¡Damos por concluida la actividad de hoy! Lamentamos que el final haya sido algo atropellado.
Si bien la situación es evidentemente tensa, parece que han salvado temporalmente el pellejo. Todo dependerá de lo que suceda en el interior de esa mansión durante los próximos días. >
> ellos. Pero, al menos... Parece que tienen vía libre para irse a dormir. Por ahora.
Hay quienes reconocen sus esfuerzos, y hay quienes simplemente tienen miedo. Sin embargo... La presencia del grupo es sólo uno de los problemas de esa finca, y el menos viejo.
No obstante, uno de los hombres armados, asiente en dirección a Víctor y Naim.
"Lo sé. No se preocupen."
La mirada de este hombre se dirigió hacia la anciana, y después hacia Schmaltz.
"Propongo una tregua", afirmó, con un tono sólido y vivaz, audible por toda la sala y >
> la anciana tiembla. Schmaltz calla, impotente.
"Si no se acepta lo que necesitamos, que sepas que somos mayoría, Marvin." La mujer miró a su alrededor. "Todos a la cama. Los nuevos también. Ya veremos qué pasa con vosotros."
Qué situación tan... Caótica. No se aclaran ni >
> ¿De verdad pensabas que podías mantener esto eternamente?"
Le sobran los billetes, pero no las palabras. Schmaltz está pensando con poco éxito, manteniendo el silencio por el momento.
"¡El único enemigo exterior que yo he visto son ustedes!"
Algunas personas de la finca realmente nunca habían salido al exterior. Nunca habían visto ninguna bestia. Eran una minoría, pero el señor que gritó aquello formaba parte de ella.
"No podemos fiarnos de todo el >
> mundo..." Afirmaba una voz algo más asustada.
"No todos ustedes son de fiar, jóvenes. Esto no es un refugio de la ONU." La anciana tomaba la palabra, para después dirigir su mirada a Schmaltz. "Y mucho menos un feudo medieval. La propiedad ya no significa nada, Vincent. >
Si no son bruscos, parece que aún hay opción para el diálogo. Los cañones están en alto, pero aún no han sido disparados.
La anciana atrae bastante atención, y hablar con ella puede no ser mala idea. También hay otros hombres armados rodeándola.
Teniendo en cuenta la situación, parece muy difícil que los supervivientes puedan salir del salón sin ser percibidos. De hecho, cualquier movimiento brusco por su parte es susceptible de ser detectado.
Quizá puedan... Esperar a que la señora mayor se calme o algo.
> desenfundarían sus respectivas armas, causando la misma acción en las personas que rodeaban a la anciana. El más mínimo detonante causaría un fuego cruzado.
La señora mayor, aquella que proclamó las consignas contra los supervivientes y contra Schmaltz, parece estar rodeada de varios residentes que la apoyan. En algunas esquinas del salón hay otras personas más indecisas. Asustadas.
En cualquier caso, la mujer ha sacado una >
> salir de la mansión hasta que no acepte nuestras propuestas.
Vincent se mantiene inmóvil en la entrada del salón, con una expresión digna de ser grabada en una estatua tan fea como la del jardín.
No obstante, la escalada no se detendría. Los escasos apoyos de Schmaltz >
+ Y lo de Schmaltz era cuestión de tiempo.
Varias personas apoyaban verbalmente a la mujer, de avanzada edad, que había pronunciado aquel grito. Era una situación, como mínimo, incómoda.
Las noticias llegaron rápidamente a Vincent, tanto el cadáver de la vaca como el mensaje inscrito en las paredes. Por primera vez, podía verse preocupación en el rostro de aquel hombre. Aunque, por encima de aquello, había cierta ira. Quizá imbuida con miedo.
—Lo sabía. >
> Es decir, en esos momentos, había personas armadas en secreto.
Mientras tanto, en el salón, los murmullos aumentaban de intensidad. Hasta que uno de ellos se convirtió en un clamor. Un grito.
—¡Fuera los nuevos! ¡Fuera Schmaltz!
Estaba claro quiénes eran 'los nuevos'. +