parte acepta plenamente y cuál mantiene en suspensión crítica permanente, deja de situarse en la obediencia eclesial y comienza a actuar como instancia paralela de autoridad doctrinal.
Eso no es defensa de la tradición: es una eclesiología insuficiente.
Uno de los argumentos más repetidos consiste en afirmar que se conserva íntegramente la Tradición frente a una Iglesia que, según esa lectura, habría cedido ante la modernidad. Sin embargo, la Tradición no es una fotografía congelada en un momento histórico concreto, sino transmisión viva bajo la guía del Espíritu Santo. La continuidad no es inmovilidad, sino desarrollo orgánico en fidelidad.
Si cada grupo dentro de la Iglesia decide qué enseñanzas del Magisterio actual reconoce como vinculantes y cuáles mantiene bajo sospecha, la comunión deja de ser plena y se convierte en una adhesión selectiva. Y la adhesión selectiva no es el modo católico de vivir la obediencia.
La propuesta vaticana buscaba una integración jurídica estable, no una humillación ni una absorción ideológica. Decir no, una vez más, no fortalece la tradición: la aísla. Porque transmite la idea de que la comunión con el Papa puede quedar subordinada a la propia interpretación teológica.
La Iglesia ha mostrado paciencia, ha concedido facultades para la confesión y para determinados matrimonios por el bien de los fieles, ha tendido la mano en distintas ocasiones. Pero la comunión no puede ser parcial, ni provisional, ni condicionada a que la autoridad suprema confirme previamente todas las propias tesis.
Aquí conviene hablar con claridad: la FSSPX es una fraternidad sacerdotal con sacramentos válidos en muchos casos, pero no es una estructura plenamente integrada en la Iglesia, no tiene estatuto canónico regular, no actúa oficialmente en nombre de la Iglesia, y no representa a la Iglesia. Confundir estos planos genera desconcierto en los fieles, y la confusión nunca ayuda a la vida espiritual.
El drama no es solamente jurídico, es profundamente espiritual: una tradición sin obediencia corre el riesgo de convertirse en ideología, una liturgia sin comunión puede terminar siendo bandera, una crítica constante sin humildad acaba erosionando el sensus Ecclesiae. La historia muestra que las verdaderas reformas en la Iglesia han nacido desde dentro, en obediencia sufrida y fecunda, no desde posiciones estructurales de resistencia permanente.
La Iglesia necesita tradición, necesita liturgia celebrada con dignidad, necesita claridad doctrinal, y necesita sacerdotes firmes en la fe. Pero todo eso lo necesita dentro de la comunión visible, bajo Pedro y con Pedro.
Ojalá llegue el día en que pueda darse una integración plena, sin reservas ni condiciones implícitas: ese día no se perderá identidad, se ganará Iglesia. Y ganar Iglesia es siempre ganar en catolicidad, en fecundidad, y en futuro.
Comienza la Cuaresma. Conviene entender bien qué hacemos y por qué lo hacemos.
1️⃣ La Cuaresma es verdaderamente un tiempo fuerte de gracia. El Catecismo afirma claramente:
«Los tiempos y los días de penitencia a lo largo del año litúrgico (el tiempo de Cuaresma, cada viernes en memoria de la muerte del Señor) son momentos fuertes de la práctica penitencial de la Iglesia» (CEC 1438).
2️⃣ La conversión es esencialmente obra de Dios. El Catecismo enseña expresamente:
«La conversión es ante todo una obra de la gracia de Dios que hace volver a Él nuestros corazones» (CEC 1432).
Sin gracia, el ayuno queda meramente reducido a dieta.
3️⃣ El Miércoles de Ceniza abre tradicionalmente este tiempo. La Iglesia propone visiblemente dos fórmulas bíblicas:
«Conviértete y cree en el Evangelio» (Mc 1,15).
«Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás» (cf. Gn 3,19).
4️⃣ El Código de Derecho Canónico establece claramente:
«En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de Cuaresma» (c. 1250).
5️⃣ Sobre la disciplina concreta dispone expresamente:
«Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que determine la Conferencia Episcopal; el ayuno y la abstinencia se guardarán el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo» (c. 1251).
6️⃣ El mismo Código precisa jurídicamente:
«La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años» (c. 1252).
7️⃣ La práctica comúnmente explicada por la Iglesia consiste concretamente en:
— una sola comida fuerte al día;
— además, dos comidas pequeñas que juntas no equivalgan a otra comida completa.
Ese es estrictamente el mínimo obligatorio.
8️⃣ Pero cumplir externamente no basta. El Catecismo recuerda claramente:
«La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración y la limosna» (CEC 1434).
9️⃣ La Cuaresma nos llama realmente a la conversión interior. Y esa conversión se recibe eficazmente por la gracia, especialmente sacramentalmente en la Penitencia y en la Eucaristía.
🔟 En definitiva, el Miércoles de Ceniza inicia seriamente un combate espiritual esperanzado. Cuarenta días para dejarnos transformar profundamente por Dios.
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